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Se dice ‘fútbol’ no ‘soccer’, así se rindió Estados Unidos al deporte rey

La popularidad del deporte más seguido del mundo crece a mayor ritmo que cualquier otro impulsada por la pasión latina, el efecto Messi, la Copa América y el Mundial de 2026

Copa America
El entrenador de la selección de Argentina, Lionel Scaloni, observa el trofeo de la Copa América durante la ceremonia del sorteo.Lynne Sladky (AP)
Nicholas Dale Leal

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Retumba el bombo. La barra canta en la grada. “Olé, olá, cada día te quiero más”. Podría ser la tribuna de un estadio cualquiera en Argentina. O en Colombia. O México. Pero no. Quienes entonan estas palabras que se pueden escuchar en boca de infinidad de hinchas por todo el continente son los miembros de La12deAtlanta. Es la principal barra latina del Atlanta United FC, equipo con una década de vida, que juega en la liga de fútbol profesional estadounidense, la MLS, desde 2017. Los entre 400 y 800 miembros viajan tras el equipo —acompañados de sus tambores, trompetas y banderas enormes— a lo ancho del país norteamericano, dentro de las posibilidades logísticas en una geografía tan extensa, esparciendo la pasión futbolera latinoamericana por el territorio.

CONMEBOL
El logo de la Confederación Sudamericana de Fútbol, ​​CONMEBOL, se ve en el edificio de la confederación durante una conferencia de prensa para presentar el nuevo logo de la Copa América 2024.Jorge Saenz (AP)

No son una excepción. “Todos los equipos de Estados Unidos tienen sus barras latinas porque hay latinos en todos lados”, señala el presidente y fundador de la12, Gabriel Díaz, uruguayo de 35 años, que lleva 20 en la capital de Georgia y celebra parte de su identidad misma con cada grito de gol. Los miles y miles de hinchas como Díaz son el abono del crecimiento tardío del deporte más popular del mundo en Estados Unidos: aquí ya no se dice “soccer”, se dice “fútbol”.

Los latinos nacen con una pelota en la cuna y crecen pateando balones en canchas de césped sintético, parques empolvados y el asfalto de las calles enfrente de casa. El 73% de los latinos mayores de 16 dice ser fanático del deporte, el 32% heredó el amor por un escudo en particular y el 22% se considera un “super-fan”. Para miles de ellos es una parte importante de quienes son. Es natural que busquen replicar la tradición que dejaron atrás ellos mismos o generaciones anteriores.

Es algo que no siempre fue posible. Hasta 1996, cuando se jugó la primera temporada de la MLS con diez equipos, no había liga profesional de fútbol en el país. Es verdad que hubo un experimento fallido entre 1968 y 1984 que vistió a Pelé y Beckenbauer con la camiseta de los New York Cosmos. Pero el proyecto nunca tuvo futuro en un país donde el beisbol, el futbol americano y el baloncesto dominaban absolutamente los intereses deportivos de la población. Según una encuesta de Gallup, en 1997 el soccer estaba empatado en último lugar en la lista de deportes favoritos junto con el patinaje artístico. Veinte años después había subido al cuarto lugar, muy cerca de superar al beisbol.

No hay datos definitivos al respecto, pero la correlación del crecimiento de la población latina, y también su asimilación y mayor participación cultural en el país, con el aumento en la popularidad del fútbol tampoco deja demasiadas dudas. Se puede ver en la selección de las ciudades para albergar equipos de la MLS, que con el debut de un nuevo equipo en la ciudad fronteriza de San Diego en 2025 alcanza los 30 clubes. Cuando eso suceda, solo entre California, Texas y Florida (los Estados con mayor población latina) tendrán nueve equipos, casi un tercio de toda la liga; Nueva York, el otro gran foco latino del país, tiene dos equipos.

La latinización del fútbol también es contagiosa: el 90% de los fanáticos latinos prefiere ver las transmisiones en español, pero el 65% de los fans blancos no latinos también. Y cada vez más personas las ven. De acuerdo a datos de Forbes, la final del Mundial de Qatar la vieron 26 millones de personas en Estados Unidos y los partidos de la selección nacional en la fase de grupos tuvieron entre 12 y 15 millones de televidentes. Como comparación, el primer partido de las finales de la NBA de este año lo vieron en promedio 11 millones de personas. En la MLS los números no se acercan, pero ya superan el millón regularmente y el récord actual lo ostenta la final de la MLS Cup de 2022, que tuvo más de dos millones de televidentes.

Una mina de oro por explotar

Vistos con ojos optimistas —y especuladores— estos datos arrojan una conclusión positiva: el margen de crecimiento es todavía enorme y las potenciales ganancias también. Solo la población latina es un mercado inmenso que todavía no ha sido explotado del todo. En este momento mueven alrededor de 3,4 billones de dólares anuales y el aumento de su poder adquisitivo es el doble del de los demás grupos demográficos. Además, como colectivo gastan en promedio un 20% más de sus ingresos en productos y experiencias deportivas.

