Heroínas sociales

El personal de los centros residenciales de los servicios sociales necesita de la confianza, el reconocimiento y el apoyo de la ciudadanía para afrontar con garantías los grandes retos de esta crisis

Dos cuidadoras saludan este martes desde una ventana de la Residencia Geriátrica de El Masnou (Barcelona). EFE/Enric Fontcuberta
Dos cuidadoras saludan este martes desde una ventana de la Residencia Geriátrica de El Masnou (Barcelona). EFE/Enric Fontcuberta
José Manuel Ramírez Navarro

De un caso aislado no se puede hacer una categoría. Las desafortunadas declaraciones de la ministra de Defensa, Margarita Robles, que el lunes dijo que la UME estaba encontrando cadáveres en residencias, han podido criminalizar a un sector que atiende a 400.000 personas mayores, y donde a diario casi 200.000 profesionales se dejan la piel por atender a las personas más frágiles de nuestro país.

Las residencias son centros de servicios sociales —no sanitarios—, que llevan tiempo solicitando refuerzos de personal sanitario, equipos de protección (EPI) y medidas para garantizar el aislamiento de las personas con sintomatología. Una mínima inversión en ese sentido aliviaría la carga del sistema sanitario. Además, si se implantan medidas de hospitalización para los residentes en los propios centros de mayores, se reducirá el riesgo de contagio y constituirá un beneficio para su bienestar y el de sus familiares.

Desde el año 2012 se produjeron unos recortes inmisericordes en el sector de la dependencia por valor de 5.864 millones de euros. Los centros y servicios se han ido deteriorando por la asfixia económica de estas políticas sin alma. El compromiso y la sensibilidad social de las profesionales de los servicios sociales (la mayoría son mujeres) nos hacen estar al lado de las personas en los momentos difíciles y demostramos, ahora más que nunca, que con empatía y responsabilidad evitamos los riesgos sociales del coronavirus, y mantenemos la convivencia positiva protegiendo a las personas más vulnerables.

Es preciso no angustiar a las personas mayores ni a sus familiares, no alarmar a la sociedad con un hecho puntual, y mucho menos desde un cargo público, como sucedió el lunes. Estamos en tiempos difíciles, donde vamos a enfrentarnos a situaciones de colapso y desbordamiento, pero esta sociedad debe tener la seguridad de que los profesionales de los servicios sociales actuaremos con rigor, profesionalidad y dando lo mejor de nosotros para proteger a las personas que más lo necesitan.

De la misma manera que se valora la heroicidad del personal sanitario, a pesar de las grandes dificultades con las que trabaja, y se asume el fracaso, incluso de la muerte, el personal de los centros residenciales de los servicios sociales necesita de la confianza, el reconocimiento y el apoyo de la ciudadanía para afrontar con garantías los grandes retos de esta crisis. Y no nos olvidemos de los 100.000 dependientes que estaban en centros de día, el casi medio millón de personas que reciben servicio de ayuda a domicilio, o las 50.000 personas con discapacidad que están en centros residenciales.

Confiamos en el apoyo de la buena gente. Y, aunque los encantadores nos quiten la ventura, el esfuerzo y el ánimo, los seguiremos manteniendo por ética profesional.

José Manuel Ramírez Navarro es presidente de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales de España.

Información sobre el coronavirus

- Aquí puede seguir la última hora sobre la evolución de la pandemia

- El mapa del coronavirus: así crecen los casos día a día y país por país

- Preguntas y respuestas sobre el coronavirus

- Guía de actuación ante la enfermedad

- En caso de tener síntomas, estos son los teléfonos que se han habilitado en cada comunidad