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Gibraltar cierra su puerto por un vertido de petróleo en una maniobra de repostaje en el mar

Dos playas de El Peñón ya han registrado manchas de fuel, mientras que las autoridades gibraltareñas tratan de controlar un incidente de alcance todavía desconocido

Gibraltar
El Venus Gas, con bandera de Panamá, fondeado en las inmediaciones de la bahía de Algeciras, tras el fallo en el repostaje de combustible, una maniobra conocida como 'bunkering'.Gobierno de Gibraltar (EFE/Gobierno de Gibraltar)

Un aparente error en una maniobra de repostaje en el mar entre buques —conocida como bunkering— en las inmediaciones de Gibraltar ha acabado con un vertido de petróleo que ha obligado a cerrar el puerto gibraltareño. La mancha, de alcance y tamaño por ahora desconocido, ya ha llegado a la costa del Peñón y ha afectado a dos calas de la zona, Little Bay y Camp Bay, según confirman fuentes cercanas de la Roca. Las autoridades españolas están al tanto del suceso, aunque por ahora se están limitando a monitorizar la situación, ya que desde Gibraltar han asegurado que “lo tienen controlado”, tal y como apuntan fuentes del Ministerio de Fomento conocedoras de la situación.

El fallo en el repostaje se ha producido a las 8.22 de este martes en la parte sur del conocido como Fondeadero de Poniente —Western Anchorage—, ubicado en la cara del Peñón que da al interior de la bahía de Algeciras. Allí, el buque Gas Venus, con bandera de Panamá, recibía combustible en el mar en una maniobra de bunkering cuando el mercante “experimentó un desbordamiento de sus tanques”, como han explicado desde el Gobierno de Gibraltar en un comunicado. El rebose ha provocado un vertido de petróleo que ha obligado a la Autoridad Portuaria de Gibraltar a desplegar barcos de contención y barreras para evitar el avance de la mancha. Sin embargo, horas después se han detectado arribazones de manchas negras, visualmente parecidas al chapapote, en las calas de Little y Camp Bay. En ambas zonas gibraltareñas se ha izado la bandera roja y se ha pedido “precaución” a bañistas y a embarcaciones de recreo.

Las autoridades españolas han sido informadas del accidente y están monitoreando de cerca el avance del vertido, según confirman desde la Autoridad Portuaria de Gibraltar y desde Salvamento Marítimo español. “Hemos ofrecido medios, pero nos han dicho que no eran necesarios”, apunta una fuente del Ministerio de Fomento. Por ahora, en uno y otro lado dicen desconocer el alcance del vertido y el tamaño de la mancha. Pero Antonio Muñoz, portavoz de Verdemar Ecologistas en Acción en el Campo de Gibraltar muestra su preocupación por la afectación que el vertido pueda tener para el paso de las ballenas por la zona y para la Patella ferruginea, un gasterópodo en peligro de extinción presente en las costas de la zona. Está previsto que los rescatistas españoles hagan una pasada con sus helicópteros esta tarde para cotejar si han llegado vertidos al norte de la bahía, aunque por ahora en Gibraltar aseguran que son capaces de controlarlo. “Si es fuel pesado puede ir al fondo y no ser visible en la superficie. Además, se mueve con las corrientes marinas y eso puede hacer que acabe en cualquier sitio”, añade Muñoz.

El suceso ha obligado al cierre de la actividad del puerto de Gibraltar en una infraestructura que es precisamente potente en maniobras de bunkering similares a la del Gas Venus. El Estrecho de Gibraltar es un punto esencial en el movimiento de mercancías y registra un movimiento de más 110.000 buques al año, según datos de la Dirección General de la Marina Mercante. Buena parte de esos barcos aprovecha el paso para acercarse al puerto gibraltareño a repostar. Hasta él entran embarcaciones con un peso total de 240 millones de toneladas, según informaba la institución en su página web. El Peñón suele estar en los rankings mundiales de este tipo de actividad, habitualmente criticada por los grupos ecologistas. Sin embargo, la maniobra de bunkering es legal y también la realizan los puertos cercanos de Algeciras o Tánger.

Verdemar estima en la zona se reposta “entre cinco y siete millones de toneladas de combustible al año”, según denuncia Muñoz. La queja de los ecologistas se centra principalmente en la peligrosidad de que cualquier error desemboque en vertidos como los registrados este martes. De ahí que en los últimos años se haya intentado reforzar la seguridad en los repostajes con diversos mecanismos de control y monitoreo para evitar fugas. “No deberían darse, efectivamente, pero siempre hay alguna posibilidad de que algo falle (normalmente es un error humano, de hecho)”, apunta una fuente española conocedora de este tipo de procedimientos. Muñoz abunda que “la escasa tripulación” que lleva este tipo de embarcaciones suele estar detrás de este tipo de accidentes, aunque por ahora se desconocen las causas concretas de este accidente. “Suerte que el Hércules 500 [el buque gasolinera que se ha encargado de esta maniobra, según el ecologista] ha estado rápido y ha cerrado el repostaje sino podríamos estar en una situación mucho peor”, añade el portavoz de Verdemar.

No es la primera vez en los últimos tiempos que un suceso en el mar en las inmediaciones de Gibraltar obliga a cerrar su puerto y desemboca en vertidos. Hace casi un año, un choque entre dos buques derivó en el naufragio del OS35, un mercante cargado de barras de acero que acabó semihundido y partido por la mitad en las inmediaciones de Catalan Bay, una bahía natural de Gibraltar cercana a su cara de levante. El accidente provocó que se tuviesen que retirar del interior del granelero y de las inmediaciones más de 331.000 litros de fuel, combustibles y aceites. Las manchas de fuel llegaron hasta la costa gibraltareña y la española y fue necesario cerrar los caladeros de pesca cercanos.

El accidente llevó a detener al capitán por no cumplir en un primer momento las indicaciones de la Autoridad Portuaria de Gibraltar. También supuso la puesta en marcha de un ambicioso plan de desmantelamiento y retirada del buque, que supuso todo un reto logístico que requirió la llegada de maquinaria y buques especializados desde distintas partes del mundo. Finalmente, y después de demorarse dos meses con respecto a la fecha prevista, el pasado 28 de julio concluyeron los trabajos de izado y traslado del pecio con la retirada de una de las dos mitades que quedaban aún en la zona.

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Sobre la firma

Jesús A. Cañas
Es corresponsal de EL PAÍS en Cádiz desde 2016. Antes trabajó para periódicos del grupo Vocento. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Sevilla y es Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico por la US y el IAPH. En 2019, recibió el premio Cádiz de Periodismo por uno de sus trabajos sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.

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