Foro Dar Voz al Silencio

El sistema sanitario no puede por sí solo abordar un problema multifactorial como son los trastornos mentales. Hay que corresponsabilizar a la sociedad, tener en cuenta el género y llegar a los jóvenes

Víctor Perez Solá, Rafael Sotoca, Maribel Rodríguez y Vicente Gasull hablan con Marta González Novo durante la segunda edición del foro Dar Voz al Silencio, celebrado el pasado jueves en Madrid, y organizado por EL PAÍS y Janssen.Foto: Santi Burgos

El último caso de ideación suicida que ha visto Vicente Gasull, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), pudo ser detectado, y evitado, gracias a la voz de alarma de una compañera de trabajo, que se percató de que su colega subía a la azotea y se asomaba a la barandilla en la hora del almuerzo. Tejer redes afectivas, “que nos sirvan de colchón cuando perdemos el pie”, como dice Rafael Sotoca, gerente del Servicio Cántabro de Salud, es una de las necesidades detectadas en el evento Dar voz al silencio, organizado por EL PAÍS y la farmacéutica Janssen, para hablar en voz alta de salud mental, depresión y suicidio. Pero hay muchas más: poner el foco, y el esfuerzo, en la prevención; ser capaces de llegar a mujeres y a jóvenes, dos colectivos vulnerables y desatendidos. Y normalizar. “Un 25% de la población sufre o sufrirá algún tipo de trastorno mental. Nos puede pasar a cualquiera”, subraya Víctor Perez Solá, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental.

“La salud mental requiere la combinación de un abordaje psicosocial y otro biológico”, recordaba Luis Díaz-Rubio Amate, director general de Janssen España, durante la bienvenida al foro, poniendo encima de la mesa la complejidad de un problema multifactorial. Por eso su tratamiento es tan costoso. “Un medicamento en este campo tarda entre 10 y 15 años en salir al mercado, mientras que uno oncológico, o cardiovascular necesita entre 5 y 7 años”, compara Pérez Solá. Y también lo es la prevención, ya que requiere medidas en el ámbito educativo, familiar, laboral y social, con una reducción significativa de la violencia, en todas sus manifestaciones, y una mejora de la calidad de vida de las personas.

Luis Díaz-Rubio Amate, director general de Janssen España.
Luis Díaz-Rubio Amate, director general de Janssen España. Santi Burgos

“No puede ser que una persona que ha estado incapacitada temporalmente por una depresión vuelva al trabajo y se le exija que esté al 100%; debería haber una transición”, reclama Maribel Rodríguez, gerente de ES+Salud Mental. “Trabajar en prevención de trastornos mentales es una inversión para las empresas”, recuerda. En general, cada euro destinado a prevención ahorra cinco para el futuro, según subrayan los especialistas. Pero, tras dos años de pandemia y un presente ensombrecido por la guerra de Ucrania, las noticias sobre una inminente recesión económica, la crisis climática o las emergencias humanitarias, lo cierto es que el sistema sanitario (cuya calidad es destacada varias veces durante los debates), sencillamente no está dando abasto para atender la demanda y evitar que la bola de los trastornos mentales se haga más y más grande.

Faltan recursos, formación y psiquiatras en la sanidad pública, sobre todo infanto-juveniles, aunque la próxima convocatoria MIR incluye 20 plazas en esta especialidad. Falta incorporar tecnología para ayudar en la atención, innovar, llegar a los jóvenes a través de las redes sociales, TikTok si es necesario. Falta hacer copartícipe y responsable a toda la sociedad. “En la Alianza Europea contra la Depresión hicimos una encuesta sobre quiénes eran las personas de referencia más importantes a la hora de evitar un suicidio, y salió que eran los peluqueros”, informa Pérez Solá. Gente cercana, que escucha y conoce las cuitas de sus clientes, que quizás no tienen a nadie más para desahogarse. “Uno de cada tres ciudadanos padece de soledad”, precisa Gasull, particularmente entre el colectivo de mayores. “Estadísticamente, quien sufre soledad, ya sea como síntoma aislado o dentro de un cuadro depresivo, tiene un 26% más de riesgo de mortalidad”, remacha.

