La crisis del coronavirus

Pandemia de desigualdad

La covid ahonda la brecha de género: las mujeres asumen más carga de trabajo y cuidados, son más frágiles ante la pobreza y la violencia y tienen menos voz en la toma de decisiones

Mujeres indias esperan en una cola de reparto de raciones de comida.
Mujeres indias esperan en una cola de reparto de raciones de comida.SOPA Images / SOPA Images/LightRocket via Gett

Este año tocaba aniversario, pero ha quedado deslucido. Se cumplen 25 años de la Conferencia de Pekín, conocida internacionalmente como Conferencia de Beijing, la gran cita mundial sobre los derechos de las mujeres, que en 1995 congregó a 190 países. Cinco lustros después, la situación ha mejorado lo justo. Ningún país es totalmente igualitario y cerca del 80% de los planes no se han ejecutado, según estimaciones europeas. Las mujeres son aún mucho más frágiles ante la pobreza, no ocupan la mitad de los puestos de poder aunque son algo más de la mitad de la población, acusan más la violencia y la inseguridad, ocupan los peores trabajos y asumen de forma abrumadora los que ni siquiera se pagan: los cuidados y el hogar. La pandemia amenaza con deteriorar más esa realidad. “A menos que actuemos ahora, la covid-19 podría borrar una generación de frágil progreso hacia la igualdad de género”, advirtió este jueves el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), António Guterres, en un discurso ante la Asamblea General, que conmemora estos días el aniversario.

A falta de datos desagregados, las primeras estimaciones apuntan a casi 435 millones de mujeres pobres en 2021 (un 11% más que si no hubiera habido pandemia), más carga de trabajo en los hogares y el riesgo de perder presencia al mando de instituciones y empresas. Frente a esto, apenas un 12% de los países (25 en total, entre los que está España) han activado medidas específicas para las mujeres durante esta crisis, según estimaciones de la ONU.

Los deberes estaban hechos antes de la irrupción del virus. La ONU, el Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE, por sus siglas en inglés) y el Instituto de la Mujer en el caso de España elaboraron a finales de 2019 extensos informes con mejoras y déficits en 25 años. “Los progresos no están en general a la altura de lo que los Estados se comprometieron a hacer en 1995”, recalca la ONU. “Deben hacer más”. Entre los avances, destacan que la mortalidad materna ha caído cerca del 40% en apenas dos décadas y la casi paridad en educación.

Entre las tareas pendientes —el EIGE sitúa en el 80% las medidas incumplidas, el resto de instituciones no ofrecen cálculos— está el afianzamiento de las mujeres en los puestos de responsabilidad. Solo uno de cada cuatro parlamentarios del mundo es una mujer. Con todo, es el doble de lo que había en 1995.

La violencia machista deja aún cifras sonrojantes: una de cada cinco mujeres sufrieron agresiones físicas o sexuales por parte de sus parejas en el último año, unas cifras que el confinamiento ha empeorado por la convivencia obligada de víctimas y agresores, según distintos organismos.

Hay avances pero la foto global no es halagüeña y resulta además dispar: no es igual hablar de derechos reproductivos en Polonia que en Suecia, ni son iguales los niveles de violencia: por ejemplo, en Cuenca, Ecuador, el 90% de las mujeres sufrieron algún tipo de acoso sexual en los últimos 12 meses, según la ONU, amén de que los riesgos no son iguales para una mujer racializada, inmigrante o discapacitada que para una europea de clase media.

En primera línea

“La pandemia tiene un impacto muy profundo sobre las mujeres”, valora por videollamada Anita Bhatia, subdirectora ejecutiva de ONU Mujeres. Bhatia recuerda que son ellas quienes más ocupan la primera línea sanitaria para combatir el virus —el 70% de los sanitarios y cuidadores son mujeres, según la ONU—. También son mayoría en algunos de los sectores más castigados: “El turismo, las tiendas o los viajes son sectores muy feminizados. El mundo no está viajando ni comprando”, alerta.

Las mujeres ya se ocupaban mayoritariamente de los hogares antes del coronavirus y el confinamiento las ha sobrecargado más. Antes dedicaban 4,1 horas (frente a 1,7 horas de los varones) para limpiar, cuidar de las criaturas, hacer de maestras, la compra o cocinar. La socióloga e investigadora Ángeles Durán, la gran teórica española de los cuidados, calcula: “Mientras hemos estado confinados, estimo que las mujeres han aumentado una media de tres horas más en casa cada día”.

