Educación

Un suspenso para los exámenes ‘online’

Falta de seguridad, conexiones que fallan, pruebas en sábado y estudiantes sin red. Familias, docentes y alumnos reclaman otro tipo de evaluación en tiempos de coronavirus

Carmen estudia un ciclo formativo de grado superior. En la imagen, realiza un examen 'online' de Anatomía.
Carmen estudia un ciclo formativo de grado superior. En la imagen, realiza un examen 'online' de Anatomía.Paco Puentes

Carlos lleva una semana “chupando” el wifi de su vecina para hacer los exámenes. La Comunidad de Madrid le facilitó una tarjeta SIM para seguir sus clases porque es parte de ese 10% de familias españolas que no tienen Internet en casa. “Pero la tarjeta tenía 40 gigas, y se me gastó en las dos primeras semanas de videoconferencias, así que no llegué a los exámenes”, explica este alumno medio avergonzado. Lucía Tristán, de 15 años, ya ha perdido la cuenta de los exámenes que le han dado fallos al enviarlos y ha tenido que repetir. “Es muy ridículo que nos sigan haciendo test, pero los profesores son súper comprensivos en esto”, explica esta alumna de 4º de ESO. Carmen, que prefiere no dar su apellido, estudia un módulo de Formación Profesional, y lleva haciendo sus dos últimos exámenes en sábado, el último de 19 a 19.45. Cree que tiene que ver con que a esas horas las plataformas tienen menos problema de alumnos conectados, pero lo que el profesor le dijo es que no podía conectarse en otro momento. Estos son algunos de los problemas con los que los estudiantes se están tropezando en su periodo de exámenes, que debido al coronavirus, este año es virtual.

“Los exámenes no tienen mucho sentido en estas circunstancias. Primero porque la seguridad no se puede garantizar, segundo porque hay alumnos desconectados y tercero porque no suponen un buen reflejo de la evaluación y el aprendizaje de los alumnos”, explica Carmen Morillas, de la Federación de Asociaciones de Padres Francisco Giner de los Ríos, de Madrid. A las asociaciones de las 200.000 familias agrupadas en su federación, llegan quejas cada día relacionadas con los exámenes online. “Nos cuentan por ejemplo que tienen un tiempo para contestar cada pregunta, y si el ordenador se queda colgado no puedes demostrarlo y es tu problema, o que a veces por un error tipográfico la plataforma te da por malas respuestas que están correctas, por no hablar de que no hay manera de demostrar que el que firma el examen es realmente quién lo ha hecho o si el alumno no tiene fuera del plano de la cámara un millón de post-it con las respuestas... La vulnerabilidad es tremenda”, explica esta madre de cuatro estudiantes.

Muchos profesores son también conscientes de que estas pruebas no reflejan el aprendizaje de los alumnos. Enrique Ballesteros, profesor en un instituto de secundaria, es consciente de los límites que suponen: “Yo tengo asumido que mis alumnos van a copiar, es imposible controlarlo con las herramientas que tenemos”, explica. Aun así, en su departamento han decidido mantener las pruebas porque es con lo que los alumnos se van a encontrar de cara a la selectividad. Así que los mantienen pero les rebajan peso en la nota final: “Si antes valían un 80%, ahora suponen un 20%”, explica. Asumiendo que estas pruebas son el mal menor opta por trabajar con ellos los aspectos éticos y la autoconsciencia de la corrupción que hay detrás del que copia, y el desprecio que a ellos les producen esas actitudes cuando las hacen los políticos por ejemplo. “He sido sincero con ellos y les he explicado que sé que pueden copiar, pero en la Evau no van a tener ese recurso, así que para ponerse a prueba es mejor no recurrir a ello”, concluye, aunque es partidario de buscar otras formas de evaluación.

Francisco García, Secretario General de la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras, recuerda que ningún docente está obligado a realizar exámenes: “Las instrucciones de evaluación del ministerio plantean que la evaluación debe ser flexible y cada docente lo ha adaptado a su manera. Los exámenes no parecen en esta situación los formatos de evaluación más útiles”, asegura. Raimundo de los Reyes presidente de la Federación de Asociaciones de Directores de Secundaria coincide con él. “La ley dice que deberíamos usar otros elementos de evaluación y con esta situación el examen tiene que ocupar otro lugar en nuestra relación con los alumnos, los conocimientos acumulados no aportan mucho y en cambio sí lo hace la capacidad de relacionar”, añade.

Otros exámenes son posibles

“Un examen no debería tener la relevancia que se le da. Lo primero que habría que tener en cuenta es que se realice una evaluación formativa en la que el examen no tuviera tanto peso. Debes tener en cuenta los intereses del chaval, su compromiso, el apoyo familiar, las herramientas diarias de aprendizaje que se pueden utilizar para tener esa evaluación más integral y holística”, explica Manuela Lara, directora de innovación de Santillana, que antes del coronavirus analizó la evaluación en España. “Un aprendizaje bulímico que se vomita en un examen desprecia las facultades de los alumnos, incompatible con las competencias necesarias para ser feliz, integrarse y transformar el mundo en el siglo XXI y estimula el aprendizaje sin sentido y contribuye a aumentar el fracaso escolar", aseguran en el documento elaborado por el especialista Alfredo Hernando. El documento aporta también la visión de varios docentes innovadores y muestra que es posible otra forma de evaluar.

Una de ellas es Monsterrat Poyatos, profesora del colegio público de Educación Infantil y Primaria Agustina Díez de Madrid. En su centro han eliminado los exámenes. “Dadas las circunstancias y la brecha digital en mi colegio no podíamos calificar basados en notas o tareas diarias así que analizamos cuáles eran los aprendizajes esenciales: cálculo, lectura, escritura, conceptos básicos... Y a lo que no lleguemos lo trabajaremos al reincorporarnos. Además, la evaluación en el tercer trimestre solo premia, y vamos a valorar los que sí han podido o han mostrado su interés aunque no tuvieran medios. La actitud cuenta un 60%, pero el objetivo es acompañarles y que no pierdan el hábito y las rutinas”. Para evaluar su evolución en el lenguaje y su capacidad de relacionar ideas o su autonomía les piden que expongan su opinión sobre un tema, o conversan con ellos en videoconferencias o por teléfono. Estas interacciones, según esta profesora, ofrecen más información que cualquier test.

El equivalente en secundaria o Bachillerato serían proyectos como el que le encargaron a Sofía Martín. “Hicimos un examen de filosofía en el que teníamos que hacer un libro de escritura colectiva donde aplicáramos todos los conocimientos del curso”, explica esta estudiante madrileña. José María Ruiz, director del IES Cartima, en Cártama, Málaga cuenta que también han sustituido los exámenes por proyectos relacionados con el coronavirus, más eficaces para evaluar la evolución de los alumnos. Como concluye la representante de padres Carmen Morillas: "Otro mundo es posible. Freír a los estudiantes a exámenes no tiene sentido porque no se está garantizando la igualdad de oportunidades, no es justo, y hay otras formas de evaluar”.

Fe de errores: En una versión anterior de este artículo se nombraba al especialista Alfredo Hernando como Antonio Hernando.

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