El peligro de navegar a ciegas

La calidad de los datos disponibles es insuficiente para proporcionar la inteligencia epidemiológica que se precisa en una estrategia de desconfinamiento progresivo

Antoni Plasència
Una enfermera realizada una prueba en el hospital bilbaíno de basurto.
Una enfermera realizada una prueba en el hospital bilbaíno de basurto.Luis Tejido / EFE

Volar con los instrumentos de navegación apagados es una aventura muy peligrosa. Del mismo modo, planificar y gestionar las medidas de desconfinamiento requiere disponer de información epidemiológica de calidad y en tiempo real. La mayor parte de esta información proviene de las comunidades autónomas, que en muchos casos cuentan con sistemas de vigilancia epidemiológica relativamente precarios, poco automatizados y muy dependientes de los esfuerzos proactivos de notificación de los centros sanitarios, los laboratorios y los profesionales de salud pública. A esta circunstancia de base se le ha de sumar la tensión añadida sobre el sistema por semanas de una crisis sin precedentes. El resultado es que la calidad de los datos disponibles es insuficiente para proporcionar la inteligencia epidemiológica que se precisa para guiar una estrategia de desconfinamiento progresivo y su eventual reajuste en el conjunto de España y en las comunidades.

El debate sobre qué se debe considerar un caso y cuándo se debe contabilizar —un concepto técnicamente definido que no debería suscitar diferencias mayores— no debe ocultar otra cuestión más crucial: la necesidad de disponer de información complementaria para cada caso de covid-19, incluyendo variables muy relevantes epidemiológicamente, como la fecha de inicio de los síntomas, el número y características de los contactos, o la fecha de ingreso hospitalario. Se trata de aspectos que resultan fundamentales para conocer la evolución de la transmisión del coronavirus SARS-CoV-2 en el tiempo, en el espacio y en la población y sin los cuales la toma de decisiones resulta un ejercicio aventurado. La nueva orden sobre remisión de información al Ministerio de Sanidad refleja la necesidad urgente de solucionar este problema, aunque sea de manera parcial y a contrarreloj.

La información epidemiológica individualizada necesaria para la gestión de la covid-19 no es distinta de la de otras enfermedades de transmisión respiratoria que son de declaración obligatoria, como el sarampión o la tuberculosis, y tiene por objetivo principal la prevención y el control de su propagación en la comunidad. En ausencia de datos fiables y rápidos, seguiremos yendo por detrás de la transmisión, un riesgo incompatible con el desescalado de las medidas de confinamiento.

El refuerzo del sistema sanitario para hacer frente a la pandemia no puede limitarse a aumentar camas de UCI, respiradores y profesionales asistenciales, medidas imprescindibles para salvar vidas en la primera fase de la epidemia, pero insuficientes para reducir la transmisión y evitar la sobrecarga de los centros sanitarios. Si no queremos correr el riesgo de regresar a la casilla de salida, hay que reforzar aún con más urgencia la calidad, agilidad y coordinación de los sistemas de vigilancia epidemiológica e invertir sin demora en las capacidades humanas y tecnológicas. Lo contrario sería seguir navegando a ciegas.

Antoni Plasència es epidemiólogo y director del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

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