Tiger King

La vida después de ser un fenómeno de Netflix

Rick Kirkham, uno de los protagonistas de la serie documental revelación del año, 'Tiger King’, ha huido de Estados Unidos para olvidarse de Joe Exotic y establecerse al norte del Círculo Polar Ártico

Rick Kirkham, fotografiado en 2018. En vídeo, tráiler de 'Tiger king'.FOTO: RUNE NILSEN / VÍDEO: NETFLIX

Joe Exotic, el folclórico expropietario del parque de explotación de animales salvajes Greater Wynnewood Exotic Animal Park (G.W. Zoo), sito en Wynnewood, Oklahoma, persiguió el éxito insistentemente toda su vida. Ahora es uno de los grandes personajes del año y no puede disfrutarlo. Ya se encontraba en la cárcel cuando Netflix lanzó el documental que lo ve como protagonista, Tiger King, el primer gran triunfo de la televisión del confinamiento, el relato del cruel mundo de los zoológicos privados estadounidenses (y sus crueles dueños). El fenómeno del documental fue tal que Amazon Prime Video ha anunciado que Nicholas Cage interpretará a Joe en una serie basada en su rocambolesca vida. La acérrima enemiga de Joe, Carole Baskin, a la que intentó asesinar a sueldo, es una de las estrellas de la nueva temporada de Dancing With the Stars en EE UU. Y un poco más lejos hay otra persona totalmente cambiada por aquel programa.

Rick Kirkham (Oklahoma City, 62 años) quiso dejar atrás la pesadilla vivida en el G. W. Zoo. No pudo ir más lejos: eligió Bodø, una ciudad de 46.000 habitantes en Noruega, al norte del Círculo Polar Ártico. Fue productor del programa que Exotic emitía por Internet, sobre él y su zoológico, pero nunca pensó que el rey de los tigres fuera “tan cruel”. Cuando se dio cuenta ya era tarde. El material que había almacenado detallaba la oscura trata de animales exóticos de EE UU. Podía ser vendido al mejor licitador. Un incendio se lo llevó para siempre.

Kirkham, que había alcanzado la fama como reportero para el programa Inside Edition en los noventa, se arrodilló y lloró desesperado. Recogió sus pertenencias, huyó del zoológico tras un año de “sudor y sangre” y regresó a su casa. El FBI llegó a la conclusión de que había sido el mismo Exotic quien decidió prender fuego al estudio. “Había perdido mi alma y mi integridad como periodista, porque me quedé cuando tenía que haberme ido después de haber visto lo que he visto. Sin embargo, sabía que tenía un gran show. Me siento culpable”, admite hoy Kirkham a este periódico en una videollamada.

Seis meses después, otro incendio destruyó su casa. Un perro le despertó cuando las llamas se le acercaban y le permitió salir de su habitación a tiempo. Nunca se aclaró de quién fue la culpa: quizás la venganza de su jefe, o el error de su compañero de piso drogadicto. El evento terminó por hundirlo moralmente.

Una historia de amor telemática, con una mujer noruega llamada Kristin, le salvó. Ella le escribió por primera vez cuando Kirkham lanzó TV Junkie (2006), un documental autobiográfico —premiado en el festival de Sundance— sobre su adicción al crack. Kristin se sintió muy cercana a su sufrimiento porque su hijo también había caído en la drogadicción. El reportero acabó cogiendo un vuelo para trasladarse definitivamente a Bodø y casarse con ella nada más bajar del avión.

“Cuando estaba en el zoológico, hablaba con ella todo el rato y le mandaba videos míos sujetando un tigre o hablando con un mono. Ella me dijo que viniera y yo me fui. Conseguí una pensión adelantada y ahora llevo aquí tres años”, cuenta. Colabora con un periódico local, Bodø Nu, aunque solo cuando quiere, porque está jubilado. Desde que salió Tiger King, no hay nadie de allí que no lo conozca.

Está escribiendo su autobiografía. Durante el verano disfrutan de las vacaciones, que también documenta con su cámara, aunque este año ha pasado la mayoría del tiempo dejándose entrevistar.

De vez en cuando sigue sufriendo los estragos de la relación con Exotic, hacia el que siente mucho rencor: “La prisión es donde tiene que estar. Incluso sin la acusación de intento de asesinato a Carole Baskin, por el trato que reservaba a los animales y a las personas merece 22 años en la cárcel”, zanja. Según él, Netflix “ni se acerca a la crueldad de Joe”. Hay un recuerdo en particular que considera el peor de todos: “Una mujer pidió a Joe que cuidara de su caballo. Se abrazaron y lloraron juntos. Él le prometió que tendría un lugar en el zoológico y viviría una vida feliz. Pero cuando la mujer se fue, Joe tomó su revólver y le pegó un tiro entre los ojos al animal. Dos hombres con motosierras lo abrieron y en media hora se lo habían dado de comer a los leones y tigres”, relata. Todo esto es ahora un lejano recuerdo.

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