El conde de Atarés asesinó a su mujer el día en que se disponía a abandonarle

Fernando González de Castejón disparó a su esposa y a la amiga que la acompañaba cuando tenían las maletas hechas

Momento en que los sanitarios se llevan uno de los tres cuerpos sin vida, tras el crimen en el número 205 de la calle de Serrano de Madrid.Foto: EFE | Vídeo: EPV

La bronca comenzó la noche del domingo. “Hacia las 23.00 empezaron los ruidos”, según relataron los vecinos a la policía. “Golpes y gritos habituales” en ese primer piso del 205 de la calle de Serrano de Madrid. Pero hacia la una de la madrugada percibieron “tres sonidos secos”. Fernando González de Castejón, de 53 años, conde de Atarés y marqués de Perijáa, presumiblemente cogió su pistola Luger, una emblemática arma alemana de la II Guerra Mundial para la que no tenía licencia, y mató con dos tiros a quemarropa a su mujer de 44 años y a una amiga que la acompañaba (de 70), y luego se pegó un tiro en la boca. Según fuentes de la investigación, la pareja estaba en proceso de separación, pero ese día la mujer había hecho las maletas y se disponía a abandonarle. Una vez más, el momento de mayor riesgo vuelve a ser cuando ella decide poner fin a la relación.

El cuerpo de su esposa, con un tiro en la cara, fue hallado el lunes por la mañana en la cocina de la vivienda, después de que el portero de la finca viese el cadáver por la ventana y alertase a la policía. Los investigadores creen que González de Castejón después se dirigió al salón, donde se encontraba la amiga, que “pasaba temporadas en la casa”, y le disparó en la cabeza. Acto seguido, el conde se disparó y cayó desplomado sobre la mujer, quedando el arma a sus pies, según describieron la escena del crimen fuentes de la investigación.

Los agentes sospechan que la amiga acompañaba a su esposa, temerosa por las violentas reacciones de su marido. No en vano, la policía había actuado de oficio ya en una ocasión, en 2018, por los malos tratos de González de Castejón a su mujer, que no pertenecía al círculo aristocrático. Ella, posteriormente, retiró la denuncia y volvió a vivir con él.

La hija de la pareja, de solo 10 años, regresaba el mismo día de los hechos de París, adonde había ido a pasar unos días con una amiga y sus padres, según las mismas fuentes. La menor se encuentra ahora bajo la custodia de un familiar.

El carácter violento e impulsivo de “el conde”, como le llamaban en el barrio, era por todos los vecinos conocido. Le habían visto pegando tiros a una diana en un patio interior del edificio, había amenazado verbalmente a quien le había recriminado sus comportamientos, le habían oído cantar el Cara al sol, o le habían visto por la tele despotricando contra toda clase de políticos e instituciones cuando le bloquearon sus fondos (”740.000 euros”, aseguraba) con la intervención del Banco Madrid. Los investigadores descartan, no obstante, que tuviese problemas económicos.

Ni su agresividad ni las denuncias que su hermana y su madre presentaron contra él en 2009 por malos tratos, y que conllevaron una orden de alejamiento de ellas, fueron impedimento para que tuviese una colección de siete armas en una vitrina, “antiguas e históricas (unas avancarga —cargada por la boca del cañón—, otras de la II Guerra Mundial...), posiblemente transmitidas por familiares o amigos”, sospechan los investigadores. En todo caso, “aptas para su uso”, como demuestra el doble asesinato perpetrado y su posterior suicidio, pero sin ninguna clase de licencia para ninguna de ellas.

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Sobre la firma

Patricia Ortega Dolz

Es reportera de EL PAÍS desde 2001, especializada en Interior (Seguridad, Sucesos y Terrorismo). Ha desarrollado su carrera en este diario en distintas secciones: Local, Nacional, Domingo, o Revista, cultivando principalmente el género del Reportaje, ahora también audiovisual. Ha vivido en Nueva York y Shanghai y es autora de "Madrid en 20 vinos".

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