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Un imberbe Holmes y ‘Una rubia muy legal’ de instituto: las series rejuvenecen a sus ídolos para contar sus orígenes

‘El joven Sherlock’, ‘Elle’, la precuela de ‘Gomorra’ o ‘NCIS: Origins’ tratan de aprovechar sus exitosas marcas con las historias juveniles de sus protagonistas

Lexi Minetree como Elle Woods, en 'Elle'.Courtesy of Prime Video

Aunque no muchos la recuerden, en 2013 la televisión estadounidense trató de replicar el éxito de Sexo en Nueva York con una serie protagonizada por Carrie Bradshaw. No había sexo, ni palabras malsonantes (era en abierto) ni nada de lo que hizo popular y rompedora a la serie de HBO cuyo triunfo precisamente residía en la edad de sus protagonistas. The Carrie Diaries era una serie de instituto y romances que aprovechaba a esta versión juvenil de la protagonista para responder a preguntas que la audiencia nunca se había hecho. Duró dos temporadas y 26 episodios, y nunca justificó su creación. Unos 13 años después, las series siguen, sin embargo, obsesionadas con rejuvenecer a sus iconos de ficción.

Una de las grandes apuestas de Amazon Prime Video para comenzar este año, por ejemplo, será El joven Sherlock (estreno el 4 de marzo), donde Guy Ritchie rejuvenece su versión adrenalínica del astuto detective británico, al que llevó al cine en dos ocasiones. Pero la enésima interpretación de Holmes, en la universidad de Oxford a los 19 años, antes de ser el famoso investigador y sin Watson, no es la última versión lozana que presentará este año la plataforma empeñada en estos momentos en atraer al público juvenil con franquicias como Maxton Hall, Gen V y El verano en que me enamoré. El 1 de julio le seguirá Elle, precuela de Una rubia muy legal que lleva a su protagonista, como a Carrie Bradshaw, a la secundaria de los años noventa antes de convertirse en esa mujer segura de sí misma a la que hizo trascender en cine Reese Witherspoon.

Detrás de este fenómeno hay varios factores. Está el sociológico, por supuesto, con la obsesión del audiovisual por la eterna juventud. Pero también está el comercial. En una época donde triunfan las novelas romantasy y para jóvenes adultos, las plataformas apuestan por encontrar nuevas historias que mezclen mundos conocidos con el romance y la adolescencia. Casi visiones de fans, o fanfics, de los personajes más famosos. Es el caso de la adaptación a serie de las novelas sobre Young Sherlock Holmes de Andrew Lane. Tampoco es casualidad que sea Amazon, que tiene en su haber información única sobre la venta de libros en el mundo, quien mejor aproveche este fenómeno, con sagas como Culpables. Además, en un mercado que huye de las dificultades de vender algo original, seguir explotando las marcas más famosas es uno de los objetivos de todas las plataformas.

Al contrario que Juego de tronos, que apostó por explorar Poniente pero sin ninguno de sus personajes más famosos, o las precuelas de la familia Dutton en Yellowstone, El señor de los anillos: los anillos del poder también decidió entronar a protagonista a una jovial Galadriel de solo 3.400 años y con el rostro de Morfydd Clark, y no los 8.000 que cumplía en la saga madre (aunque Cate Blanchett no los aparentara). En la serie que regresa este año vuelven a aparecer el elfo Elrond o un malvado Sauron primigenio, con la trama de la serie cada vez más vinculada al origen de los anillos y otros de los personajes conocidos por todos. Los guiños al espectador nunca acaban.

Las precuelas que rejuvenecen al protagonista, aunque cada vez más comunes, conllevan numerosos problemas argumentales: el espectador sabe dónde va a acabar ese personaje, y la nueva ficción solo es el camino hasta ese punto. Así, lo que en una película se podía resumir con una escena de flashback, se vuelve un mecanismo argumental plagado de referencias, guiños y anticipaciones a momentos icónicos que ya conocemos y que llegarán en el futuro del personaje. En la película Han Solo: una historia de Star Wars, por ejemplo, explicaban detalles como de dónde venía el curioso apellido del personaje, cómo consiguió el Halcón Milenario y cómo completó en 12 parsecs una carrera a la que hacía referencia en las películas originales. El espectador nunca había necesitado rellenar esos huecos.

En otras ocasiones, este tipo de precuelas sirven simplemente para alargar el éxito de la serie madre, cuando esta ya no tenía más carrete. En enero, se estrenó en Italia Gomorra – Le origini, que fija su mirada en la mafia napolitana de los setenta y en un incipiente Pietro Savastano, mucho antes de ser el temible capo de la adaptación del libro de Roberto Saviano. En un género totalmente distinto, El joven Sheldon ayudó a extender la estela de The Big Bang Theory, y la derivada ya ha dado incluso para una serie sobre su hermano (aunque el espectador sepa que su historia acabará mal). La vida del joven friki tampoco se pudo alargar más cuando comenzaba a chocar argumentalmente contra la primera serie. Tampoco son pocas las incongruencias argumentales de Star Trek: Strange New World, con los imberbes Spock, Kirk y Uhura. Pero en un universo tan gigantesco y con 60 años de historia, que todo tenga sentido cronológico se vuelve complicado.

El joven Sheldon, además, dio espacio al actor Jim Parsons para seguir lucrándose como narrador y productor de la serie sobre su personaje sin trabajar demasiado. Del mismo modo, cuando Mark Harmon quiso abandonar tras 435 episodios la exitosa NCIS, le ofrecieron narrar y producir NCIS: Origins, sobre los inicios de su Agente Gibbs. La ficción, que cuenta con muchas de las caras adultas rejuvenecidas, va por su tercera temporada, y así la franquicia que comenzó en 1995 sigue hallando excusas para continuar. Ahora con guiños a los noventa, casi una serie de época. Como hizo Dexter, que en Pecado original contó sus primeros asesinatos en un nostálgico 1991. La serie, eso sí, no pasó de la primera temporada y con la sensación de que muchas de sus historias ya se habían contado en flashbacks. Y próximamente llegará Bosch: Start of Watch, con Cameron Monaghan como el detective y de nuevo en 1991.

En una televisión que busca explotar las marcas hasta extenuarlas, rejuvenecer a los iconos que están en la mente de todos los espectadores no es una estrategia nueva. El silencio de los corderos lo hizo a pares con la estimulante Hannibal y la demasiado ordinaria Clarice. Los Bridgerton ha expandido su universo con La reina Carlota. Superman tuvo sus propias aventuras sin capa en la ya mítica por sí misma Smallville. El universo Batman se expandió en Pennyworth (sobre el joven Alfred) y Gotham (sobre el joven detective Gordon). Grease: el auge de las damas rosas presentaba a Frenchy y Risso antes de que Sandy y Danny pusieran patas arriba su instituto. Psicosis tuvo la historia de orígenes del trauma familiar en Bates Motel, que acabó con Rihanna como la asesinada Marion Crane. E incluso en España, TVE se atrevió con Gran reserva: el origen, mirando 45 años atrás en las vidas y viñedos del clan Cortázar. Se cuentan con los dedos de una mano, aun así, las que trascendieron y superaron a su serie original, más allá de la excusa. No todos pueden ser Vince Gilligan y Better Call Saul.

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