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Reportaje:

San Sebastián estrena hoy el Kursaal de Moneo

San Sebastián inaugura hoy oficialmente el Palacio de Congresos y Auditorio del Kursaal, con un concierto de la soprano Ainhoa Arteta y la Orquesta Sinfónica de Euskadi. El espectacular edificio, diseñado por el arquitecto navarro Rafael Moneo, aproxima a la ciudad al tercer milenio con una estética de nuevo cuño que rompe con su imagen tradicional de la belle époque. Han sido necesarios nueve años, 9.000 millones de pesetas de inversión y más de una polémica para sacar adelante este complejo, que ofrece 50.000 metros cuadrados de superficie útil y nace con vocación de erigirse no sólo en emblema, sino también en el motor económico y cultural de San Sebastián. El reto lo tienen ahora los agentes culturales y sociales de la ciudad.

El Kursaal salda una deuda histórica con San Sebastián, que se ha permitido el lujo de mantener vacío, durante más de dos décadas, un solar estratégico situado en la fachada marítima de la ciudad. Nueve años después de la designación de Moneo como responsable del proyecto, en ese espacio se alzan hoy dos rocas de vidrio translúcido que tienen vocación de todo, menos de permanecer varadas.El complejo, concebido como un espacio polivalente, ofrece 50.000 metros cuadrados de superficie útil para desarrollar actividades congresuales y culturales; cuenta con un auditorio con capacidad para 1.850 personas, un recinto de cámara con 600 plazas, un restaurante con el sello de Martín Berasategui y una sala de exposiciones de 1.000 metros cuadrados, cuya gestión falta por definir.

Como el Guggenheim y el Palacio Euskalduna, en menor medida, lo ha sido para Bilbao, el Kursaal constituye la apuesta de futuro más ambiciosa de San Sebastián. Se confía en su efecto multiplicador. El gerente del complejo, José Miguel Ayerza, ya lo ha dicho en más de una ocasión. "No es un objetivo en sí mismo, es un eslabón de una cadena mucho más larga". En esa cadena se tienen puestas todas las esperanzas, y mucho más ahora que se ha constatado un crecimiento espectacular del turismo tras la tregua de ETA y el tirón del Museo Guggenheim. Hará falta, eso sí, saber responder a la demanda con la ampliación de plazas hoteleras.

Quizá por esta razón ha dolido menos vaciar las arcas institucionales. El edificio de Moneo, triunfador de un concurso en el que participaron Norman Foster y Mario Botta, entre otros, ha requerido de más de 9.000 millones de inversión, casi el doble del coste inicialmente previsto. El Ayuntamiento de San Sebastián y la Diputación de Guipúzcoa han aportado 2.584 millones cada uno, el Gobierno vasco 1.500, la Administración central 1.000 y la Unión Europea 255, en un reparto no exento de polémicas. Los 1.200 restantes se obtendrán del canon por las 500 plazas del aparcamiento y de la venta de la sala de exposiciones.

Gestionar el complejo

La Sociedad Kursaal prevé ser autosuficiente en un plazo de tres a cinco años y generar 2.000 millones de pesetas a partir de la actividad congresual. En todo caso, su labor se dirigirá exclusivamente a gestionar el complejo; al alquiler de sus instalaciones. El reto lo tienen así, en buena medida, los agentes culturales y sociales y, muy especialmente, el Convention Bureau, cuyo director, Ángel Álvarez, se ha paseado por todo el mundo para promocionar la ciudad. Máxime en un momento en el que en el norte de España han proliferado de forma sorprendente infraestructuras de este tipo. La apertura de Euskalduna en Bilbao, la consolidación del Palacio Europa en Vitoria y la presencia de los complejos de Santander y de la vecina Bayona auguran una competencia que, si existe coordinación, podría llegar a ser leal. Por el momento, la Sociedad Kursaal tiene más que suficiente con coordinar la programación del complejo. Hasta ahora, ha contratado más de un centenar de eventos, entre congresos, conciertos y otras actividades. De hecho, el Kursaal arranca su trimestre inaugural con una actividad frenética. El miércoles acogerá el estreno mundial de La novena puerta, la última película del realizador Roman Polanski, basada en la novela El Club Dumas de Arturo Pérez Reverte. Será un aperitivo de excepción del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que hará descender a las estrellas por las escalinatas de las rocas más grandes que tiene el río Urumea en su desembocadura. No serán los primeros en pisar el complejo. La sala de cámara se inauguró el 3 de junio pasado con un congreso, pese a la fuerte polémica sobre su oportunismo electoral. En julio, el Festival de Jazz y, todavía hoy, la Quincena Musical han sabido sacarle brillo al flamante auditorio.Este equipamiento cultural, que duplica las plazas disponibles en San Sebastián, nace con la vocación de acoger una programación variada para todos los públicos. Ésta ha sido una de las banderas del alcalde, Odón Elorza, principal defensor del proyecto, que quiere despojar al Kursaal de todo tinte elitista. Así, se combinan los conciertos para niños, con ofertas minoritarias de calidad y otras de mayor aceptación popular, como el espectáculo que ofrecerán Ana Belén y Miguel Ríos el 27 de octubre.

Hay mucho más contratado. Pero será después del acto con el que hoy San Sebastián mira al tercer milenio. El lehendakari, Juan José Ibarretxe; el secretario de Estado de Cultura, Miguel Ángel Cortés; la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre; el diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe; el alcalde Odón Elorza, y el autor del proyecto estarán hoy en el acto de inauguración.

El broche de oro lo ponen el concierto que ofrecerán la soprano Ainhoa Arteta y la Orquesta Sinfónica de Euskadi, el espectáculo de calle de Els Comediants y las actuaciones de Ruper Ordorika y La Buena Vida.

Las rocas varadas comenzarán hoy a moverse en un entorno anclado en el romanticismo. Dijo Moneo que era su obra "más arriesgada" y vio cómo se derrumbaba la espectacular escalinata el 19 de abril de 1998. Hoy asiste a la investidura de sus cubos como emblema de San Sebastián.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de agosto de 1999

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  • El edificio ha costado 9.000 millones de pesetas y supone una revolución en la estética de la ciudad