Johnny Depp, en el juzgado: “Nunca he golpeado a una mujer en mi vida”

El intérprete testifica ante el tribunal que estudia la demanda por difamación a su expareja, la actriz Amber Heard, que lo acusa de malos tratos

Johnny Depp en el tribunal del condado de Fairfax (Virginia), a las afueras de Washington, durante el octavo día del juicio que lo enfrenta por difamación a su expareja, Amber Heard.
Johnny Depp en el tribunal del condado de Fairfax (Virginia), a las afueras de Washington, durante el octavo día del juicio que lo enfrenta por difamación a su expareja, Amber Heard.JIM WATSON (AP)

“Es muy raro cuando un día eres Cenicienta y en cero coma te conviertes en Quasimodo”. Con esa referencia a dos personajes de fantasía, algo así como el yin y el yan del universo Disney, el actor Johnny Depp ha descrito este martes ante los siete miembros de un jurado popular el viaje que hizo su reputación en la industria de Hollywood entre el antes y el después de la denuncia de la actriz Amber Heard, con la que se casó en 2015. La relación duró 15 meses y, poco después de terminada, ella lo acusó de malos tratos (que incluían, según la citada denuncia, patadas, bofetadas y el lanzamiento de objetos como una botella de vodka) ocurridos en el domicilio conyugal, en Los Ángeles. Él lo niega desde entonces.

En el rosario de citas ante los tribunales que ha seguido a aquella ruptura, la última empezó la semana pasada en Estados Unidos y tiene su origen en una demanda del actor. Pide 50 millones de dólares (47 millones de euros) por difamación por un artículo de opinión en el que Heard, de 35 años, hablaba de lo que le había supuesto convertirse en “una figura pública que representaba el abuso doméstico”. Lo publicó en el diario The Washington Post en 2018. Y de ahí el poco glamuroso lugar en el que ha declarado Depp: un juzgado en el condado de Fairfax, en el Estado de Virginia, que en la práctica es uno de los suburbios para familias que rodean la capital federal.

En el texto, Heard no citaba el nombre de Depp, de 58 años, pero este considera que su publicación hizo que las acusaciones “permearan en la industria” y que eso le trajo problemas como la suspensión de su participación en la franquicia Piratas del Caribe, fenomenal negocio de, precisamente, la multinacional Disney, que tanta fama y alegrías financieras le había traído durante los 15 años anteriores. La demanda también arguye que Heard se aprovechó de la publicidad obtenida con el ensayo del Post para promocionar su taquillazo Aquaman, que recaudó unos 1.000 millones de dólares en todo el mundo.

En respuesta a esta querella, Heard contestó con una denuncia cruzada por 100 millones de dólares por los daños y perjuicios que, asegura, le han ocasionado las “calumnias” vertidas contra ella por el equipo legal de Depp. Ambas se juzgan estos días en Fairfax, en un proceso que se calcula que durará unas cinco semanas más.

Vestido con traje y camisa negros y una corbata con arabescos, con coleta y pendientes de bucanero, Depp ha hablado despaciosamente, en un tono monocorde; no estaba claro si quería agotar la paciencia de los presentes (o la de Heard, que estaba en la sala y miraba con obstinación al frente) o si más bien pretendía dar la sensación de estar calculando cada una de sus palabras.

“Mi objetivo es la verdad”, ha dicho poco después de comenzar su larga declaración el actor. “Me mata que todos los que me han conocido a lo largo de los años... que toda esa gente pensara que yo era un fraude. (…) Hoy es mi primera oportunidad de hablar sobre este caso íntegramente y por primera vez. Siento la responsabilidad de limpiar mi reputación... No me la merezco, tampoco mis hijos ni las personas que han creído en mí todos estos años”.

Depp reconoció en su testimonio, que continuará este miércoles, que él y Heard tuvieron discusiones durante su relación, pero afirmó tajante: “Nunca llegué al punto de golpearla de ninguna manera como tampoco he golpeado a ninguna otra mujer en mi vida”. Después ha calificado las acusaciones de su expareja como “inquietantes y atroces”, “sin base en ningún tipo de verdad”. Ambos anunciaron su divorcio en agosto de 2016 con una declaración conjunta que decía: “Nuestra relación fue intensamente apasionada y, a veces, volátil, pero siempre [estuvo] regida por el amor”.

El intérprete también se ha extendido, a preguntas de sus abogados, sobre la que ha descrito como una desdichada infancia en Kentucky. Ha culpado a su madre, Betty Sue Palmer, fallecida en 2016, de “abuso verbal, insultos y acoso”. “Aprovechaba”, ha dicho, “cualquier oportunidad para ser todo lo cruel que podía”, y ha añadido que lo golpeaba “con ceniceros, con zapatos de tacón o con un teléfono”. Y después se ha lanzado a una detallada descripción de su relación con las drogas, que, ha dicho, empezó con las “pastillas para los nervios” que le sisaba a su madre con 11 años. Nunca tomó estupefacientes “con la intención de ir de fiesta” (“eran la clase de drogas que te metes para estar bien, no para divertirte”), y desde que superó la adicción a los opiáceos, concretamente al Roxicodone, que empezó a tomar por una lesión en el rodaje de la cuarta parte de Piratas del Caribe, nunca ha vuelto a probarlos. “Me picó la serpiente, y cuando eso sucede, antes de darte cuenta ya tienes al mono colgado de tu espalda, dispuesto a quedarse”, ha dicho.

Hace un año, un tribunal británico sentenció en firme contra la pretensión de Depp de hacer pagar al diario británico The Sun por haberle llamado “maltratador de esposas”. El actor siempre ha negado las acusaciones de su exesposa, pese a que ese mismo tribunal londinense determinó que existían “abrumadoras evidencias” de que agredió a Heard en una docena de ocasiones y que la llevó a “temer por su vida” hasta tres veces.

Desde que comenzó el juicio la semana pasada, varios testigos han hablado sobre el abuso del alcohol y las drogas de la pareja. También han relatado constantes peleas entre ambos. La terapeuta matrimonial Laurel Anderson, que trató su relación agonizante, describió la dinámica conyugal como de “abuso mutuo”, según Associated Press.

Heard publicó en sus redes sociales una nota antes del comienzo del juicio de Virginia en la que recordaba que en el artículo del Post no nombraba a su exmarido. “Escribí sobre el precio que pagan las mujeres que se enfrentan a los hombres con poder. Sigo pagando ese precio, pero espero que cuando este caso concluya, pueda seguir adelante y también [pueda hacerlo] Johnny”, escribió. “Siempre he mantenido mi amor por él y me causa un gran dolor tener que revivir ante todo el mundo los detalles de nuestra vida pasada en común”.

Sobre la firma

Iker Seisdedos

Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.

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