La vacunación se anima en España tras el aumento de la incidencia y la posible ampliación del certificado covid

En el país se pusieron más de 72.000 primeras dosis en la última semana, un 25% más que los siete días anteriores. Los pinchazos en general aumentan también por las inyecciones de refuerzo: cerca de cuatro millones de personas ya las han recibido

Fila de personas esperando para ser vacunadas este martes en el WiZink Center de Madrid.
Fila de personas esperando para ser vacunadas este martes en el WiZink Center de Madrid.Aitor Sol

La vacunación contra la covid se reanima en España. La cobertura vacunal roza el 80% de la población y se encuentra entre las mejores de Europa, pero todavía hay margen de mejora. El aluvión de pinchazos de los últimos meses tocó techo a finales de julio y fue descendiendo hasta finales de octubre, cuando volvió a despuntar. Aparte del incremento provocado por las dosis de refuerzo —ya se han inoculado casi cuatro millones a los colectivos prioritarios—, los datos del Ministerio de Sanidad revelan un auge también de las primeras vacunaciones, que coincide en el tiempo con el ascenso de la curva epidémica y el debate sobre la posible ampliación de los usos del pasaporte covid. En la última semana, se inyectaron 72.036 primeras dosis en España, un 25% más que la semana anterior. Los expertos abogan por seguir insistiendo en el pinchazo para combatir el azote de la nueva ola que asuela Europa —en España la situación está más controlada con 139 contagios por 100.000 habitantes a 14 días— y rechazan medidas agresivas, como la vacunación obligatoria, en el contexto español.

Las colas han vuelto a los vacunódromos y cada pinchazo —o la negativa a recibirlo— es una historia. María del Mar Voz (54 años) tiene muy claro que no se va a vacunar contra el coronavirus. “Me da un poco de miedo”, dice, en la cola del punto de vacunación habilitado por la Comunidad de Madrid en el pabellón WiZink Center de la capital. Ella no ha recibido el pinchazo, pero sí acaba de hacerlo su hija de 18 años, Azahara Martínez: “Tengo un viaje con mi clase a Navarra. Allí te piden el certificado para entrar en los bares [de momento no está en vigor, a la espera de resolución judicial]”. Podía haberse inmunizado hace meses, pero no lo ha hecho hasta ahora. “No me habría vacunado si no hubiera surgido este viaje. Estaba esperando a que se produjese un poco mejor [la vacuna] y que mejorase un poquito”, añade su amiga y compañera de viaje, Ivi Antoniuk, también de 18 años. Poco después sale de vacunarse Sara Molina, de 21 años. “Pasé el coronavirus en julio. Me tenía que haber puesto una dosis en 60 días, pero lo he ido retrasando”, explica. El principal motivo por el que se ha puesto la inyección es el aumento de casos: “Mi padre y mi hermano son personas de riesgo y no quiero que les pase nada por un error mío”. Pero apunta a otra razón: “Mi pareja vive en Irlanda. Si quiero verla, tengo que tener el certificado”.

Este martes por la tarde, la cola en el punto de vacunación era “mucho mayor que en semanas anteriores”, dice uno de los trabajadores encargados de organizar y ayudar a la multitud. Esta percepción se sustenta con los datos del Ministerio de Sanidad, que revelan un ligero incremento también de primeros pinchazos: en la última semana se han administrado más de 72.086 primeras dosis en toda España, mientras que las tres semanas anteriores se inocularon 57.500, 57.875 y 60.849, respectivamente. Este aumento coincide en el tiempo con un aumento en la incidencia del coronavirus, que ha pasado de 46 casos por 100.000 habitantes a 14 días el 25 de octubre a 139 este martes. Y también en los últimos días se ha reabierto el debate sobre la extensión del certificado de vacunación para acceder a determinados espacios, como los restaurantes o las discotecas.

Los expertos consultados coinciden en que todas esas variables pueden alentar la vacunación. “Es un crecimiento muy lento y para subir un punto es un drama, pero hay que seguir haciendo un esfuerzo por vacunar. Se está hablando con líderes comunitarios para que ayude a convencer a algunos colectivos reticentes y la subida de la incidencia seguro que ha influido en que alguno se haya vacunado. Los que quieren entrar en las discotecas y ven que pueden pedir el pasaporte covid se asustan y también están entrando a vacunarse”, relata Salvador Peiró, epidemiólogo de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio). Coincide Amós García, presidente de la Asociación Española de Vacunología: “Es razonable que haya un pequeño repunte de primeras dosis debido al incremento de la incidencia y también al runrún sobre nuevas medidas restrictivas, que pueden llevar a la gente a vacunarse”. Peiró agrega que también “hay cierta presión en ambientes laborales y la gente se mosquea con los no vacunados”.