Carolina Darias, ministra de Sanidad del Gobierno de España.
Carolina Darias, ministra de Sanidad del Gobierno de España. Santi Burgos

En la primera edición de Dar voz al silencio, en 2021, celebrada también en los alrededores del 10 de septiembre (Día Mundial para la Prevención del Suicidio), la ministra de Sanidad, Carolina Darias, anunció una Estrategia de Salud Mental, que se aprobó finalmente en diciembre de 2021. Tiene vigencia hasta 2026, y una dotación presupuestaria de 100 millones de euros hasta 2024. “Se basa en cuatro pilares: detección, prevención, tratamiento y recuperación”, enumera la ministra, y ya está dando algunos frutos, como el Teléfono 024 o Línea de Atención a la Conducta Suicida, puesta en marcha en mayo. En estos cuatro meses ha atendido más de 43.000 llamadas, de las que 1.700 fueron derivadas a los servicios de emergencia, y ha evitado más de 700 suicidios en curso, según informa Darias. Llaman más mujeres de hombres, menores de 30 años en más del 30% de los casos, y mucho profesorado pidiendo herramientas y pautas para detectar señales de alarma que requieren intervención.

El género como factor de riesgo

Hemos avanzado, eso ningún contertulio lo pone en duda. Pero colectivos vulnerables, sobre todo mayores, jóvenes y mujeres, se le siguen escapando al sistema por las costuras. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre los muchos factores que influyen en la salud mental, como la genética o la clase social, el género se sitúa como un factor determinante. Las mujeres sufren depresión el doble que los hombres, y un mayor número de intentos de suicidio, mientras que los hombres tienen más posibilidades de caer en el alcoholismo y otras adicciones, y una mayor tasa de suicidios consumados. “Aunque las jóvenes están asumiendo patrones masculinos”, puntualiza Sandra Bernal, psicóloga y colaboradora de Hoy por Hoy de Cadena SER.

Desde la izquierda: Sandra Bernal, psicóloga y colaboradora de Hoy por Hoy de Cadena SER; María Fe Bravo, jefa de Psiquiatría, Psicología Clínica y Salud Mental del Hospital La Paz; y Graciela Rodríguez, psicóloga de la Asociación Vizcaína de Familiares y Personas con Enfermedad Mental
Desde la izquierda: Sandra Bernal, psicóloga y colaboradora de Hoy por Hoy de Cadena SER; María Fe Bravo, jefa de Psiquiatría, Psicología Clínica y Salud Mental del Hospital La Paz; y Graciela Rodríguez, psicóloga de la Asociación Vizcaína de Familiares y Personas con Enfermedad Mental Santi Burgos

Habría, por lo tanto, que tender hacia una gestión diferenciada y especializada por género, según defiende María Fe Bravo, jefa de Psiquiatría, Psicología Clínica y Salud Mental del Hospital La Paz. Poniendo en la balanza, con el mismo peso, cuestiones biológicas y hormonales (como el síndrome premenstrual, o el postparto), pero también sociales. “El estado civil, en los hombre es un factor de protección; quienes viven en pareja tienen menos posibilidades de desarrollar un trastorno mental que los solteros. Cosa que no ocurre en las mujeres: las casadas de mediana edad tienen mayor morbilidad psiquiátrica que las solteras, y la explicación es la falta de conciliación o las cargas familiares”, refiere Bernal. El cóctel se agrava si se le suman las situaciones de violencia (física y sexual) y las relaciones tóxicas, de las que las mujeres son las víctimas mayoritarias.

“La violencia de género o el abuso sexual son tan predictivos de un trastorno mental como el bullying”, compara Graciela Rodríguez, psicóloga de la Asociación Vizcaína de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (AVIFES). No olvidemos que la tasa de suicidios se dispara entre las mujeres que sufren violencia de género. Las expertas coinciden en que, por regla general, las mujeres hablan de lo que les pasa más que los hombres. Con la vecina, con su peluquera o con su médico de Atención Primaria. Pero cuando las cosas empeoran, se retraen, o al menos eso es lo que se detecta desde el servicio de atención de AVIFES, al que acuden menos mujeres que hombres. “Es frecuente que las mujeres con trastorno mental grave se queden en casa, mientras que a los hombres se les empuja a utilizar este recurso”, diferencia Rodríguez, que recuerda que los estereotipos de género también hacen daño a los varones. “No saben expresar lo que les pasa; necesitan reconocer y validar sus emociones”, explica. “Qué importante es el apoyo social frente a la soledad y el aislamiento, y aprender a gestionar las emociones”, enfatiza Bravo.

