La crisis del coronavirus

Entierros sin velatorio ni funeral: “Nuestro trabajo siempre es delicado, pero ahora es mucho más triste”

Los servicios funerarios denuncian la falta de mascarillas y trajes de protección

Trabajadores de una empresa funeraria de Palma trasladan un cadáver equipados con monos y mascarillas.
Trabajadores de una empresa funeraria de Palma trasladan un cadáver equipados con monos y mascarillas.TOLO RAMÓN

“Estamos trabajando en la total anormalidad. Cuando fallece una persona por coronavirus nos llaman directamente del hospital de Igualada. Bajamos al depósito de cadáveres donde tienen al difunto dentro de una bolsa hermética. Allí lo depositamos directamente en el ataúd y, sin velatorio y sin funeral, vamos directamente a incinerar o a inhumar. Todo eso solos, los familiares tramitan todo por teléfono porque se encuentran confinados al haber estado en contacto con un positivo en la enfermedad. Nuestro trabajo siempre es delicado, pero ahora es muchísimo más triste”, lamenta Joan Gabriel, gerente de la Funeraria Anoia, que está realizando los entierros de las víctimas de coronavirus de la primera zona de Cataluña que resultó confinada. La empresa de Gabriel ya se ha hecho cargo de, al menos, 14 fallecidos por coronavirus en Igualada.

El Ministerio de Sanidad y la Sociedad Española de Anatomía Patológica no han encontrado evidencias sólidas que adviertan del riesgo de contagio por coronavirus a partir de cadáveres. Pese a ello, la mayoría de funerarias españolas han optado por no prestar ningún tipo de servicio de vela o ceremonia para los fallecidos por esta enfermedad. Mémora —el grupo funerario líder en España (presente en 21 provincias, entre ellas Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o Zaragoza)— restringió estos servicios a los fallecidos por Covid-19 desde el pasado 6 de marzo. El consejero delegado del grupo funerario, Juan Jesús Domingo, asegura que esta restricción es obligada para “proteger a familiares y profesionales que participan en estos servicios y al resto de asistentes a otras actividades de los tanatorios”.

La crisis del coronavirus está tensando todos los sectores y el funerario no es una excepción. Domingo alerta de que el sector dedicado a las defunciones hace semanas que no está teniendo acceso ni a las mascarillas ni a la ropa de los llamados EPI (Equipo de Protección Individual). “Somos un servicio esencial y, aunque parece que a veces se olvida, formamos parte de la salud pública. Las empresas funerarias estamos utilizando stocks de este material que no es infinito. Es imposible reponer y, si nadie lo remedia, no podremos realizar el manejo de cadáveres ya que sería poner en riesgo a los trabajadores del sector y a la ciudadanía en general. Es obligatorio utilizar una serie de vestimentas —como se hizo con el ébola y otras enfermedades— para no extender los contagios”. A la Funeraria Anoia, mucho menor, le pasa exactamente lo mismo. “Estoy muy orgulloso de mis trabajadores, que están sabiendo estar a la altura en los momentos más difíciles, pero nadie se está preocupando de nuestros servicios de protección. He tenido que recurrir a comprar material propio de otras profesiones. Lo que sea necesario para resguardar a mis empleados”, advierte Joan Gabriel.

El estado de alarma también está afectando a los familiares del resto de fallecidos que no han estado en contacto con el coronavirus. La obligación de reclusión está poniendo muy complicada la asistencia a velatorios y funerales. “A nuestros clientes les aconsejamos que reduzcan las velas de difuntos a solo cuatro horas [la media suele ser 24 horas] y que solo permitan la asistencia a un máximo de 15 personas. También pedimos que en los funerales los sigan el mismo número de gente”, advierte el consejero delegado de Mémora. Para intentar que se cumplan estas recomendaciones, la empresa proporciona a las familias de los difuntos la posibilidad de que el funeral sea emitido por Internet vía streaming con unas contraseñas para que las personas allegadas puedan presenciar la ceremonia desde el ordenador, la tableta o el móvil. La empresa también ofrece la posibilidad de realizar los entierros o incineraciones y posponer las ceremonias de recuerdo a cuando la crisis por el coronavirus haya remitido.

Xavier Savin es uno de los psicólogos de la Fundación Salud y Persona, especialista en las necesidades en duelo. Mémora ha contratado a la fundación para dar apoyo emocional no solo a sus clientes sino también, y especialmente ahora, a sus trabajadores y a los profesionales de salud y servicios sociales que lo necesiten durante la crisis del coronavirus. “Es normal que se sientan desbordados, agotados, con miedo al estar expuestos a la enfermedad y frustrados…”, lamenta Savin, que asegura que es muy importante comprobar el estado emocional de aquellos que no pueden despedirse de sus familiares muertos por coronavirus.

Desde hace unos días en los entierros que se realizan en Barcelona hay una valla a tres metros del nicho para que los trabajadores funerarios puedan introducir los ataúdes respetando una distancia respecto a los familiares de los difuntos. Por el momento el número de entierros e incineraciones es el habitual.

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