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Cómo usar redes wifi alternativas a las comerciales

Un grupo de investigadores ha elaborado un documento en el que clasifican y catalogan este tipo de redes, que usan millones de personas

Instalación de una antena de 5 GHz en un mástil de 12 metros, en Micronesia.

Más de 20 millones de usuarios se conectan a internet mediante redes wifi alternativas a las comerciales. Ante su creciente popularidad, investigadores de todo el mundo han elaborado un documento para clasificar este tipo de redes y describir sus características. El objetivo de los investigadores era dejar constancia por escrito de los distintos tipos de redes para poder estudiarlas. Después de dos años de trabajo, el organismo que se dedica a estandarizar los protocolos de internet a nivel mundial, el IETF (Internet Engineering Task Force), ha publicado el documento.

Ejemplo de una instalación inalámbrica comunitaria.
Ejemplo de una instalación inalámbrica comunitaria.

El estudio forma parte de un proyecto europeo que está llevando a cabo un equipo formado por varias entidades españolas, entre las que se encuentra el I3A, de la universidad de Zaragoza. El proyecto, llamado WI5, busca mejorar la calidad de las redes wifi y, mientras el equipo investigaba, se encontraron con que muchos usuarios utilizan otro tipo de redes distintas a las convencionales, es decir, las comerciales. “Estas son las normales, uno paga a una compañía telefónica que instala un router en casa y ese router lleva el wifi”, exlica José María Saldaña, de la Universidad de Zaragoza y coordinador del documento. “Pero nos hemos dado cuenta de que empieza a haber otras formas distintas de conectarse a la red, sin un operador al que se paga”, cuenta Saldaña. Ante esto, surgió la necesidad de identificar y catalogar estas redes por lo que el equipo se encargó de coordinar la elaboración del documento con los miembros del IETF.

Hay muchos tipos de redes wifi alternativas, pero las más numerosas son las que los investigadores han llamado community networks. Se trata, a grandes rasgos, de redes wifi caseras en las que uno monta su propia antena, se crea su propio router que hace la función de repetidor y se nutre internet. “Las frecuencias wifi son libres, es decir, no requieren pagar una licencia como ocurre con las frecuencias de radio, televisión o telefonía”, explica Saldaña. Dentro de las community networks, la más popular es guifi.net con cobertura en Cataluña y alrededores. Se trata de una red que pertenece a una fundación que cuenta con 30.000 nodos operativos, es decir, puntos de acceso. “Pero usuarios pueden ser muchos más”, apunta Saldaña. Esta red es la más numerosa, pero community networks hay muchísimas más.

Los investigadores se encontraron con que muchos usuarios utilizan otro tipo de redes distintas a las convencionales, es decir, las comerciales

Otra categoría importante son las que los investigadores han llamado “redes promovidas por los usuarios y terceras partes”. El ejemplo más importante de esta categoría es Fon.com. Se trata de una iniciativa de una empresa privada en la que los usuarios comparten parte de su conexión. “Entonces, el wifi cuenta con una parte privada y otra pública. Y todos los que estén registrados pueden hacer uso de los puntos de conexión del mundo”, cuenta el investigador. Esta red tiene más de 20 millones de usuarios en todo el mundo que se traducen en 20 millones de puntos de acceso a internet. Estos dos ejemplos son los más representativos, pero existen muchos más, como las cooperativas rurales de EE UU que han decidido usar sus torres de electricidad para incorporar cables de fibra óptica que les lleve internet a sus granjas”, añade Saldaña.

En cualquier caso, estas redes no se entienden tanto como una competencia para las tradicionales que ofrecen las compañías telefónicas debido al ancho de banda. En los países desarrollados, según cuenta el investigador, las redes alternativas se utilizan más como un complemento de las conexiones comerciales orientadas a usarlas cuando viajamos o estamos fuera del hogar. “Son redes que ofrecen un acceso limitado, pero acceso al fin y al cabo”, matiza Saldaña. Donde las redes alternativas ofrecen ventajas es en zonas rurales de países emergentes donde las posibilidades de acceder a internet son muy limitadas. “Pasar de no tener nada de conexión a tener una red de estas es un gran avance”, explica el investigador.

Estas redes no se entienden tanto como una competencia para las tradicionales que ofrecen las compañías telefónicas debido al ancho de banda

Pero a pesar de estos beneficios, Saldaña reconoce que un problema que puede plantear este tipo de redes es el de la seguridad. Para saber si una red alternativa es o no segura en cuanto a la protección de los datos e información habría que estudiarlas caso por caso, de forma individual. En cuanto al uso, es como otra red cualquiera. “Te conectas a ella y navegas, así de sencillo”, cuenta Saldaña. Eso sí, el investigador añade que para montar una red de este tipo es necesario tener un alto nivel de conocimiento informático. “No es para un usuario cualquiera, no”, admite. Saldaña cuenta que en los casos que han estudiado, por lo general, lo que motiva a los usuarios a fabricar una de estas redes es aso del “hazlo tú mismo”. “Tiene un componente muy artesanal e incluso de hobby, más que de necesidad de disponer de una red wifi no comercial”, concluye Saldaña.

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