La proximidad de los festivos, como el Puente de la Constitución o la Navidad, que implican reuniones familiares o viajes al extranjero, también animan a pincharse a los más rezagados. Como Yassine Lamtaraf, mozo de almacén de 31 años. A pesar de que las vacunas contra la covid cuentan con el aval de las agencias médicas y se ha demostrado que reducen la probabilidad de enfermar gravemente o morir a causa de la covid, Lamtaraf está muy en contra del fármaco. Habla, sin pruebas, de “gente que se ha quedado minusválida” y que “ya no puede tener relaciones sexuales”. Pero se acaba de inyectar la primera dosis: “Tengo a mi mujer embarazada en Marruecos y para entrar me piden el certificado. Me arriesgo para visitarla”. Ha acudido al WiZink con su amigo y compañero de trabajo Rabei Akrikezi (37): “Ves comentarios en Facebook que te dicen que con la vacuna te puede pasar esto o lo otro... Te echa para atrás. Si pudiera viajar a Marruecos habría esperado al menos un par de años para ponérmela, ver cómo afecta a largo plazo. Ojalá que estemos confundidos nosotros y ellos [las Administraciones] tengan razón”. Según los datos revelados por el Ministerio de Sanidad, las personas no vacunadas de entre 60 y 80 años tienen 25 veces más riesgo por covid que las que han completado la pauta vacunal.

El aumento de la incidencia del coronavirus en España está agitando el debate sobre la implantación generalizada del certificado covid, pero depende de cada comunidad autónoma. En algunas de las comunidades que han pedido permiso a la justicia para introducir el pasaporte covid se aprecia un ascenso evidente de primeras dosis. Es el caso de Euskadi (se inyectaron 3.797 primeros pinchazos en la última semana y 1.562 en la anterior) o Navarra (1.018 en la última semana y 628 en la anterior). En Madrid, que se plantea pedirlo, pero no ha acudido a los tribunales, también se advierte un claro ascenso: 19.346 en la última semana y 10.531 en la anterior. Pero también hay casos como el de Castilla-La Mancha, cuyo Gobierno rechaza implantar la medida y, sin embargo, ha registrado 3.962 primeras dosis en la última semana, más del doble que en la anterior (1.520).

“No sé si acabarán pidiendo el certificado para los bares, pero por si acaso prefiero tenerlo”, explica Eduardo (prefiere no revelar su apellido) tras recibir la primera dosis de la vacuna. Tiene 55 años, hace meses que se podía haber vacunado, pero no lo había hecho por “pereza”. “No veía la necesidad”, explica.

Tercera dosis

El grueso del incremento global de pinchazos se debe, no obstante, a las terceras dosis. Esto es, las inoculaciones de refuerzo dirigidas a personas inmunodeprimidas, ancianos de residencias, mayores de 70 años y personas que han recibido la vacuna monodosis de Janssen. Más del 55% de las personas mayores de 70 años y casi el 16% de los vacunados con Janssen ya tienen su dosis de refuerzo, aunque Peiró lamenta que el ritmo todavía es “lento”. “Las dosis de refuerzo aumentan bastante la protección. En mayores, es casi imprescindible. Y deberíamos ir con más alegría de lo que estamos yendo. Estamos vacunando de forma más lenta”.

La Comisión de Salud Pública aprobó este martes, además, incluir a los mayores de 60 y al personal sanitario y sociosanitario en los grupos prioritarios a recibir el pinchazo adicional. Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha pedido este miércoles dosis de refuerzo para todos los adultos, con prioridad para los mayores de 40. La media de cobertura vacunal en el conjunto de Europa es muy inferior a los datos de España. Según el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC), solo el 65,8% de la población europea ha completado la pauta vacunal. Peiró asume la petición de Von der Leyen como “un intento de frenar la transmisión en Europa a las puertas de un invierno muy difícil”. “Esta es la estrategia israelí: si no consigo subir la vacunación, refuerzo la protección de los que sí se vacunan e intento hacer un poco de pantalla. No es la situación de España, pero entiendo que quieran ir a la desesperada”.

García, por su parte, insta a mejorar la vacunación inicial de países con baja cobertura antes de enzarzarse en una tercera dosis global. “Hay que consolidar la dosis adicional en los grupos establecidos y ampliar el margen de mejora en la vacunación general. Hay que identificar las bajas coberturas porque pueden tener un origen múltiple: puede ser gente joven con baja percepción de riesgo, gente pasota, con miedo, marginales o con dificultades de acceso al sistema sanitario”, apunta.

En lo que coinciden los expertos y las administraciones es en no perder fuelle: “Vacunar, vacunar y vacunar sigue siendo el mejor camino”, decía este martes la ministra de Sanidad, Carolina Darias. Y no todos los que reciben la primera inyección actualmente y que podrían haberlo hecho antes sienten este rechazo hacia las vacunas. La casuística es muy variada: “Prefería vacunarme aquí, no en Cuba, que es donde vivía hasta hace poco. Tenía muy claro que me quería vacunar, pero en España”, explica Antonio José Cid, de 22 años. “Pasé el covid en junio, por eso he tardado más. Tenía ganas de vacunarme, al igual que mis amigos”, añade Carlos Santamera, de 17 años. “Tres amigos y yo nos contagiamos en el mismo brote. Ahora nos vamos juntos de viaje, así que nos vacunamos para poder coger el avión”, finaliza David Samaniego, de 24 años.

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