El futuro de las casas de 1.200 vecinos evacuados de La Laguna depende de que se desvíe la trayectoria de la lava

El Pevolca confinará a casi 3.000 personas de otros pueblos en cuanto la nueva lengua llegue al mar por los posibles gases tóxicos

El volcán de La Palma, fotografiado por la UME desde la localidad de El Paso.
El volcán de La Palma, fotografiado por la UME desde la localidad de El Paso.LUISMI ORTIZ (AFP)
Guillermo Vega
Santa Cruz de La Palma -

El volcán de La Palma está dando un relativo respiro. La mayor parte de coladas reciben menor aporte de lava, la explosividad ha decrecido, al igual que la emisión de dióxido de azufre (una de las variables que se estudian para evaluar la actividad del volcán). La erupción, sin embargo, mantiene toda su peligrosidad un mes después de su nacimiento.

De eso son plenamente conscientes los aproximadamente 1.200 vecinos de la localidad de La Laguna (Los Llanos de Aridane) que fueron evacuados en tres operaciones sucesivas desde el pasado día 12 de octubre. “La colada que se desgajó del polígono del Callejón de la Gata continúa en dirección al centro de La Laguna y sigue activa”, ha advertido este martes el director técnico del Pevolca, Miguel Ángel Morcuende.

Los científicos, sin embargo, han abierto una grieta de esperanza, basada en la intrincada orografía palmera. “No tenemos, sin embargo, seguridad de que llegue al centro del barrio”, completó Morcuende, “porque entre medias existen un par de vaguadas que pueden servir de canalización para que se desvíe al suroeste” y termine uniéndose a la colada que transcurre más al norte en su dirección al mar.

Este “sería el escenario ideal”, ha subrayado Morcuende, quien admitió no obstante que el Pevolca no guarda certeza alguna. Al menos por ahora. “Seguimos monitorizando y vigilando la colada para ver si realmente la colada discurre por esos cauces”, ha manifestado. “El peor escenario posible es que siguiera otra vaguada que alcanza el centro, lo que sabremos con toda seguridad en unas horas”.

El paso de las horas dibujaba un escenario más oscuro. El aporte de lava se ha incrementado durante la tarde estas coladas. Una de ellas, avanza lentamente a 175 metros al sur de la gasolinera DISA que se encuentra en el centro del barrio. La segunda, la 10, se situaba a las 21.00 (hora local) a 380 metros al noreste de la gasolinera y previsiblemente rebasará durante la noche el CEIP La Laguna, según informan fuentes oficiales.

Las gasolineras del casco en su momento se vaciaron de combustible y se rellenaron de agua para poder desgasificarlas. Ahora hay que vaciar el agua porque las explosiones que pueden ocasionar si la lava la alcanza serían muy peligrosas, similares a las de una olla a presión. Son tres depósitos de 40.000 litros en total (dos de 15 y uno de 10).

Gases tóxicos

Dentro de esa menor actividad, el volcán de Cumbre Vieja se desperezó algo de la apatía a eso de las 5.30 hora local y comenzó a emitir mayores cantidades de lava. Este aumento del caudal ha reactivado la lengua que discurre por el sur de Montaña de La Laguna. Esta es la que más opciones tiene de llegar al mar —a entre 30 y 120 metros, según el Instituto Vulcanológico de Canarias y el Pevolca— y avanza a una velocidad de entre 5 y 10 metros por hora. En cuanto llegue, el Pevolca decretará el confinamiento del núcleo urbano de Tazacorte, así como los barrios aledaños de San Borondón, Marina Alta, Marina Baja y La Condesa. En total, casi 3.000 personas. El motivo, la posible inhalación de gases nocivos como anhídrido carbónico.

La preocupación por la calidad del aire, en todo caso, no es exclusiva del municipio de Tazacorte. La inversión térmica reina en las islas, un fenómeno que se produce cuando la temperatura del aire crece a medida que este toma altitud, lo que provoca un tapón que evita la dispersión y hace que la contaminación quede atrapada cerca del suelo. A esta circunstancia se le suma la presencia de vientos locales que empuja la nube hacia cotas más altas y empeora el aire en las zonas más elevadas como El Paso y la persistente calima que, al menos en teoría, debería ir remitiendo a partir del miércoles, según la portavoz del comité científico del Pevolca, María José Blanco. La vulcanóloga no descarta que las cenizas puedan afectar a la operatividad del aeropuerto de La Palma este martes y durante las primeras horas del miércoles.

Mientras los científicos tratan de modelizar el comportamiento de la lava o de las cenizas, lo cierto es que esta sigue engordando la factura a la que habrá que hacer frente cuando decida apagarse. La superficie afectada por las coladas alcanza ya las 779, 89 hectáreas, 16,57 más que el lunes. La anchura máxima de estas coladas es de 2,9 kilómetros, una cifra muy similar a la del día anterior. Por otra parte, la afectación de la superficie de cultivos es de 234,26 hectáreas, 6,17 hectáreas más que el día anterior. De ellas, más de la mitad (133,42) son de plataneras.

La erupción sigue. Y sigue. Tanto Morcuende como Blanco han recalcado que no hay datos “hoy por hoy” que permitan intuir que el proceso eruptivo ha llegado a su fin. “Estamos lejos”, ha afirmado Blanco, a pesar de que la tasa de emisión de dióxido de azufre medida este lunes fuera de 9.938 toneladas y que este martes se haya reducido a 800. “Son valores altos, aunque menores”, ha abundado Blanco, quien ha señalado que hasta que este parámetro no descienda a entre 100 y 500 toneladas diarias no se puede pensar en el final.

Es más, si se alcanzasen esas cifras anheladas, entonces tampoco deberían malinterpretarse los datos. “Recuerden que el pasado 27 de septiembre se interrumpió la actividad volcánica por unas horas”, rememoró. “Aquello no significó nada. La erupción, incluso, se recrudeció”.

Sobre la firma

Guillermo Vega

Jefe de sección de Tecnología y corresponsal en Canarias. Escribe sobre el impacto de la tecnología y sobre lo que pasa en las islas. Trabajó en la Cadena Ser, Cinco Días y fue jefe de EL PAÍS Retina. Licenciado en Ciencias de la Información, diplomado en Traducción e Interpretación y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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