‘Apagón’, o cómo mantener a raya la barbarie tras el apocalipsis

La serie, que se podrá ver en Movistar+ en 2022, reúne talentos de la televisión y el cine para narrar una distopía de raíz española. Asistimos al rodaje del tercer capítulo para descubrir algunos de sus secretos

Patricia López Arnáiz en el papel de Marta, miembro de la familia protagonista del capítulo tres, que trata de aprender a sobrevivir tras el apagón.
Patricia López Arnáiz en el papel de Marta, miembro de la familia protagonista del capítulo tres, que trata de aprender a sobrevivir tras el apagón.emilio pereda

Término municipal de Valdeluz, a 8 kilómetros de Guadalajara, una mañana fría y clara de diciembre. Calles rectilíneas formadas por manzanas de urbanizaciones similares y no muy antiguas se suceden. No hay apenas movimiento, algún vecino que saca a pasear al perro y poco más. Muchas viviendas están deshabitadas, otras son propiedad del banco malo, pura España de las piscinas. En una de esas comunidades, unos vecinos discuten —entre invernaderos caseros, sistemas de recolección de agua de lluvia y una pista de pádel llena de gallinas— qué hacer ante una nueva amenaza, un grupo de niños instalados más allá del límite de su propiedad, al otro lado del descampado, en las ruinas de un instituto que nunca se llegó a construir. La localización es real, el argumento y la caracterización del lugar corresponden al tercer capítulo de Apagón, serie original de Movistar + producida por Buendía Estudios y una de las apuestas de la plataforma para 2022. “Peinamos Guadalajara y Toledo buscando justo la localización, el tamaño, la clase media, que todo fuera creíble”, cuenta Fran Araújo, guionista y responsable de la coordinación de la historia a lo largo de sus cinco entregas.

En el primer capítulo de esta serie que tiene como punto de partida El gran apagón (ficción sonora de Podium Podcast) se produce el desastre, el apagón, el fin del mundo tal y como lo conocíamos; en el segundo llega la aceptación; en el que nos ocupa, el tercero, la organización para la supervivencia. Dirigidas por Rodrigo Sorogoyen (El reino, Antidisturbios), Raúl Arévalo (Tarde para la ira), Isa Campo (La próxima piel), Alberto Rodríguez (La isla mínima) e Isaki Lacuesta (Entre dos aguas), todas las historias son originales y autoconclusivas, si bien hay varios aspectos que dan unidad a la serie. Por un lado, la dirección de arte, minuciosa y verosímil hasta la obsesión ––como se puede comprobar en varios detalles durante el rodaje–– y, por otro, la fotografía, siempre sin iluminación artificial. “Jamás juegas con las luces a este nivel. Para solucionarlo nos preguntamos cómo se podrían fabricar luces con potencia tal y como lo harían ellos tras un apagón”, comenta Isa Campo sobre el capítulo que dirige y también escribe, una historia en la que los niños, y su mirada como colectivo, juegan un papel clave.

Isa Campo da instrucciones a Zoé Arnao y Patricia López Arnáiz, madre e hija en la ficción, en un descanso del rodaje del tercer capítulo de 'Apagón'.
Isa Campo da instrucciones a Zoé Arnao y Patricia López Arnáiz, madre e hija en la ficción, en un descanso del rodaje del tercer capítulo de 'Apagón'.Emilio Pereda

Los creadores de Apagón no estaban interesados en la conspiración política, tan en boga para explicar casi cualquier cosa. Tampoco en una distopía llena de muerte y destrucción, un futuro imposible más inmerso en la ciencia ficción. Como un relato bien anclado en la especulación de futuro próximo, aquí la idea es dar un pequeño giro de tuerca, algo plausible y por ello terrorífico. “El salto a la barbarie no es tan sencillo. Siempre hay un límite en ese limbo en el que están los personajes”, reflexiona Campo. “Buscábamos una mirada concreta, cómo hacer la distopía local, no solo con temas universales sino haciendo que llegue a la gente. Hemos elaborado un género reconocible pero aterrizado, con historias muy concretas de personajes y localizaciones muy concentradas”, añade Araújo. Dos elementos ayudan a cumplir este objetivo: realismo a ultranza y claves para la reflexión en las tramas. “Todos los capítulos buscan una resignificación de los aspectos sociales que abordan. Se trata de encontrar luz en la oscuridad, una mirada en los personajes”, explica Araújo.

