25 años después de Pekín

La autora recuerda que el feminismo global se impulsó con la cita china de hace un cuarto de siglo

Manifestación del Día de la Mujer en Barcelona, el 8 de marzo de 2020.
Manifestación del Día de la Mujer en Barcelona, el 8 de marzo de 2020.MASSIMILIANO MINOCRI / EL PAÍS

Hay quien se refiere al Me Too como el movimiento que ha globalizado el feminismo. Sin embargo, el feminismo adquirió una potente agenda global en la IV Conferencia de Pekín de 1995. En ella vivimos la unidad y la fuerza de un movimiento que estaba en las organizaciones y en las movilizaciones de las mujeres y que, a partir de ese momento, veía sus reivindicaciones convertidas en compromisos y programas de gobiernos.

Y yo estaba allí. Era la mujer más joven de la delegación oficial española y una de las más jóvenes de la delegación no oficial. En cada uno de los encuentros que se celebraban en la Conferencia me sentía protagonista privilegiada de un momento inolvidable, al que si la historia hiciera justicia reconocería impulsor del empoderamiento de las mujeres en todo el mundo.

Las españolas llegamos a Pekín con entusiasmo, organización y ganas de convertirnos en la punta de lanza de las políticas feministas. Llegábamos tarde pero pronto cogeríamos la delantera gracias a nuestro empeño en convertir la Plataforma de Acción de la Conferencia en políticas a favor del avance de las mujeres y de nuestra joven democracia. Cada día hablábamos, debatíamos, discutíamos, nos contábamos historias unas a otras, fueron días en los que aprendimos y disfrutamos en igualdad medida.

Después de 1995 las políticas de igualdad incorporaron conceptos que se convirtieron en habituales, desde el “mainstreaming de género” al “empoderamiento de las mujeres”, en la práctica estrategias imprescindibles en la conquista de la igualdad al planear las políticas públicas teniendo en cuenta su impacto diferenciado sobre mujeres y hombres y la presencia de las mujeres en la vida política, social, cultural o económica como un indicador de democracia.

En la Agenda de Pekín también quedaron firmados los derechos sexuales y reproductivos, la lucha contra la violencia hacia las mujeres, donde se incluyó la trata y la prostitución, la educación de niñas y mujeres, su participación en la economía y dignidad en el empleo. En definitiva, el feminismo planteó una batalla ideológica dirigida a cambiar la vida de las mujeres del mundo, y tuvo su reacción a cargo de un conjunto de países capitaneados por el Estado Vaticano que, si bien hicieron una durísima ofensiva antifeminista, la perdieron porque nos encontraron unidas.

Tras la Conferencia España avanzó mucho en políticas de igualdad y el movimiento feminista español se fue convirtiendo en referente mundial. Hoy en día las jóvenes se suman al feminismo antes de cumplir 18 años, mucho antes que en 1995 cuando yo era la joven para mis amigas feministas, a algunas de ellas las encontré en Pekín, y de una u otra forma, durante más o menos tiempo, me han seguido acompañando.

En la actualidad son muchos los debates del feminismo y muchas las conquistas que aún quedan pendientes. Desde 1995 hemos ganado espacio político y legislación feminista, y hemos ampliado nuestra agenda con reivindicaciones que estaban apuntadas tímidamente en Pekín, como la abolición de la prostitución. Sin duda para seguir avanzando es necesario afrontar una legislación al respecto, como se hace imprescindible un debate que haga posible la defensa de los derechos de todas las mujeres, sin exclusiones, precisamente desde la convicción de que el sujeto político del feminismo somo las mujeres, todas las mujeres.

Viviendo el 8 de marzo de 2020 tengo que recordar algo que aprendí en Pekín. Si bien alguien podría pensar que una agenda global solo es posible desde la uniformidad, la nuestra, la que construimos con pactos entre mujeres, fue posible por el reconocimiento de nuestra diversidad, porque a pesar de las diferencias la desigualdad está presente en la vida de todas y cada una de nosotras, y el machismo ataca con violencia, violaciones, abuso y agresiones, seamos directivas, actrices, trabajadoras del servicio doméstico, negras, gitanas, mujeres con discapacidad, jóvenes, mayores, transexuales, lesbianas o heterosexuales, seamos como seamos y quienes seamos, por eso nuestra lucha es compartida y global.

Purificación Causapié es diputada socialista en la Asamblea de Madrid.

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