Mujeres y bolsos

Llevada por el impulso sexual, busqué el bolso que desde hacía 45 días no frecuentaba. Ahí estaba: túrgido, ligero, adquirido en Donostia el último y tan lejano agosto

Luis Grañena

Nadie sabe cuán íntima resulta la relación entre una mujer y su, o sus bolsos. Yo, que soy monógama de día (mismo bolso hasta su muerte) y coqueta de noche (clutches a juego con los collares), sufrí el latigazo del vínculo hace dos noches, viendo la última de Tarantino. Precisamente, la escena en que, con desmaño, Leo di Caprio luce, en los setenta, uno de aquellos primeros bolsones para tíos, rígidos, grandes y con bolsillos para todo. Los hombres no sabían cómo llevarlos, por miedo a parecer poco viriles, pero nosotras nos los adueñamos. Empezábamos a estar hartas de tener que embutir...