Vacunar a los niños: no es prioritario, pero hay que estar preparados

Los hospitales reclutan menores para estudiar la vacuna en los más pequeños, pero los expertos apuntan que no urge vacunarlos: el riesgo de enfermedad grave es ínfimo y son poco transmisores

Alejandra Gerardo, de nueve años, mira a su madre mientras la vacunan contra la covid en el hospital universitario de la Universidad de Duke. Alejandra y su hermana gemela Marisol son las primeras niñas en recibir la vacuna de Pfizer en EE UU.
Alejandra Gerardo, de nueve años, mira a su madre mientras la vacunan contra la covid en el hospital universitario de la Universidad de Duke. Alejandra y su hermana gemela Marisol son las primeras niñas en recibir la vacuna de Pfizer en EE UU.Shawn Rocco (Shawn Rocco/Duke Health)

La vacunación contra la covid empieza a mirar a los niños. La Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) ya ha validado el fármaco de Pfizer para mayores de 12 años y la farmacéutica ha comenzado una nueva fase de ensayos clínicos en niños aún más pequeños. Por ahora, el riesgo de enfermedad grave es ínfimo y los menores son poco transmisores, así que no hay prisa por vacunarlos, insisten los expertos consultados. No son un colectivo prioritario, pero hay que prepararse y avanzar con los ensayos clínicos, coinciden, por si la pandemia da una vuelta de tuerca y aparece una variante más peligrosa para los menores o estos se convierten en reservorios virales cuando los adultos estén vacunados.

Después de la validación de la EMA a partir de un estudio con más de 2.000 chavales en el que se concluyó que la vacuna de Pfizer es segura y eficaz a partir de los 12 años, el Ministerio de Sanidad ha abierto el primer melón y ha anunciado que quiere vacunar a los adolescentes de secundaria antes de que empiece el curso. Algunos países, como Alemania, Francia o Italia, han levantado ya las restricciones por edad a la vacunación y se puede pedir cita a partir de los 12 años, pero entre los expertos no hay un consenso claro. De hecho el comité de vacunas que asesora al Ejecutivo alemán (STIKO) ha recomendado inmunizar solo a los menores con enfermedades previas. “No sabemos cómo de segura es la vacuna en niños”, aseguró el pasado jueves el epidemiólogo y miembro de STIKO Rüdiger von Kries en una entrevista en el Frankfurter Allgemeine. Von Kries añadió que los datos sobre seguridad “aún son limitados”, que el número de participantes en el estudio fue pequeño y el tiempo de seguimiento “demasiado corto”, informa Elena G. Sevillano. “Como STIKO, tenemos que estar seguros de que el beneficio de la vacunación para los niños es mayor que el posible daño causado por cualquier complicación grave de la vacunación que pueda aparecer más tarde, especialmente en el caso de una enfermedad mucho más leve en los niños que en adultos”, concluyó el experto.

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Los especialistas consultados aseguran que los ensayos realizados y los procedimientos en marcha son los adecuados, pero coinciden en que antes de vacunar a los niños, hay que evaluar y hacer balance de los riesgos y los beneficios. “Cuando ya has aprobado la vacuna en adultos, para el estudio de escalada en niños no necesitas una muestra como la del ensayo fase III de adultos. Ahora bien, una cosa es que esté avalado el uso y otra es ver si es adecuado vacunarlos ahora”, apunta el pediatra y epidemiólogo de Isglobal, Quique Bassat. Coincide Pere Soler, jefe de Enfermedades Infecciosas Pediátricas del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona: “Hay que diferenciar la investigación de la aplicación poblacional”.

El Hospital de Santiago de Compostela es uno de los participantes en el nuevo estudio de la vacuna de Pfizer con menores de 12 años, donde se prevé reclutar a más de 4.000 niños de entre seis meses y 12 años. Unos 25 menores ya han recibido la primera dosis en el hospital compostelano. “El procedimiento que se sigue es el normal para demostrar la seguridad, la respuesta inmune y la eficacia clínica. Pero una cosa es que la vacuna cumpla los requisitos y la EMA lo incluya en la ficha técnica, y otra que eso signifique que se indique hacerlo. Ahora no es prioritario”, sostiene Federico Martinón, jefe del Servicio de Pediatría del centro sanitario santiagués.

El riesgo de enfermedad grave o muerte en los niños es muy bajo. Según el último informe del Instituto Carlos III, desde el fin del primer estado de alarma, más de 670.000 menores de 20 años han contraído la covid en España. Pero, de ellos, apenas 4.189 tuvieron que ser hospitalizados, 229 acabaron en cuidados intensivos y solo 22 fallecieron. “Hemos calculado que la Rt [la velocidad de transmisión del virus] para niños en los colegios es 0,3 [por cada 100 casos, se infectan 30 más]. En un contexto de uso de mascarillas y otras medidas de control, esto es la mitad de la Rt que trae el adolescente, que es 0,6. Los niños son menos eficaces transmitiendo”, insiste Bassat.