La ONU ha pedido que los países inviertan más en cuidados para que la salida de esta crisis sea diferente. Durán augura que, al menos en España, no habrá dinero: “Eso solo es posible si se ve como una prioridad presupuestaria. Dudo que pase por el miedo a una recesión”. Sus trabajos arrojan que profesionalizar esa red equivaldría a 28 millones de empleos pagados, más que todo el mercado laboral español junto.

“No podemos salir de esta crisis sin un sistema de cuidados fortalecido”, admiten fuentes del Ministerio de Igualdad, que negocia ahora los Presupuestos y el reparto de fondos europeos con el resto de ministerios. “Queremos que el dinero que se va a recibir sirva para cuidados, infancia, dependencia y mayores y el derecho al cuidado en igualdad”, añaden desde el ministerio.

La violencia, “pandemia en la sombra”

La preocupación por la violencia machista es universal. La ONU considera que debe ser tratada como “una pandemia en la sombra, un problema de salud pública como la malaria”, señala Anita Bhatia. En Europa y en España se teme además el efecto del discurso negacionista de los partidos de extrema derecha, como Vox. El coronavirus ha supuesto también una dificultad añadida para el acceso a los métodos contraceptivos o el aborto, con un impacto “muy profundo” en la vida de las mujeres, añade Bhatia: “No es que le puedas decir a una mujer que quiere abortar: 'Vuelva usted en seis meses”.

Si la vacuna llega pronto y el virus remite, en julio de 2021 habrá una nueva conferencia mundial sobre los derechos de las mujeres en París y México, que este año quedó en suspenso. Para entonces es posible que la foto fija de la situación de más de la mitad de la población mundial haya cambiado. El trabajo de los Gobiernos, las organizaciones de mujeres y la sociedad civil en estos meses marcará si ese cambio es a mejor o si recaen más sobre ellas los efectos de la pandemia.

“Mientras nosotras cuidamos, ellos se reparten el poder”

La plena igualdad tardará, según distintos cálculos. El Foro Económico Mundial dijo ya en 2017 que falta más de un siglo. El Instituto Europeo de Igualdad de Género estima que, sin políticas que empujen los cambios, la paridad en los Parlamentos de Europa tardará 55 años y hasta 190 años en las empresas.

“Necesitamos mujeres en la mesa donde se toman las decisiones sobre la recuperación de la pandemia. La mayoría de los trabajadores de la salud en la primera línea son mujeres que trabajan 24 horas al día, poniéndose a sí mismas y a sus familias en riesgo; las mujeres soportan la mayor parte del trabajo de cuidado informal en la familia. Son más de la mitad de la población. Su experiencia debe ser reconocida y sus voces escuchadas”, considera Jolanta Reingarde, coordinadora de Investigación y Estadística del EIGE.

Un estudio del jueves del diario digital BMJ Global Health subraya que con esta pandemia está ocurriendo justo lo contrario: son los hombres quienes hablan y deciden. Solo el 3,5% de los organismos que toman decisiones sobre el coronavirus son paritarios (con al menos el 45% de sus miembros hombres o mujeres). Solo en uno de cada 10 casos hay más mujeres.

“Mientras las mujeres estamos con el cuidado, ellos se reparten el poder y los Consejos de Administración”, considera Soledad Murillo, exsecretaria de Estado de Igualdad y una de las responsables del informe español sobre los cumplimientos de Beijing. “La pandemia ha supuesto un retraso en todos los sentidos. La preocupación política no está en estos temas. Hemos vuelto a marcar diferencias entre lo urgente y lo necesario. Y las políticas de igualdad ya no son urgentes”, critica Murillo. Recomienda al Ministerio de Igualdad “que esté muy pendiente para que las políticas de igualdad se apliquen tanto en propuestas como el Ingreso Mínimo Vital como en las conclusiones de las comisiones del Parlamento”.

Es lo que se llama la “transversalidad” de las políticas de género, un objetivo incluido en Beijing y aún lejos de lograrse.



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