La crisis del coronavirus

Las distintas velocidades de la vacuna: 3,4 dosis por persona en los países ricos y solo media en los pobres

Mientras Israel ha vacunado al 53,5% de sus habitantes, en África apenas ha empezado la campaña. España ha inmunizado al 3,1%, casi igual que Italia o Portugal

Un sanitario inyecta la vacuna a una mujer en Maccabi (Israel).
Un sanitario inyecta la vacuna a una mujer en Maccabi (Israel).JACK GUEZ / AFP

En un mundo profundamente desigual, el reparto de la vacuna de la covid sigue un patrón muy similar al de la distribución de la riqueza. Los 1.236 millones de personas que viven en los países de altos ingresos han comprado a través de sus gobiernos 4.198 millones de vacunas, mientras que los más de 3.500 millones que residen en países de ingresos medios-bajos y bajos han encargado 713 millones, aunque también recibirán 1.110 millones de la iniciativa global Covax. Aun así, por cada ciudadano de un país rico hay encargadas 3,4 dosis y los de los pobres tocan a una inyección para cada dos personas, según datos recopilados por el Centro Duke de Innovación en Salud Global.

La promesa de algunos países ricos es repartir las vacunas entre los menos favorecidos una vez que sus ciudadanos estén inmunizados, como sucede en la Unión Europea. Pero hasta entonces, cada Estado negocia por los suyos en una especie de juegos del hambre de medicamentos en los que las empresas los venden al mejor postor. En este mercado persa han tomado la delantera Israel y los Emiratos Árabes, los países que más porcentaje de población llevan vacunada: 53,5% y 30,4%, respectivamente, con datos de este viernes. En el mundo occidental, el Reino Unido y Estados Unidos, que se adelantaron a la aprobación, son líderes y han pinchado al 12,3% y al 8,4% de sus nacionales. Los países europeos más avanzados son Serbia y Malta, con en torno al 6%. España está en la parte alta de la tabla, con un 3,1%. Rusia, a pesar de contar con su propia vacuna, ha pinchado a poco más de un millón de personas, un 0,7% de la población.

En una guerra comercial y geopolítica con pocos precedentes, los acuerdos previos con las farmacéuticas y la financiación a pérdidas de sus compuestos están determinando qué países están comenzando a vacunar y cuáles tendrán que esperar. Mientras que algunos que han optado por medicamentos chinos, como Baréin, han conseguido vacunar ya a más del 10% de su población, una potencia como Japón, que no ha recurrido a sus vecinos y espera las inmunizaciones europeas y americanas todavía no ha empezado.

Asia: acelerón en China y atasco en Japón

Japón será el último país entre las grandes economías desarrolladas en empezar su campaña de vacunación. No comenzará a inocular a sus ciudadanos hasta finales de febrero. El retraso se debe a varios factores, incluida la exigencia de que las farmacéuticas demuestren que sus fórmulas arrojan la misma eficacia entre la población nipona que entre otros grupos étnicos (un requisito similar también se impone en Corea del Sur). También, la dependencia de fabricantes extranjeros y una población menos entusiasta hacia las vacunas que en otros países, tras escándalos pasados.

El retraso ha suscitado dudas acerca de que este país pueda cumplir sus objetivos de vacunación antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio, prevista para el 23 de julio. El Gobierno ha anunciado nuevas compras de vacunas: Pfizer le suministrará 144 millones de dosis antes de fin de año, Moderna 40 millones y AstraZeneca, 120 millones, de los que 90 estarán fabricados en Japón. Pero Moderna acaba de empezar las pruebas necesarias entre la población japonesa, por lo que la aprobación de su fórmula aún tardará meses. AstraZeneca todavía no ha solicitado la aprobación de la suya, por lo que, a primera vista, la campaña de vacunación nipona dependerá de manera desproporcionada de la capacidad de Pfizer para suministrar su medicamento.

