La crisis del coronavirus

El coronavirus amenaza la natalidad

El parón de los tratamientos de reproducción asistida y la incertidumbre económica provocarán que nazcan menos niños, según expertos en fertilidad y en demografía

Una madre y su bebé, el 23 de abril, en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona.
Una madre y su bebé, el 23 de abril, en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona.Joan Sanchez / EL PAÍS

Lola cumplió 39 años en marzo, pocos días antes de empezar un tratamiento de reproducción asistida en una clínica de Barcelona. En lista de espera en la sanidad pública —donde lo habitual es una demora de un año—, ella y su marido se decidieron a intentarlo antes en la privada. No querían posponerlo más. Entonces se declaró el estado de alarma. La visita que Lola (nombre ficticio) tenía programada para empezar el tratamiento hormonal se canceló. “Me llamaron a decirme que solo acababan tratamientos ya empezados”. La incertidumbre ha derivado en preocupación. “Veo los meses pasar, estamos a las puertas de mayo y tengo 39 años”, dice. “Mis probabilidades de éxito son hoy del 45%, pero empeoran con el tiempo y justo en esa barrera a la que me acerco, la de los 40”.

Los tratamientos de reproducción asistida llevan casi mes y medio parados, tanto en los hospitales públicos, centrados en atender a los enfermos de covid-19, como en clínicas privadas. La mayoría pararon antes del estado de alarma después de que la sociedad europea de fertilidad pidiera precaución ante la falta de evidencia científica sobre cómo podía afectar el virus a una mujer embarazada. “Hace un mes no se sabía nada”, asegura Luis Martínez, presidente de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), que aboga por recuperar la actividad lo antes posible. No solo porque los datos ya muestran que las embarazadas no presentan mayor riesgo; también porque prevé una disminución “segura” de la natalidad.

Coinciden con él dos demógrafas especializadas en natalidad consultadas por EL PAÍS. “No podemos predecir el futuro con certeza, pero todo apunta a que la pandemia de covid-19 incidirá negativamente en las tasas de fecundidad a corto y medio plazo”, asegura María Teresa Castro, profesora de investigación en Demografía del CSIC. Hay quien especula con que el confinamiento prolongando podría provocar un repunte de nacimientos dentro de nueve meses, pero Castro ve “muy improbable” ese baby boom. Hay varios factores, dice, que hacen esperar un descenso “adicional de la ya muy baja fecundidad”. El más importante será, añade, la crisis económica, pero no hay que desdeñar otros. Uno es la paralización de los tratamientos de reproducción asistida. Como señala Martínez, casi el 10% de los niños nacidos en España lo son gracias a estas técnicas. Solo en IVI, el gigante de la fertilidad en España, han dejado de iniciarse 4.000 ciclos en un mes, señala su director médico, Antonio Requena. “Podríamos hablar de 1.000 niños menos en nuestras clínicas”, dice.

Aumento de rupturas de pareja

Castro apunta también al “estrés emocional, la incertidumbre sobre el futuro y la percepción de dificultad de acceso a los servicios de seguimiento médico del embarazo” como motivos por los que personas que estaban planeando quedarse embarazadas sin recurrir a técnicas de reproducción asistida decidan ahora posponer el embarazo. Y aún hay otro factor: “El posible aumento de ruptura de parejas, como ha ocurrido en China, debido a las tensiones que pueden surgir durante un tiempo prolongado de confinamiento, sobre todo si hay una falta de corresponsabilidad en las tareas domésticas y de cuidado”. Las parejas con un hijo, añade, es posible que se piensen tener un segundo tras “experimentar las dificultades de trabajar, educar y cuidar en el hogar”.

La crisis económica que viene es, sin embargo, el factor decisivo tanto para Castro como para Teresa Martín, demógrafa del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, que han estudiado el efecto de la Gran Recesión en la natalidad. La recuperación del empleo tras la crisis que se inició en 2008 se llevó a cabo, sobre todo, con empleo temporal, el que más se ha visto afectado por la paralización de la actividad económica por la pandemia, explica Martín. “Estas personas se enfrentan de nuevo a un escenario de precariedad, desempleo e incertidumbre que seguirán inhibiendo sus planes reproductivos”, añade. Hay estudios, continúa, que indican que hombres y mujeres necesitan estabilidad laboral antes de plantearse tener un hijo u otro hijo. Ese retraso podría convertirse en definitivo si no mejoran las condiciones laborales.

Los tratamientos de reproducción asistida tienen un efecto “reducido pero no insignificante” en la tasa de fecundidad, comenta Martín. Entre los padres primerizos del último año, el 30% de las mujeres y el 47% de los hombres superaban los 35 años; más del 7% de las mujeres superaba los 40. “Una de las cifras más altas de la UE”, añade. “Un mes no es importante, pero las mujeres con baja reserva ovárica o de más de 35 años pierden un 2% de probabilidades mes a mes. Si nos vamos a tres, cuatro, cinco meses sí hay grupos de pacientes que van a salir perjudicados por la disminución de sus posibilidades”, asegura Luis Martínez, el presidente de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).

Martín recuerda que la sanidad pública tiene un límite de edad (40 años) y largas listas de espera, lo que obliga a recurrir a clínicas privadas en las que un intento de fecundación in vitro ronda los 5.000 euros. Julio Herrero, jefe del departamento de Reproducción Asistida del hospital público Vall d’Hebron, en Barcelona, augura además un cuello de botella en la pública cuando vuelva la actividad. “Se alargará la lista de espera”. “Muchas mujeres y parejas ya no podían asumir ese coste y seguramente la dificultad será aún mayor ahora”, afirma Martín. Otra limitación más, concluye, en “uno de los países del mundo con la edad media más alta al primer hijo y donde más decrece la posibilidad de pasar del primer al segundo hijo”.

El sector debate la vuelta a la actividad

La Sociedad Europea de Reproducción Humana (ESHRE) recomendó hace más de un mes posponer los tratamientos de reproducción asistida. También lo hizo la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Los que ya estaban en marcha se terminaron, pero no se hizo ninguna transferencia, sino que se congelaron ovocitos o embriones. Para Luis Martínez, presidente de la SEF, los centros deberían empezar a funcionar ahora que hay más evidencia de que la infección por SARS-CoV-2 no tiene efectos negativos en el embarazo y que no hay transmisión vertical (madre a hijo). También recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no ha desaconsejado que se inicien embarazos, ni de forma natural ni mediante técnicas de reproducción asistida.

Julio Herrero, jefe del departamento de Reproducción Asistida del hospital Vall d’Hebron, en Barcelona, opina que la actividad no puede retomarse sin garantías adecuadas, y entre ellas debería estar la disponibilidad de test masivos para las pacientes. Desde IVI consideran que al principio tenía sentido cerrar por si estas clínicas pudieran ser necesarias durante el pico de la pandemia —muchas cedieron sus respiradores a hospitales públicos—, pero ahora que toda la sanidad va recuperando poco a poco la actividad habitual es momento de retomarla también en reproducción. La SEF ya lo ha consultado al Ministerio de Sanidad y espera respuesta.

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