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Una investigación interna de los Legionarios de Cristo reconoce 60 abusos a menores de su fundador, Marcial Maciel

El informe asume que, desde 1941, 175 menores fueron víctimas de 33 sacerdotes de la congregación

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Juan Pablo II bendice a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, en 2004. ap

La congregación de los Legionarios de Cristo, uno de los grandes movimientos del cristianismo romano, ha publicado su informe sobre los abusos sexuales a menores en su seno, principalmente por su fundador, el sacerdote Marcial Maciel, tres días después de que el papa Francisco haya ordenado suprimir el secreto pontificio sobre los pederastas eclesiásticos. Se titula Radiografía de ocho décadas para erradicar el abuso. En resumen, desde 1941 hasta la actualidad, 175 menores fueron víctimas de abusos sexuales cometidos por 33 sacerdotes de la congregación. Este número incluye los, al menos, 60 menores abusados por Marcial Maciel. De esos 33 sacerdotes, seis han fallecido, ocho dejaron el sacerdocio y 18 siguen en la congregación, pero apartados del trato pastoral con menores, cuatro con restricciones al ministerio y un plan de seguridad y 14 obligados a no ejercer el ministerio sacerdotal público. Entre los sacerdotes que abusaron, 14 a su vez habrían sido víctimas de un abuso en la congregación.

Se ha dicho que Benedicto XVI decidió abandonar el cargo ante las resistencias de su curia a expurgar el Vaticano de pederastas, el principal de todos el fundador de los Legionarios, Marcial Maciel, siempre protegido por Juan Pablo II, que llegó a proponerlo como ejemplo de la juventud. Se sabe ahora que Maciel, ya fallecido, llenaba de dinero el bolsillo de algunos cardenales cercanos al Papa ya que había convertido su congregación en un imperio económico, con colegios, universidades, agencias de noticias y de viajes, etc.

Lo escandaloso es que el Vaticano tuvo noticias de la calaña del fundador legionario en 1943 y que los jesuitas, con los que Maciel estudió en la Universidad de Comillas (Cantabria), lo habían expulsado del centro dos años antes. Lo reconoció en enero pasado el prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, el cardenal João Braz de Aviz. “Quien lo tapó era una mafia, ellos no eran Iglesia”, dijo a la revista católica Vida Nueva. João Braz vino a Madrid para clausurar la asamblea general de la Confederación Española de Religiosos (Confer). “Tengo la impresión de que las denuncias de abusos crecerán, porque solo estamos en el inicio. Llevamos 70 años encubriendo, y esto ha sido un tremendo error”, sostuvo. También dijo que el Vaticano tenía documentos desde 1943 sobre la pederastia en los Legionarios.

El informe que publica ahora la congregación, obligada por el Vaticano a reformarse a fondo, incluida la supresión en sus estatutos de toda cláusula de secretismo, abarca toda su historia, desde su fundación en 1941, avalado y aplaudido Maciel por el papa Pío XII y el ministro de Asuntos Exteriores español, el propagandista católico Alberto Martín Artajo, y porque el fundador había llegado a Europa precedido de la fama de santidad de un tío suyo obispo perseguido en México. Los resultados de esta investigación se han conocido el mismo día en el que el papa Francisco ha aceptado la renuncia del cardenal Angelo Sodano, de 92 años, como decano del Colegio Cardenalicio, una figura clave en los cónclaves, y ha limitado el mandato de este cargo a cinco años, renovable una sola vez a través de un motu proprio.

El informe emitido este sábado contiene los resultados de un amplio estudio realizado durante seis meses por una comisión interna que ha verificado las acusaciones de abuso sexual a menores por parte de sus sacerdotes, con estadísticas globales de los casos entre 1941 y 2019. Incluye un anexo con los pasos dados en la prevención y generación de ambientes seguros que la congregación ha implementado desde 2015 a nivel internacional.

"Hemos experimentado que cualquier paso de acercamiento a una víctima es un paso esencial hacia la justicia en la verdad", dice el informe después de confrontar y contrastar las denuncias que habían sido escondidas o ignoradas. “Durante el tiempo del estudio se ha contactado a 13 víctimas y se entrevistó con detalle a unos 40 miembros de la congregación. Hay que hacer luz sobre el pasado, por doloroso que sea, es liberador y fundamento indispensable para construir el futuro”, añade antes de condenar y deplorar los abusos cometidos, así como "aquellas prácticas institucionales o personales que pudieron favorecer o propiciar cualquier forma de abuso o revictimización". Los dirigentes actuales de los Legionarios, quienes aseguran no tener relación con tan desastroso pasado, esperan que la publicación del informe sea también para las víctimas un signo de su deseo de seguir dando pasos en el camino de reconciliación con cada una de ellas.