Frases

“Es el momento para acelerar la innovación en salud mental, pero requiere foco, incentivos y un acceso equitativo”. Luis Díaz-Rubio Amate. Director general de Janssen España.
“Tenemos que estar en las redes sociales. No conducirlas nosotros, pero sí estar sentados al lado de los youtubers que las llevan”. Víctor Perez Solá. Presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental.
“La prevención es tan compleja como las causas de la enfermedad. Hay que esforzarse en aspectos asistenciales, educativos y relacionados con la violencia en todos sus ámbitos”. Rafael Sotoca. Gerente del Servicio Cántabro de Salud.
“Hemos creado una sociedad poco acostumbrada a la frustración”. Vicente Gasull. Coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN).
“Las empresas se ahorrarían mucho dinero cuidando la salud de sus trabajadores”. Maribel Rodríguez. Gerente de ES+Salud Mental.
“Ante un problema, a las mujeres nos enseñan a callarnos y rumiarlo, y a los hombres, a evadirlo, lo que  les crea menos presión”. Sandra Bernal. Psicóloga y colaboradora de Hoy por Hoy de Cadena SER. 
“Cuando hay violencia de género, la tasa de suicidio entre las mujeres se dispara”. Graciela Rodríguez. Psicóloga de la Asociación Vizcaína de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (AVIFES). 
“El 024 ha evitado más de 700 suicidios en curso”. Carolina Darias. Ministra de Sanidad.

Anaju, cantante.
Anaju, cantante.Santi Burgos

Anaju: “He llegado a pasar 12 horas en aplicaciones de redes sociales”

Se suponía que a Anaju, como al resto de participantes de la edición 2020 de Operación Triunfo, la iban a preparar para que digiriera que, durante los tres meses de encierro en la academia, sin móvil ni redes sociales, la chica de Alcañiz (Teruel) con unos 200 seguidores en Instagram había pasado, a sus 25 años a ser un personaje público con más de 400.000 seguidores. Pero no pudo ser porque, debido a la pandemia, se tuvieron que ir a sus casas de un día para otro. “De repente me encontré con que me seguía un montón de gente a quien no conocía, pero que lo sabía todo de mi”, recuerda. Algunos le decían cosas bonitas y otros la odiaban. “Se me quedó grabada una frase que nos dijo la directora de la academia, Noemi Galera, cuando nos tuvimos que ir: ‘Vais a salir a un mundo hostil pero, ni todo lo bueno es tan bueno, ni todo lo malo es tan malo”. Aún así, Anaju se tiró los tres o cuatro primeros días de vuelta a casa en su habitación, debajo de las sábanas, viendo a través de su móvil todo lo que había ocurrido en aquellos dos meses de ausencia. “Llegué a pasar 11 y 12 horas al día en aplicaciones de redes sociales”, admite. Hasta que tomó conciencia y comenzó a autocuidarse y a imponerse límites. Aún tiene que ponerse una alarma en el móvil para que la avise cuando lleva dos horas conectada. Y está aprendiendo a gestionar la presión, y a asumir los costes de no plegarse a la inmediatez (menos likes, menos followers). “Te da la sensación de que las redes sociales son tu única realidad, pero es mentira”, subraya.

Damián Quintero, karateca y medallista olímpico.
Damián Quintero, karateca y medallista olímpico.Santi Burgos

Damián Quintero: “La mente es la que te va a hacer campeón”

25 metales europeos, 6 medallas mundiales y plata en los Juegos Olímpicos de Tokio. Para lograrlo, el karateca Damián Quintero entrena lo mismo el cuerpo que la mente, que “es la que te va a hacer campeón, o no”. Generalmente habla con su psicólogo, Pablo del Río, todas las semanas, más cuando se acerca una competición importante. La presión por ser el mejor, sumada al confinamiento y las noticias confusas sobre si habría o no Juegos en Tokio, y cuándo, le hicieron mella, según recuerda. “Me derrumbé”, admite con naturalidad. Su psicólogo le ayudó a manejar su ansiedad haciéndole entender que había cosas que podía controlar –como estar concentrado y entrenar– y otras que no, de las que lo mejor era olvidarse. La tarde de su primer día en Tokio, en la que se quedó, y se sintió, solo, le entró otro ataque de pánico y ansiedad. “Me acojoné”, resume. De nuevo su psicólogo consiguió que se relajara. “A los deportistas nos da miedo hablar de cómo estamos mentalmente, parece que es como si demostraras debilidad. Nadie pone en sus redes sociales un mal entrenamiento, quizás por no sentirnos fracasados. Pero todos tenemos momentos malos, y lo mejor es darle normalidad”, reflexiona.

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