2024 Copa America
La mascota de la Copa América 2024 baila durante la ceremonia del sorteo en Miami el 07 de noviembre de 2023. Lynne Sladky (AP)

En este contexto, el hecho de que el país haya ganado el privilegio de ser sede de una edición ampliada de la Copa América este verano y, junto con México y Canadá, de un inédito mundial de 48 selecciones en 2026, se puede ver más claramente como una astuta inversión. Previsiblemente, generará beneficios récord y servirá como gasolina en el esparcimiento del fuego futbolero en el país. Las inversiones de bancos estadounidenses en grandes clubes europeos responden a la misma lectura del mercado del fútbol. Otra cifra para apuntalar esta idea: unas 200 millones de personas en todo el mundo vieron el Super Bowl este año; el Clásico -entre el Real Madrid y el Barcelona- lo ven más de 600 millones cada año y aun así la final del fútbol americano genera más dinero.

Tal vez por eso el Inter Miami se esforzó tanto —hasta el punto de cambiar las reglas de la liga— en traer a Lionel Messi y compañía. El efecto Messi ha sido tangible económicamente y también intangible en el interés que ha generado sobre la nueva liga. En sus primeras 24 horas como jugador del equipo, los precios de las entradas a los partidos aumentaron en un 1034%, la MLS consiguió 22 millones de seguidores nuevos en Instagram y superó a la Premier League inglesa en búsquedas por primera vez en la historia. Los contratos de patrocinio también se han multiplicado en valor, al igual que los derechos televisivos. La idea es que a partir de esto se genere un círculo virtuoso de mayor inversión que genere mayores beneficios sucesivamente.

Otros fichajes de otros equipos, tal vez menos glamurosos, apuntan en esta dirección. No hay que ir más lejos que el reciente anuncio de la llegada de Irving Chucky Lozano para la primera temporada del San Diego FC. Lozano es una de las principales estrellas mexicanas del deporte y en la ciudad fronteriza sin lugar a dudas generará su propio frenesí.

Es verdad que este no es un fenómeno del todo nuevo. En 2007 el astro británico David Beckham fichó por el LA Galaxy, donde también han jugado futbolistas como Zlatan Ibrahimovic o Steven Gerrard. La imagen de la liga estadounidense como un lugar para disfrutar el ocaso de una carrera con un jugosísimo salario en realidad todavía no se va. Pero si en ese entonces algunos de los compañeros de Beckham en Los Ángeles estaban ganando salarios de menos de 13.000 dólares al año, ahora la liga también puede atraer talento joven de otras partes del mundo. Como Thiago Almada, que llegó al Atlanta United como una promesa después de brillar con el Velez Sarsfield en Argentina. Lentamente la MLS quiere pasar de ser un cementario de carreras a un trampolín para las estrellas del futuro y eventualmente el destino final.

Gabriel Diaz, de la12deAtlanta, que ha estado viendo a Almada cada semana durante las últimos dos años, cree en ese crecimiento. “De aquí a cinco años, para mí va a ser una de las mejores ligas del mundo”, dice convencido por el interés que ve entre los jóvenes y sabiendo que la Copa América y el Mundial pueden suponer un antes y un después. Para él, con la inclinación por el fútbol abonada, el deporte en Estados Unidos tiene todo para explotar: la infrastructura existente y la plata. Aunque admite que algunas cosas tienen que cambiar en la liga para hacerla más competitiva: como el sistema de fichajes que no permite medirse tan fácilmente contra clubes europeos y el hecho de que no hay descenso ni ascenso.

Las proyecciones indican que esto apenas comienza. Queda la incógnita de si el apetito y la cultura futbolera del predominante hincha latino será compatible con una visión más mercantil, característicamente estadounidense —en Europa fue tajentemente rechazada por los fanáticos durante las turbulentas semanas en las que la Super Liga, que tenía detrás dinero de bancos de Estados Unidos, se desveló—.

La siguiente etapa del plan comienza ahora, con la Copa América. La 12deAtlanta ya tiene eventos planeados para los partidos que se juegan en su ciudad, que incluye la inauguración que enfrenta a Argentina y Canadá. Puede que la mezcla de mercantilización y pasión latina sea la receta perfecta para el fútbol, que ya no soccer.

Sobre la firma

Nicholas Dale Leal
Periodista en EL PAÍS América desde 2022. Máster de periodismo por la Escuela UAM-EL PAÍS, donde cubrió la información de Madrid y Deportes. Tras pasar por la Redacción de Colombia, ahora es parte del equipo que produce la versión en inglés del periódico.
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