El estudio se publica en la estela de acabar con el secretismo, ordenado por el papa argentino, pero también porque los Legionarios de Cristo están preparando el llamado Capítulo General de la Congregación, que tendrá lugar en Roma a partir del próximo 20 de enero. Allí la comisión encargada del estudio presentará conclusiones y recomendaciones.

El informe y las estadísticas están publicados en la página web ceroabusos.org, donde se encuentra también un canal de escucha y denuncia. Con esa medida de transparencia, los Legionarios pretenden "seguir haciendo luz sobre los abusos por parte de algunos miembros a lo largo de su historia, contribuir a la sanación de las víctimas y favorecer ambientes seguros que ofrezcan todas las garantías posibles para un futuro con cero abusos".

El conocimiento de los escándalos de pederastia en el seno de los Legionarios de Cristo, hasta entonces uno de los grandes movimientos del nuevo catolicismo, provocó que el Vaticano dictara, por fin, la llamada “tolerancia cero”, la consigna con que el cardenal alemán Ratzinger ganó el pontificado. No le hicieron caso y terminó renunciando al cargo, en un gesto sin precedentes en siglos.

El castigo a Marcial Maciel y su organización fue riguroso, pero llegó tarde porque tenían la protección de Juan Pablo II y de varios de los miembros de la Curia (Gobierno vaticano). Sin embargo, no se llegó a la extinción de la congregación, como solicitaban varias de las víctimas, algunas de las cuales habían llegado a tener cargos internos de relevancia antes de decidirse a denunciar. La investigación ordenada por Benedicto XVI nada más asumir el pontificado fue realizada por cinco cardenales y duró varios años. Nunca se publicó. Entre los investigadores elegidos por el Papa, estaba el español Ricardo Blázquez, actual presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Entre otras exigencias, además de la proscripción del fundador, los legionarios se comprometieron a dejar de festejar las diversas efemérides de Maciel; tendrían que dejar de llamarlo “nuestro padre” e ignorar su nombre en público; debían eliminar de sus centros todas las fotografías en las que estuviera solo o con Juan Pablo II y dejarían de vender sus libros. Hubo una excepción por respeto a la "libertad personal": quien deseara conservar “de manera privada” alguna fotografía del fundador, leer sus escritos o escuchar sus conferencias, podría hacerlo, pero discretamente.

Con ese largo proceso de purgación y depuración, y eliminados los más estrechos colaboradores de Maciel, el Vaticano autorizó hace un año las nuevas constituciones de la congregación y dio el visto bueno canónicamente a las consagradas y laicos consagrados del Regnum Christi “como sociedades de vida apostólica de derecho pontificio”. Además, aceptó aprobar el Regnum Christi en su conjunto como “una federación formada y gobernada colegiadamente entre los Legionarios de Cristo, las consagradas y los laicos consagrados, con voto consultivo de los laicos, que se asociarán individualmente a la federación”.

 

Protegido en España por los propagandistas católicos

El Vaticano fue benévolo con los Legionarios de Cristo cuando descubrió que su fundador, Marcial Maciel, había abusado de decenas de niños, tenía varios hijos y una vida económica bajo sospecha. También gozó de bula en España, donde su relación con el catolicismo fue temprana e intensa. Se remonta a 1946, dos años después de ser ordenado sacerdote en la basílica de Guadalupe, en México. Estudió con algunos de sus seguidores en la Universidad Pontificia de Comillas, entonces ubicada en Cantabria, y contactó con políticos del reaccionario nacionalcatolicismo reinante, que le facilitaron el camino hacia Roma. Uno de sus protectores fue el entonces ministro de Exteriores y dirigente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), Martín Artajo. También lo acogió el marqués de Comillas, Carlos Güell.

Tanto apoyo a quien no dejaba de ser entonces un muchacho mexicano sin biografía ni reconocimiento romano tuvo que ver con el empeño de los democristianos de poner sordina al crecimiento del Opus Dei. Hoy son 21.300 miembros seglares, 526 consagradas, 63 laicos consagrados, 1.537 legionarios de Cristo y 11.584 miembros adolescentes en una organización llamada el ECYD. En su obra educativa (154 colegios, cinco academias internacionales, 14 universidades civiles y cuatro eclesiásticas), se forman 176.000 alumnos. Además, gestionan el santuario diocesano de Nuestra Señora de Sonsoles en Ávila; seminarios en Ontaneda (Cantabria) y Moncada (Valencia), junto con la Universidad Francisco de Vitoria, en Pozuelo (Madrid); la red de colegios Everest y Cumbres; la organización Highlands; la cadena de centros Mano Amiga y la agencia de noticias Zenit.

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