La crisis del coronavirus

La cepa del virus que vino del fútbol: “El cargo de conciencia por los que contagié fue atroz”

Hablan los asistentes al partido Atalanta-Valencia en Milán, uno de los eventos por los que entró la covid-19 en España

El periodista Kike Mateu, frente al estadio del Mestalla.
El periodista Kike Mateu, frente al estadio del Mestalla.Mònica Torres

Cuando el coronavirus era para la mayoría de los españoles como una gripe que padecían los chinos y quedaba muy lejos, los aficionados del Valencia CF se dieron un baño de realidad. Su equipo iba a jugar el 19 de febrero los octavos de final de la Liga de Campeones en Milán contra la revelación italiana, el Atalanta. Allí se desplazaron cerca de 2.500 valencianistas, entre ellos Jesús Ribera y sus tres hermanos. Para su sorpresa, fueron recibidos en el aeropuerto italiano por personas que les apuntaban con termómetros en forma de pistola. “Nos tomaron la fiebre a todos y nos quedamos pensando en qué estaba pasando. Ya sabían algo”, recuerda ahora el joven de 30 años. Sin embargo, al poco accedieron a las gradas sin más controles y se sumaron a las 45.000 personas del público. “Eso sí, por las medidas de seguridad de la Champions, crearon pasillos para la afición visitante y nunca llegamos a juntarnos con los italianos en San Siro”, explica el propietario de una academia de idiomas.

Jesús y sus hermanos no se contagiaron de coronavirus, que entonces ya estaba campando a sus anchas por las tierras lombardas. Pero otros valencianos sí, como ha confirmado el estudio genómico de ámbito nacional de las cepas del virus en la primera oleada. “Hubo entradas múltiples por Valencia” tras el partido de fútbol Atalanta-Valencia, dice el biólogo Iñaki Comas, del Instituto de Biomedicina de Valencia. “Algunas de las secuencias inicialmente responsables de la expansión en España se vinculan con personas que estuvieron en ese viaje a Milán, aunque no son las únicas”, apunta el genetista Fernando González Candelas, también responsable del consorcio SeqCOVID.

De lo que no hay duda es de que Quique Mateu fue uno de los contagiados y de los contagiadores, hasta el punto de que durante semanas se le llamó el paciente cero o el supercontagiador. Él mismo lo hizo público. El periodista deportivo de 45 años radió el partido y volvió a Valencia. Corrían los últimos días de febrero, cuando empezó a sentirse mal (fiebre, tos, disnea, diarrea, dolores musculares, malestar general). “Llamé al 112 y me fui al hospital. Creo que fui responsable. Entonces, sólo había oficialmente dos casos en Italia y tres en España. Estaba en un lugar donde entonces no estaba casi nadie. Me planteé si mantener el anonimato o exponerme públicamente y hablar de la enfermedad desde mi habitación del hospital, pero mi vocación es contar las cosas”, recuerda Mateu, sentado el pasado viernes en una cafetería, bajo la sombra del estadio del Mestalla.

Mateu empezó a contar por Twitter, en artículos y entrevistas su experiencia, psicológicamente muy dura. “Hubo un momento en que la expansión de la pandemia parecía que se disparaba por culpa mía. El foco era yo. Había más contagios entonces aquí que en Barcelona y Madrid. Directa e indirectamente contagié a decenas de personas, a compañeros, a amigos, amigos de mis amigos…. A partir de la segunda semana en el hospital, la carga de culpa me pesaba mucho. Yo no tenía culpa de nada, solo me contagié en Italia, pero no podía dejar de culparme”, relata Mateu.

Uno de los peores momentos que pasó Kike Mateu en el mes que estuvo en el hospital fue cuando ingresaron a un amigo suyo en una habitación contigua, pared con pared, al que muy probablemente había contagiado él. Era el exfutbolista argentino del Valencia y comentarista de su programa, Rubén Ciraolo. “De pronto, estaba en el hospital, mucho peor que yo. Estuvo en la UCI, se temió por su vida. Lo pasé fatal por él y por la carga psicológica de pensar que se podía morir. El cargo de conciencia, la culpa por los que contagié, y entre ellos no estaba ni mi mujer ni mi hijo, fue atroz. No podía soportarlo”, explica el periodista que ahora trabaja para la Cadena SER en Valencia.

Defensor de la sanidad pública, Mateu ha relatado toda su experiencia en el libro Paciente cero recién publicado por Alienta (del grupo Planeta). Ahora respira cuando cuenta que todos los que conoció superaron la enfermedad y se indigna ante la irresponsabilidad de los negacionistas. “Se tendrían que mostrar más las brutales consecuencias del coronavirus”, afirma.

“Este periodista”, explica Herme Vanaclocha, subdirectora general de Epidemiología de la Generalitat, “generó lo que llamamos el brote de Las Provincias”. La emisora de Intereconomía donde trabajaba Mateu estaba ubicada en el mismo edificio de este periódico. “Se dieron circunstancias muy peculiares: las cabinas de radios insonorizadas y no ventiladas; salían unos y entraban otros... Con este brote y con otro que detectamos en Elda, debido a que visitaron la Semana del Calzado de Milán porque comparten una industria del calzado potente, llegamos a sumar más de un centenar de casos”, añade la epidemióloga.

El estudio genético ha detectado que la misma cepa del virus de Italia también entró a España por otras ciudades, de visitantes de la Semana de la Moda de Milán de febrero o de la feria de arte contemporáneo, Arco, en Madrid. González Candelas sostiene que Italia fue el punto de intermedio de esa cepa (la SEC8) del coronavirus de una familia que corresponden a cepas circulantes en China. La SEC8 llegó a representar el 60% de los casos secuenciados en las primeras semanas de marzo.

Mateu era la cara visible de una pandemia que no había hecho más que comenzar. Cuando al final salió del hospital, el 25 de marzo, nunca olvidará cómo sus vecinos se giraron para aplaudirle desde sus balcones a las ocho de la tarde.

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