La realidad ayuda

“Cuando empezamos era pura ciencia ficción, teníamos que explicarlo todo”, comenta la directora en un descanso para comer cuando en la conversación surge, inevitable, la actualidad, la pandemia, la escasez de suministros, la posibilidad, incluso, de un apagón real. Ahora, son los actores los primeros que entienden todo lo que les pasa a los personajes. “Hace nada hemos vivido casi otro apocalipsis, que ha afectado de manera distinta a personas de distinta edad, así que rodar este ya no se hace tan raro”, reflexiona Zoé Arnao (Las niñas) la joven actriz de 16 años que protagoniza el capítulo. “La distopía no parece tan lejana. Ahora tenemos otra perspectiva”, añade Patricia López Arnáiz (Goya 2021 por Ane) que interpreta a la madre, mientras se mira unas uñas llenas de mugre que luego, bromean, cuesta una barbaridad quitar para volver a la vida real, ir a una tienda, relacionarse con el entorno, con la normalidad pandémica, sí, pero con electricidad. Todos llevan múltiples capas de ropa, elemento que, junto al fuego, constituye la única defensa contra el frío de un mundo sin luz. “La clave es saber hacerte las preguntas que no te habías hecho”, remata Miquel Fernández (Adú), el padre, personaje que completa a esta familia atrapada en la dinámica de la supervivencia.

Miquel Fernádez y Zoé Arnao durante el rodaje del tercer capítulo de 'Apagón'.
Miquel Fernádez y Zoé Arnao durante el rodaje del tercer capítulo de 'Apagón'.Emilio Pereda

El trabajo de los cinco directores y de los guionistas (Isabel Peña, Alberto Marini y Rafael Cobo, además de Campo y Araújo) ha sido un tanto peculiar. Cada uno conocía el universo de los demás, lo que aumenta la sensación de unidad de la serie. “Nunca quisimos casos estanco. Intentamos favorecer una creación colectiva, en la que cada uno contribuye con su parte”, explica Araujo.

Pasear con los creadores de Apagón por el escenario posapocalíptico montado en Valdeluz divierte y asusta a la vez. El lugar está lleno de artilugios similares a los que deberíamos idear, se supone, si ocurriera algo así. “Tiene un punto de juego. Es muy chulo y divertido”, confiesa Isa Campo. En la urbanización hay dos árboles de los que se obtiene la la leña usada para la decoración y para alimentar el fuego que ilumina y calienta a los protagonistas en su devenir diario. Estaban ahí cuando llegó el equipo de producción, antes del rodaje, y los iban a talar porque estaban podridos, pero a Araújo y Campo les pareció el ingrediente perfecto para su búsqueda de verosimilitud.

Cuando gritan “acción” solo se oyen las voces de los actores, no hay ruido blanco, no hay ese continuo run run de la vida cotidiana, de la circulación, los electrodomésticos, los teléfonos y demás artilugios. Es un mundo sin luz. Más allá de la valla, reforzada con alambre y somieres, tres coches víctimas del pillaje marcan el límite con el descampado, con la amenaza latente de los niños sin recursos. Dentro, los vecinos discuten como han hecho siempre, con apagón o sin él, con pandemia o sin ella. Una escena cotidiana después del fin del mundo, una lucha por mantener la barbarie, social e interior, a raya.

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Juan Carlos Galindo

Es responsable de la sección de Pantallas y, además, escribe sobre libros en Cultura y Babelia y coordina el blog de novela negra Elemental. Lleva en EL PAÍS desde 2008 y antes estuvo en 20 minutos, entre otros medios. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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