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jueves, 24 de mayo de 1990
Crítica:

Phil Collins convierte el pop en espectáculo

Luces brillantes y una docena de músicos en un concierto calculado al detalle

Lleno total en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid para asistir al último de los dos conciertos de Phil Collins en España. Las 11.000 personas que pasaron por taquilla, y pagaron 3.500 pesetas por cada entrada, pudieron presenciar un concierto de espectacular montaje, con una docena de músicos en escena y un brillantísimo equipo de luces.

Collins dominó de principio a fin la situación: jugó con el público en los típicos intercambios de estribillos, leyó un breve texto en castellano y seleccionó un repertorio con sus habituales éxitos de estribillo fácil. La gente conectó desde el primer tema y a los pocos minutos, cuando sonó la primera balada, los tradicionales mecheros comenzaron a brillar. La entrada al céntrico pabellón se había realizado de modo escalonado y sin problemas, y el despliegue organizado por la policía municipal especialmente para la ocasión impidió que el tráfico sufriera retenciones en los aledaños del recinto. En el interior el lleno era total. Con sólo diez minutos de retraso sobre el horario previsto, las diez de la noche, las luces de ambiente del Palacio de los Deportes se apagaron. El inmenso escenario, que simulaba una noria de caballitos de feria, dejó de girar y se levantó seccionado del mismo modo en que lo harían las puertas de un inmenso platillo volante. La numerosísima banda, formada por una docena de músicos, ya estaba en escena e interpretaba una larga introducción instrumental. Inmediatamente después Collins tomó el mando, interpretó una canción de su último disco dejó el camino libre para la primera sorpresa de la noche: Who said I, una canción de Genesis firmada por el propio Collins y sus viejos camaradas Tony Banks y Mike Rutherford. Fue la única concesión a su vieja banda. Inmediatamente después llegó su primer número uno en Estados Unidos, Again all odds, y después toda una retahila de canciones coreadas mecánicamente por la gente: One more night, In the air tonight, You can't hurry love o Take me home.

Grata sorpresa

El sonido, sin ser bueno, resultó aceptable, dado que las condiciones acústicas del Palacio de los Deportes no son las mejores. Las luces, sin embargo, sorprendieron gratamente a todos por su espectacularidad y perfecta sincronización. Ya que todo está calculado en este tipo de macroconciertos, y que no hay lugar para la improvisación, es de agradecer que el montaje escénico sea brillante, sorprenda y no caiga en errores. Phil Collins, polifacético músico y hombre de negocios británico, vive a los 39 años una de las mejores etapas de su carrera. Presentaba su cuarto disco en solitario, titulado But Seriosly, y para que nada fallase dispuso de una banda de auténtico lujo, compuesta por: Bridgette Bryant (coros), Brad Cole (teclados), Michael Maurice Davis (trompeta), Harry Kim (trompeta), Arnold Mc Culler (coros), Donald Myrick (saxo), Louis Edward Satterfield (trombón), Bruc Sklar (bajo), Dary1 Mark Stuermer (guitarra), Chester Corte Thompson (batería) y Frederic C. White (coros). El público disfrutó desde el principio hasta final. Aplaudió a rabiar las canciones más conocidas y vio gratamente sorprendida cómo se puede hacer de la música pop un espectáculo.

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