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Periodistas destacan el papel de Internet en el seguimiento de las revueltas árabes

Analizan en Barcelona los cambios que sufre el periodismo en la era digital

"Hoy en día, la información te llega antes por Twitter que por la agencia EFE", afirma Gumersindo Lafuente, adjunto a la dirección de El País y responsable de la edición digital. La importancia de las redes sociales durante las revueltas árabes y la influencia que está teniendo en el periodismo ha sido el tema de debate en una de las mesas redondas de las jornadas media140 Barcelona.

Las revueltas árabes han evidenciado los cambios que se producen a nivel informativo, afirma Riyaad Minty es periodista de Al Jazeera y responsable de sus redes sociales. "Creamos un enlace en el que todo el mundo podía colgar sus vídeos, y al poco teníamos centenares de ellos", explica a través de videoconferencia. Una de las nuevas dificultades del periodismo es la forma de gestionar esta información, contrastar su veracidad y difundirla correctamente. La realidad es que durante las protestas, cualquier hecho era conocido de inmediato por los internautas. "Estábamos hablando con un médico por teléfono cuando se produjo un tiroteo", continua Rayiid, "y al cabo de pocos minutos, Twitter estaba lleno de información sobre el suceso que completaba lo que nos decía el propio médico".

Los ponentes coinciden en que Internet ha impuesto unos cambios que no tienen vuelta atrás. Jordi Pérez Colomé siguió, desde su casa en Barcelona y al minuto, las revueltas árabes. "Tenías información real de lo que pasaba al momento: un tiroteo en Túnez, Mubarak en el hospital, la dimisión del gobierno, confrontaciones entre manifestantes,...", y para ejemplificar la importancia de la red, explica que multiplicó por diez el número de seguidores cuando empezó a transmitir lo que ciudadanos árabes explicaban en las redes sociales. "A la gente", continúa Pérez Colomé, "no le interesa el discurso que Obama dará esta noche, quiere saber lo que está pasando", y los medios convencionales deben saber adaptarse a esta nueva realidad. Meses antes del gran estallido tunecino, uno podía saber que algo se estaba cociendo. Pero sólo Facebook y Twitter daban esta información porque, como dice Riyaad, "esta es la revolución de la gente". Un tweet de diciembre de 2010, un mes antes del inicio de la revuelta en Túnez, ya advertía que "cuando no hay libertad en la calle, los jóvenes la buscan en la red".

Antes de esta mesa redonda, Pat Kane inauguró las jornadas con una conferencia que también hacía referencia a los cambios que sufre el periodismo en medio de la irrupción de la era digital. Músico, escritor, consultor y activista, ha plasmado sus ideas en el libro La ética del juego. "Las nuevas tecnologías devuelven el periodismo a su esencia, nos hacen cuestionar que es el periodismo", continúa este escocés con una energía que impide que nadie se relaje. La información que nos llega de diversos rincones del mundo no viene dada por estudios antropológicos o sociológicos, sino por "cámaras de vídeo que graban y transmiten casi al instante lo que sucede". Otra de las cuestiones a las que se enfrentan los diarios es su fuente de ingresos. Kane muestra unas estadísticas sorprendentes: por primera vez, la publicidad digital generó más ingresos que la impresa, aunque tan sólo una quinta parte fue a parar a medios de información. Los motores de búsqueda, con Google a la cabeza, son los mayores beneficiarios.

Esta primera edición de Media140 Barcelona se desarrolla durante dos días consecutivos. Los asistentes van cargados con ordenadores, cámaras digitales, iPhones y iPads en medio de un frenesí tecnológico. Las conferencias van dirigidas a diferentes sectores: desde hombres y mujeres de negocio que están interesados en desarrollar su empresa en Internet, a publicistas que buscan nuevas formas de llegar al consumidor. La sede que acoge las jornadas es uno de los edificios de nueva construcción situado en el barrio 22@ de la capital catalana. Situado en el Poblenou, antiguo feudo de fábricas textiles, representa una apuesta para atraer empresas dedicadas a las nuevas tecnologías, y contrasta con las viejas fábricas textiles abandonadas que hasta hace pocas décadas eran conocidas como el Manchester catalán.

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