La crisis del coronavirus

Arabia Saudí limita la gran peregrinación a La Meca a los musulmanes residentes en el reino

La pandemia obliga a reducir el Haj y solo podrán realizarlo un número muy limitado de peregrinos de varias nacionalidades que ya viven en el país

Un grupo de fieles rezan respetando la distancia de seguridad en la Gran Mezquita de La Meca el pasado domingo.
Un grupo de fieles rezan respetando la distancia de seguridad en la Gran Mezquita de La Meca el pasado domingo.-/Saudi Press Agency/dpa / Europa Press

Arabia Saudí no renuncia al Haj, la gran peregrinación anual a La Meca que constituye uno de los cinco pilares del islam, pero debido a la covid-19 la participación de fieles va a ser muy reducida: solo un pequeño grupo de musulmanes de varias nacionalidades, pero residentes en el país va a poder tomar parte en la cita de este año. El reino, que desde el inicio de la pandemia adoptó medidas estrictas para evitar su difusión —incluida la prohibición de la peregrinación menor Umrah—, ha visto un preocupante aumento de contagios durante las dos últimas semanas.

“A la vista de la continuación de la pandemia y de los riesgos de que se extienda el coronavirus en lugares concurridos y citas multitudinarias, y teniendo en cuenta la transmisión entre países y el aumento de las infecciones a nivel global, se ha decidido que el Haj de este año (1441 de la Hégira / 2020 d.C.) solo podrán realizarlo un número muy limitado de peregrinos de varias nacionalidades que ya residan en Arabia Saudí”, afirma el comunicado difundido en la noche de este lunes por el Ministerio del Haj y la Umrah.

Los musulmanes de todo el mundo estaban a la espera de la decisión desde hace días dada la proximidad de la fecha del peregrinaje. Los ritos del Haj deben llevarse a cabo en la segunda semana del mes islámico de Dhu al Hijjah, que este año cae entre el 29 de julio y el 4 de agosto. Con apenas cinco semanas de tiempo para organizar el viaje y alojamiento, los planes de cientos de miles de peregrinos estaban ya en peligro.

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A finales de febrero, antes incluso de que se detectara el primer caso de covid-19 en Arabia Saudí, las autoridades suspendieron la Umrah y cerraron las ciudades de La Meca y Medina, como medida preventiva. Un mes después, advirtieron a quienes deseaban realizar el Haj que no hicieran planes hasta que la situación estuviera más clara. De hecho, Indonesia, el país con mayor número de musulmanes y al que corresponde una mayor cuota de peregrinos (unos 200.000), ya había anunciado que sus ciudadanos no iban a participar este año. Tampoco Malasia.

Arabia Saudí, que se enorgullece de organizar el Haj y de recibir a los peregrinos de todo el mundo, llegó a plantearse cancelar la peregrinación, algo que no se ha producido desde la fundación del reino en 1932, aunque sí tiene varios precedentes históricos excepcionales. Pero, a pesar de las medidas adoptadas, el país superó la semana pasada los 150.000 casos, un tercio de ellos en la provincia de La Meca, y ha visto cómo desde el 6 de junio el número de nuevos contagios supera los 3.000 diarios, con un total de 1.307 muertos hasta este lunes.

El peligro era evidente en una cita que llega a congregar hasta 3,5 millones de personas, al menos dos tercios de ellos llegados de fuera del país. Al final, el Gobierno saudí ha decidido mantener formalmente la gran peregrinación, pero limitar el riesgo de un contagio masivo limitando los participantes extranjeros a fieles que ya vivan en el reino. Un tercio de los 34 millones de habitantes son inmigrantes de distintas nacionalidades.

El golpe es no solo religioso, sino también económico. Después del petróleo, las peregrinaciones son la segunda fuente de ingresos del país y este año se esperaba que dejaran 12.000 millones de dólares (10.660 millones de euros). Esa pérdida resulta especialmente significativa en un momento en que no solo ha caído el precio del petróleo, sino que Riad se ha embarcado en un proceso de diversificación de su economía que incluía la expansión del turismo religioso.

Peregrinar a La Meca es un deber que todo musulmán con capacidad física y financiera tiene que llevar a cabo una vez en su vida. Durante una semana, los fieles rezan en la Gran Mezquita de esa ciudad santa, circunvalan la Kaaba (la estructura cúbica situada en el patio de la aljama), visitan el monte Arafat y concluyen con la Fiesta del Sacrificio (Eid al Adha), en la que ofrecen un cordero a Dios.

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