En China, la campaña de vacunación se ha acelerado para llegar al objetivo de inocular a 50 millones de personas antes del Año Nuevo lunar, el 12 de febrero, y la temporada de viajes en torno a esta fiesta, en la que se espera que se desplacen centenares de millones de personas. El país recurre a las fórmulas de las empresas nacionales, Sinovac y Sinopharm, que han prometido también el suministro del medicamento a dos docenas de países, entre ellos Brasil, que no han podido acceder a las de fabricación occidental.

En África solo un 30% estará vacunado a finales de 2021

África, inmersa en una segunda ola el doble de letal que la primera, necesita unos 1.500 millones de vacunas para inmunizar al 60% de su población. Aunque la iniciativa público-privada Covax y la Unión Africana ya han garantizado unos 1.110 millones de dosis, el problema es que llegarán con enorme retraso. El acaparamiento del grueso de las vacunas por los países más ricos y su alto precio hará que a finales de 2021 tan solo un 30% de la población esté vacunada, según cálculos de la OMS, y que la inmunidad de grupo tenga que esperar dos o tres años. Mientras los países del norte llevan un mes vacunando, en África apenas un puñado de países ha comenzado sus campañas con solvencia, entre ellos Seychelles, Mauricio, Marruecos o Argelia. Los gigantes del continente, como Sudáfrica o Nigeria, esperan comenzar en febrero y la mayor parte de naciones no arrancará hasta marzo. Las vacunas preferidas por los países africanos son las de AstraZeneca, la rusa Sputnik, la china Sinopharm y la india Covishield.

Mucha demanda del fármaco ruso en Latinoamérica

América Latina está a punto de superar las 600.000 muertes por covid-19, casi una persona de cada 1.000, y las pasadas Navidades varios gobiernos volvieron a adoptar estrictas medidas de confinamiento para tratar de contener la nueva ola del virus. Con estas premisas, los países de la región afrontan de forma muy desigual las campañas de vacunación, entre retrasos, tensiones políticas por el diseño de los planes de inmunización y un problema estructural: la debilidad de la sanidad pública. Una enfermera mexicana se convirtió el día de Nochebuena en la primera persona en recibir la vacuna en Latinoamérica. Ahora ese país busca acelerar la recepción de la Sputnik V para atender los compromisos de vacunación masiva. El fármaco ruso ha tenido mucha demanda en la región, que ya se está administrando en Argentina y Brasil, que empezó a aplicar la vacuna china y estipuló un contrato de compra también con Moscú. Las dosis de Pfizer ya circulan en varios países y laboratorios de México y Argentina acordaron producir hasta 250 millones de dosis de AstraZeneca para su distribución en el continente. Colombia es el único gran país americano que aún no ha empezado los programas de inmunización, mientras que el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, anunció el descubrimiento de unas supuestas “goticas milagrosas” contra el coronavirus que hicieron saltar todas las alarmas en la comunidad científica.

Empujón de Biden en EE UU y acopio en Canadá

En Estados Unidos se han administrado ya más de 27,8 millones de dosis de vacunas, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Desde que la campaña de inmunización arrancó el 14 de diciembre, uno de cada 15 estadounidenses ha recibido la primera dosis de alguna de las dos vacunas aprobadas. Se está vacunando a un ritmo de un millón de dosis al día. La estrategia de distribución, así como la eficacia de la campaña, varían ostensiblemente de un Estado a otro. Alaska y Virginia Occidental, donde un 11% y un 10% de la población ha recibido la primera dosis, respectivamente, son los Estados que más han vacunado. En Alabama, Misuri o Idaho, las vacunas no han llegado al 5% de la población. Es el Gobierno federal el que distribuye las vacunas a los Estados, semanalmente y en función de la población. Cada Estado diseña el sistema para la distribución y administración de la vacuna en su territorio.

