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COLUMNA i

‘Star Trek’ deja de ser una serie futurista y habla del pasado

Si los otros protagonistas nunca miraban atrás, el nuevo Picard está prisionero de sus recuerdos, un poco como nosotros, que hemos perdido la fe en el futuro

Una de las tradiciones que más disfrutamos los trekkies son los capítulos de paradojas temporales. Son tan clásicos, que en varias series incluso hay un organismo de la Federación de Planetas encargado de velar por la línea temporal. Es una policía que patrulla las épocas buscando viajeros ilegales en el tiempo y vigilando que los acontecimientos históricos sucedan como tienen que suceder. Este leitmotiv ha propiciado algunos de los momentos más emocionantes de varias series, con capitanas que se encuentran a sí mismas de jóvenes para salvar la galaxia y esas cosas que tanto nos gustan a los muy romanticones fans de Star Trek.

Por eso, el estreno de la nueva Picard ha sido un dardo en el corazón, pues ha elevado ese recurso narrativo a la categoría de poesía. Star Trek, la serie del futuro, se convierte en un relato sobre la memoria y el pasado.

Al igual que en las novelas navales de Cecil Scott Forester en las que se basó Gene Roddenberry para crear su Flota Estelar, los capitanes trekkies son presentistas. Tienen que resolver dilemas enormes al momento y tomar decisiones espoleados por la urgencia. Picard siempre fue un poco distinto, pues era un intelectual apasionado por la arqueología y la historia, pero nunca como hasta ahora se había preocupado por el pasado.

El giro conceptual es tan grande que equivale a romper el género por dentro, dejándolo intacto por fuera: al parecer, Star Trek ya no es una serie futurista. Ahora trata sobre la nostalgia, el trauma y la culpa. Si los otros capitanes nunca miraban atrás, este Picard está prisionero de sus recuerdos. Un poco como nosotros, que hemos perdido la fe en el futuro que tenían los primeros espectadores de las series y nos hemos ido acostumbrando a escarbar en la historia para no perdernos en el presente.

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