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Navarra, a la cabeza del país en la edad media del inicio al consumo de alcohol, tabaco y cannabis

Existen diversos factores que explican la edad más temprana en esta comunidad para probar estas drogas, como el mayor poder adquisitivo o la costumbre de los jóvenes de alquilar locales para reunirse

Tabaco Pamplona
Una mujer, fumando en una terraza de Pamplona en agosto de 2020.Jesús Diges (EFE)

Han pasado ya muchos años desde que Martín lanzó una llamada de auxilio y comenzó a acudir a las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Hoy en día, a pesar de que lleva décadas sin probar una gota de alcohol, sigue asistiendo a las reuniones “con regularidad porque la cosa que más nos salvaguarda es poder ayudar a otras personas, es lo que más inmunidad te da”. Martín comenzó a beber a los 14 años, en un momento en el que “se bebía mucho, se txikiteaba mucho”. Probar por primera vez el alcohol a esa edad no es una excepción. Ya lo apuntan diversos estudios. El último, la encuesta sobre consumo de alcohol y otras drogas entre la población española (Edades) hasta los 64 años elaborado por el Ministerio de Sanidad, que apunta a que, de media, la juventud prueba el alcohol por primera vez a los 16,5 años. Otros informes, como Estudes (1994-2021) señalaban hace ya unos meses en la misma dirección, al constatar que los jóvenes españoles se inician en el consumo de esta sustancia entre los 13 y los 15 años de media.

Teniendo en cuenta el trabajo más reciente del ministerio, Edades, Navarra es la única comunidad que aparece en primer lugar en los tres indicadores del inicio del consumo de alcohol, tabaco y cannabis. En el caso del alcohol, este estudio calcula que la juventud navarra lo prueba por primera vez a los 15,9 años, igual que la valenciana (el informe Estudes baja la edad en Navarra hasta los 13,6 años). Los más tardíos son los jóvenes de Ceuta y Melilla que, de media, la prueban a los 17,3 años. En este indicador, preocupa sobre todo la prevalencia. A excepción de Melilla, en el resto de comunidades, al menos seis de cada 10 personas han consumido alcohol en el último mes. Se constata también la prevalencia en los últimos 12 meses de las intoxicaciones etílicas agudas, siendo Navarra (27,5%) y Canarias (25,6%) las que más de estas borracheras registran.

Al fijarnos en el tabaco, las estadísticas apuntan a que, de nuevo, las comunidades navarra y valenciana —a las que se suma, en este caso, también Castilla y León— son las más precoces. La edad media a la que empiezan a fumar los jóvenes en estas regiones son los 16,1 años, frente a los 16,6 del resto de España. No obstante, es cierto que este indicador señala la edad con la que se prueba por primera vez el tabaco, pero los fumadores habituales comienzan a serlo un poco después. A excepción de Canarias, Castilla y León y Castilla-La Mancha, donde se habitúan a fumar a partir de los 17,5 años, en el resto de autonomías, lo adoptan como hábito diario, una vez cumplida la mayoría de edad.

En cuanto al cannabis, Navarra y Castilla-La Mancha tienen una edad de inicio al consumo establecida en los 17 años y medio, mientras que en el resto de las comunidades autónomas es superior, por encima de la mayoría de edad.

Estos datos tienen sus consecuencias. Cada vez son más los jóvenes de entre 30 y 40 años que se acercan a Alcohólicos Anónimos al reconocer que tienen un problema porque “abusan de la cocaína, de los porros, del alcohol”, ejemplifica Martín, que recuerda que hay grupos de apoyo específicos para las personas adictas a cualquiera de estas sustancias. Es más, existen también para las familias, para los amigos, porque, asegura, las adicciones no son problema de uno solo, también de su entorno. “Según nuestra experiencia, un alcohólico puede afectar, de media, a cinco personas que necesitarían tratarse”.

No obstante, diversos expertos lanzan un mensaje más tranquilizador. La mayoría de los menores que consumen por primera vez este tipo de sustancias no terminan siendo adictos; aunque, apunta Garikoitz Mendigutxia, director de Suspertu, el programa de Proyecto Hombre enfocado a adolescentes, “cuanto antes se inicien los consumos, más riesgo existe de que alguien acabe teniendo problemas”. Martín añade que “es muy preocupante, porque son mentes que no son maduras y que encuentran con este consumo respuesta a sus carencias personales. A mí me pasó. Llegué con más de 30 años a Alcohólicos Anónimos y me di cuenta de que mi mentalidad era de 14″.

Estadísticas que, de nuevo, obligan a analizar por qué en unas comunidades hay peores indicadores que en otras. Existen varios factores que pueden explicar por qué históricamente la juventud navarra se ha adelantado a otras regiones en el consumo de sustancias psicoactivas. Entre ellos, destaca, por ejemplo, la capacidad adquisitiva de las familias, señala Manolo Rodríguez, decano del Colegio de Sociología y Politología de Navarra, superior a otras comunidades. Además, hay otro factor fundamental, el cultural. En Navarra existe la costumbre de que la juventud alquile locales, también denominados cuartos, bajeras o piperos. Pasan muchas horas en ellos y allí se produce un consumo oculto, detalla Alfonso Arteaga, psicólogo y profesor de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), dado que los adultos tienen mucho más complicado supervisar lo que ocurre.

Responsabilidad de los adultos

En cualquier caso, Mendigutxia apunta a la responsabilidad social de los adultos. “Normalmente, se tiende mucho a culpabilizar, como si los menores tuvieran unos factores de riesgo específicos en Navarra que los llevaran a consumir más”, explica, pero es preciso desterrar este discurso porque “los menores no inician estos consumos desde un punto de vista racional, en función de la información que tienen o por factores individuales, sino que lo hacen en un contexto social. Lo hacen con su grupo de iguales, en función de lo que ven en sus mayores. Tenemos una responsabilidad como sociedad”.

Por su parte, Arteaga lanza un aviso a las instituciones locales y autonómicas: existe un déficit de áreas de ocio saludables. “Las entidades deberían tener en mente fomentar espacios en los que los chavales tengan alternativas que vayan más allá del puro deporte para que puedan desarrollar su tiempo libre, sin que esté ligado siempre al consumo”. Arteaga propone la creación de lugares gratuitos para que la juventud con inquietudes musicales pueda ensayar. Cabe destacar que esta falta de espacios es más notable en regiones donde la climatología es frecuentemente adversa y las alternativas de ocio, fuera de centros comerciales, cines y otros espacios de consumo, escasas.

No hay que olvidarse de la prevención, señala Arteaga, porque “no preocupa tanto que prueben el alcohol o el cannabis, sino cómo están ellos por dentro para gestionar ese inicio en el consumo”. De ahí que sea imprescindible promover programas de prevención, de fomento de las habilidades sociales. Hay que formar a la ciudadanía, concluye Martín, porque “el alcoholismo es una enfermedad como cualquier otra que tiene un tratamiento, unas consecuencias y hay que saberlo. El alcohol puede ser un arma mortal si no sabemos lo que tenemos entre manos”. Martín lanza un mensaje de esperanza: “Yo fui un borracho, pero cuando salí, era un alcohólico”, comenta sobre la importancia de aceptar que el abuso de esta droga es una enfermedad. “Yo me recuperé, recuperé mi vida y a mi familia”.

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