La campaña de vacunación ha sido atravesada por un cambio de Gobierno, y el nuevo presidente, el demócrata Joe Biden, se ha puesto como objetivo administrar cien millones de dosis de vacuna en sus primeros cien días de mandato. Asegura que necesita más suministro por parte de los proveedores y más eficiencia por parte de los Estados. La Administración de Biden se ha quejado reiteradamente de que el equipo de su predecesor, Donald Trump, no les dejó un plan solvente. “El plan de vacunación masiva en Estados Unidos ha sido un fracaso estrepitoso hasta ahora”, aseguró Biden al poco de llegar a la Casa Blanca. Desde entonces, el nuevo presidente ha tomado numerosas medidas a golpe de decreto para agilizar el proceso de vacunación. Está negociando la compra de 200 millones adicionales de dosis a Pfizer y Moderna, para recibir este verano, y ha asegurado que recurrirá a la llamada Ley de Producción de Defensa, que data de la guerra de Corea (1950-1953), para arreglar otros atascos, como la escasez de jeringuillas y material protector. Ha prometido aumentar la distribución de las dosis en las farmacias y clínicas móviles en las zonas rurales para equiparar el acceso al de otras regiones más pobladas.

Su vecino del norte, Canadá, es el país del mundo que más acopio de vacunas ha hecho con relación a sus habitantes. Con las que ha comprado podría inmunizar (con dos dosis en las que lo necesitan) a casi 190 millones de personas, más de cinco veces su población, aunque su ritmo es menor que el de España, lleva pinchados el 2,5%.

Quienes apostaron por la vacuna china van en cabeza en Oriente Próximo

Tres de los cuatro países con mejor ritmo de vacunación están en Oriente Próximo. Encabeza la lista Israel, que ha vacunado a más de la mitad de sus ciudadanos. Emiratos Árabes (9,5 millones de habitantes) es el segundo país del mundo en vacunaciones per cápita, con tres millones de dosis. El vecino Baréin (1,5 millones) se sitúa en cuarto lugar con un 10% de inoculados. Ambos lo han logrado gracias a su apuesta por la vacuna BBIBP-CorV, una de las dos desarrolladas por la compañía china Sinopharm, aunque también han autorizado otras. El resto de las monarquías del Golfo, que optaron por Pfizer, han sufrido sus retrasos. Arabia Saudí (30 millones) confía ahora en el abastecimiento de AstraZeneca desde India y también negocia con Rusia y China.

Al otro lado del Pérsico, Irán (80 millones) es víctima de sus dirigentes. El líder supremo prohibió adquirir vacunas de EE UU y el Reino Unido, mientras su nacionalismo exacerbado se ha empeñado en fabricar una fórmula local. El presidente, sin embargo, ha admitido que hasta entonces tendrán que importarlas. Aunque no lo precisó, casi seguro que recurrirá a China.

Oceanía arrancará la campaña en primavera

En Australia y Nueva Zelanda el programa de vacunación aún está por empezar. El Gobierno australiano espera que las primeras dosis de AstraZeneca lleguen de Europa a finales de febrero, aunque esta semana la compañía le ha comunicado que solo podrá facturar la mitad de las vacunas acordadas (1,2 millones). Por suerte, Australia no depende solo de la producción internacional, sino que ha firmado un contrato con AstraZeneca para manufacturar sus vacunas en el país a través de unos laboratorios en Melbourne, con el primer lote previsto para finales de marzo.

En Nueva Zelanda, con solo dos casos activos de transmisión comunitaria de covid, el Gobierno se muestra mucho más prudente en sus previsiones. Tiene la intención de empezar a inmunizar a los sectores de riesgo a partir de abril y la población general a mediados de año. La primera ministra Jacinda Ardern ha admitido que las fronteras del país posiblemente seguirán cerradas durante todo el 2021.

Información de Francesco Manetto, Pablo Guimón, Macarena Vidal Liy, Ángeles Espinosa, Anna Jover, José Naranjo y Pablo Linde

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