Ahora bien, que la covid no sea, en este momento, un problema de salud pública para los niños, no significa que no pueda llegar a serlo. Algunos expertos temen que, con el 70% de la población vacunada, los menores puedan convertirse en reservorios del virus. “Ese es el caso de otros virus, como el de la gripe. Pero con la covid, aunque se pueden infectar igual, su capacidad de transmisión es limitada. Siendo tan malos transmisores, lo más probable es que las cadenas de contagio se interrumpan por si solas y no sea necesario vacunarlos”, sostiene Bassat. Pero Martinón agrega: “Ahora no es prioritario, pero si dejas de vacunar a todos los menores de 15 años, dejarías al 25% de la población mundial sin vacunar y eso complicaría alcanzar la inmunidad de grupo”.

Los especialistas tampoco descartan que el virus de la covid pueda seguir mutando y volverse más agresivo en niños. “Los niños lo transmiten menos que nosotros, pero todo puede cambiar de hoy para mañana, que el virus mute y hacerse más contagioso. Es necesario tener la posibilidad de recurrir a la vacuna para poder usarla con seguridad en condiciones de necesidad”, apunta Manuel Gijón, pediatra en el Hospital 12 de octubre de Madrid. El médico, que también participa en el ensayo de Pfizer y reclutará a 60 niños en su hospital, recuerda que hay menores con patologías de base grave que urge vacunar para protegerlos del riesgo de una covid grave y alerta de que, aunque es poco frecuente, algunos niños han desarrollado el síndrome inflamatorio poscovid. “Este síndrome puede producirse durante la covid o después de pasarlo. Queda una respuesta inmunitaria latente tras estar en contacto con el virus y se produce una miocarditis, tensión arterial baja y afectación multiorgánica. En España se han detectado unos 200 casos”, apunta Gijón.

Pero Soler insiste, no obstante, en que lo urgente es vacunar a los adultos más vulnerables, sobre todo en un contexto de pandemia donde buena parte de los países en vías en desarrollo tiene un acceso muy limitado a las vacunas. “Pensar que la población pediátrica va a ser la que nos va a generar este problema, me parece poco plausible. Los adultos de países no vacunados tienen más riesgo de desarrollar una variante del virus que un adolescente de aquí”, zanja. Y reclama contextualizar la situación: “Creo que se está abriendo un melón que no toca. Israel ha confirmado un descenso de transmisión entre el grupo de cero a 10 años vacunando solo a la población adulta”.

Efectos secundarios

En cualquier caso, insisten los expertos, antes de decidir empezar la vacunación de los más pequeños, además de recopilar más evidencia científica sobre el riesgo-beneficio, habrá que hacer balance y contextualizar la situación. El ensayo de Pfizer en población pediátrica no ha demostrado efectos adversos, pero los expertos admiten que las anomalías muy poco frecuentes tampoco se verían en el estudio porque necesitas un número de participantes en el estudio muchísimo mayor —como sucedió con las raras trombosis en adultos vinculadas a la vacuna de AstraZeneca—. De hecho, el Centro de Control de Enfermedades estadounidense (CDC, por sus siglas en inglés) ha reportado 268 casos (entre 168 millones de dosis administradas) de inflamación del corazón —miocarditis y pericarditis— tras la administración de las vacunas de ARN mensajero (Pfizer y Moderna), sobre todo, en adolescentes varones y adultos jóvenes de 16 años o más. Los casos reportados respondieron bien al tratamiento y el CDC sigue recomendando la vacunación a este grupo de edad. La Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios también está evaluando estos cuadros de miocarditis detectados en España, aunque no ha especificado cuántos ha habido.

“El estudio de Pfizer en adolescentes no demostró efectos secundarios, pero el número de participantes era bajo para demostrar beneficio en niños. A partir del estudio en adultos, cabe pensar que es seguro, pero hay que ser cuidadosos con el tema de la miocarditis”, insiste Soler. El Vall d’Hebron iba a participar en ensayos con niños para la vacuna de Janssen y AstraZeneca, pero tras la detección de trombos asociados a la administración del fármaco, pararon los estudios. “Todo lo que dijimos de la prudencia con la vacunación a adolescentes, con la de los niños hay que tener más: porque siempre han estado por debajo del porcentaje de positividad, no juegan un papel principal en la transmisión, no sufren enfermedad grave y tampoco hay estudios sobre la vacuna en ellos”, zanja el pediatra.

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Jessica Mouzo

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

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