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La excelencia escolar también es inmigrante

Sanaa Aboufaris, de familia humilde y origen marroquí, obtiene en Galicia el premio extraordinario de la ESO: “Necesitamos más ayudas para que la igualdad de oportunidades sea real”

Sanaa Aboufaris Ouahlim, premio extraordinario de la ESO, con su padre Abdelmajid y su abuelo Lekbir, en su casa de Vilaboa (Pontevedra).
Sanaa Aboufaris Ouahlim, premio extraordinario de la ESO, con su padre Abdelmajid y su abuelo Lekbir, en su casa de Vilaboa (Pontevedra).OSCAR CORRAL / EL PAÍS

Los 16 años de Sanaa Aboufaris narran el esfuerzo de una niña brillante, la lucha de una familia humilde de origen marroquí por dar estudios a sus hijos y la implicación de un pueblo de Galicia en la acogida de inmigrantes. Ella está entre los 20 adolescentes gallegos que han recibido de la Xunta el premio extraordinario por obtener más de un 9 de media en secundaria y las mejores notas en un examen al que se presentaron 600 estudiantes sobresalientes. “Demuestra que los programas de integración de inmigrantes funcionan. Los resultados no se ven a corto plazo, sino en las segundas generaciones”, expone Montse Carabelos, trabajadora social del Ayuntamiento de Vilaboa (Pontevedra) donde reside Sanaa.

Vilaboa es un municipio de menos de 6.000 habitantes, situado entre Vigo y Pontevedra, que concentra una de las mayores comunidades marroquíes de Galicia, que llegó a estar formada por casi 300 vecinos. A partir del año 2000 en las aulas del pueblo se escolarizaron de repente una treintena de niños llegados de Marruecos junto a sus madres para reunirse con sus padres, dedicados a la venta ambulante y asentados años atrás en esta localidad por sus buenas comunicaciones y vivienda barata. “Vinieron con una mochila: dificultades idiomáticas, falta de ayuda con las tareas porque sus padres tampoco conocían bien la lengua, familias numerosas en casas pequeñas… Son hándicaps que teníamos que superar”, recuerdan fuentes del Ayuntamiento.

Carabelos y su equipo, que incluía la pionera figura en Galicia de una mediadora intercultural, impulsaron un programa de integración de inmigrantes que incluyó desde cursos de cocina hasta clases de refuerzo escolar. “Las madres preparaban cuscús y nosotras, bacalao al pilpil”, rememora entre risas. Aquellas mujeres que apenas salían de sus casas empezaron a relacionarse con el resto del pueblo. Pero hubo que afrontar otro problema importante: el absentismo escolar.

En el mes de Ramadán o en la Fiesta del Cordero, las familias se marchaban a Marruecos y los pequeños perdían clases. “Ahí se trabajó muy duro y se vincularon las prestaciones que recibían a la escolarización”, señala la trabajadora social. “Las familias acabaron tomando conciencia de la importancia de los estudios de sus hijos. ¡Y de qué manera! Vieron cómo los niños terminaban Bachillerato y mejoraban sus vidas. Ahora valoran muchísimo el sistema educativo”. La comunidad marroquí de Vilaboa ya tiene una cirujana cardiaca.

“Si no hay estudios, no hay nada”, sentencia Abdelmajid Aboufaris, vendedor ambulante y orgulloso padre de Sanaa que llegó a España con solo 15 años procedente de la localidad del centro de Marruecos Fkih Ben Saleh. La madre, Hasna Ouahlim, empleada de limpieza, destaca lo “trabajadora” que es su hija, que nació en Galicia en 2004: “Todas las vacaciones las pasó estudiando”. Con esa dedicación, confirma el Colegio Público Integrado (CPI) do Toural, donde la joven estudió hasta 4º de ESO, esta adolescente “alegre y buena compañera” ha logrado derribar las barreras socioeconómicas. “Otros alumnos tienen condiciones familiares y económicas favorables y no las aprovechan, pero ella ha suplido las carencias con tesón y esfuerzo”, señala Cristina González Piñeiro, orientadora del centro, quien destaca como factores de éxito la colaboración “estrecha” entre la escuela y los servicios sociales y la defensa de la multiculturalidad en las aulas.

Sanaa habla árabe, francés, inglés, castellano y gallego. Es consciente de que su historia cuestiona muchos tópicos. “Los prejuicios son ideas falsas sobre cosas que la gente no entiende. Es como juzgar un libro por su portada y, en el caso de las personas, impide conocerlas”, afirma. “A mí una compañera me llegó a decir un día: ‘¿Cómo puedes ser árabe y tan lista?’. Pero mayoritariamente yo me he sentido respetada”.

Esta estudiante brillante, que vive con sus padres, sus dos hermanos y su abuelo, se inclina por las ciencias aunque no sabe aún qué carrera quiere estudiar. Tras finalizar la ESO, viaja todos los días a Pontevedra para ir a clase en un instituto de esta ciudad porque en su pueblo no hay centro de Bachillerato. Reclama más ayudas para los escolares que arrastran dificultades económicas. A ella le gustaría, por ejemplo, perfeccionar el inglés en algún viaje o intercambio escolar, pero su familia no puede permitírselo. “Necesitamos más ayudas para que la igualdad de oportunidades sea real”, reclama. “Nosotros no hemos elegido esta situación”. Según datos del organismo comunitario Eurydice, el 31,9% de los alumnos de origen extranjero abandonan la escuela antes de acabar la ESO frente al 15,6% de los autóctonos, lo que sitúa a España a la cabeza de Europa en esta triste estadística.

El premio extraordinario de la Xunta está dotado con 750 euros. Sanaa asegura que al examen celebrado en septiembre entró “muy nerviosa” y salió convencida de que no lograría la distinción. “Ojalá su historia sirva de referente a otros chicos y calle algunas bocas. Había gente que decía que en este colegio se bajaba el nivel porque había muchos estudiantes de origen inmigrante”, concluye la orientadora de la escuela en la que Sanaa nunca bajó del sobresaliente. “Menos en gimnasia”, puntualiza la estudiante con una sonrisa.

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