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Comienza el juicio a la madre acusada de intoxicar y ahogar a su hija de nueve años

Los cambios de versión incriminan a la mujer, para quien se pide prisión permanente revisable

El padre de la niña asesinada (Kiara), Valeriano Borja, junto a Tamara Pérez, actual pareja del padre de Josune de la Torre, hermana por parte de madre de la víctima, frente al bloque de viviendas donde se produjo el asesinato.

Eran las nueve y media de la noche cuando Josune de la Torre, de 20 años, supo que algo raro pasaba. Su madre, que estaba con su hermana Kiara, de nueve, no le cogía el teléfono; tampoco había luces en el piso en el que vivían las tres en el barrio bilbaíno de Atxuri. La joven avanzó por el pasillo con su bebé, de casi dos años, a cuestas. El único ruido lo hizo ella cuando entró en la habitación de su madre, Ada de la Torre, y la descubrió tumbada en la cama, inerte. Alarmada, encendió la luz y vio a Kiara muerta a su lado.

La actuación de los sanitarios de la ambulancia, que ante la situación de parada cardiorrespiratoria  de Ada de la Torre le indujeron el coma, impidió que falleciera el 16 de enero de este año. Las investigaciones comenzaron al momento. La madre, de 38 años, que permaneció en estado de coma tres días, fue detenida en el hospital cuando recuperó la consciencia y acusada de homicidio con agravante de parentesco. La autopsia a la menor reveló que murió asfixiada.

En su cuerpo hallaron restos de 12 medicamentos, en su mayoría antidepresivos y analgésicos. Tanto la acusación particular, ejercida por Valeriano Borja, el padre de la fallecida, como la Fiscalía y la asociación feminista Clara Campoamor, piden prisión permanente revisable. La decisión la tomará la juez con la presencia un jurado popular de nueve personas en una sesión convocada por la Audiencia Provincial vizcaína que ha comenzado este jueves. El abogado de la acusada no ha respondido a este periódico.

En sus primeras declaraciones a la Ertzaintza, Ada de la Torre aseguró que esa misma tarde un hombre vestido de negro, encapuchado y con un cuchillo, entró en el domicilio por la fuerza y le mandó escribir unas cartas dirigidas a Josune, su hija mayor. En las misivas, escritas con tinta roja y que los agentes encontraron junto a la cama de la mujer, se podían leer frases como "estoy obligando a tu madre a matar a su hija y suicidarse" o "compórtate como una buena madre o haré lo mismo [...] yo ya no tengo nada que perder". Ada negó el recuerdo "físico" de darle las pastillas a la menor, pero sí reconoció haberla ahogado con sus propias manos por orden del varón. Según su versión, el hombre la obligó a escribir la nota, a cortarse las muñecas y a tomar fármacos.

Sin embargo, dos meses y medio después, cuando la mujer ya se encontraba en la cárcel de Mansilla de las Mulas (León) en prisión preventiva, cambió la versión. Lo hizo en una nueva carta, de 12 folios, que envió a su hija Josune desde la prisión, una de las cuatro por las que ha pasado desde su detención por motivos de seguridad. En el texto se consideraba "víctima" y admitía que, forzada por el extraño, le suministró los medicamentos a la menor "en un colacao". En este escrito negaba haberla asfixiado y culpaba al encapuchado. 

Cuando la mujer fue detenida, la policía autónoma vasca encontró restos de polvo de ángel en su cuerpo, una droga que puede provocar alteraciones emocionales o alucinaciones. El  Juzgado de Instrucción 7 de Bilbao pidió un informe forense que concluyó en septiembre que no padecía "patologías psiquiátricas"; tampoco apreciaron "secuelas cognitivas" que pudieran eximir a la reclusa. A los investigadores no les consta que ningún extraño pisase la casa.

Nadie esperaba que Ada pudiese llegar a esos extremos, aunque sí le atribuyen un carácter "manipulador". Valeriano Borja explica con tristeza que comenzaron una relación hace nueve años y que Kiara, una niña morena que sonríe en las fotos familiares, fue "buscada, muy deseada". Sin embargo, la menor mantuvo los apellidos maternos, y así figura en los documentos oficiales, pues la mujer le instó a no reconocerla y así obtener una ayuda social como madre soltera de unos 800 euros mensuales, más 200 para el alquiler, según precisa Josune. La pareja se distanció en 2016 y Ada comenzó a "sugestionar a la cría contra su padre", según cuenta este. "Separarme fue el mayor error de mi vida", afirma con pena Valeriano, que veía a su hija regularmente cada dos semanas. La última vez fue en un parque quince días antes del asesinato. "Le di gominolas", recuerda. El padre quería denunciar la irregularidad cuando Kiara creciese para no perjudicar su desarrollo.

De la Torre también actuó así con Josune, fruto de una relación previa, y por la que también recibió prestación hasta que alcanzó la mayoría de edad. La mujer ocultó una sentencia judicial que reconoció en 2001 al progenitor de la chica como "padre extramatrimonial". La joven recuerda con amargura que su vínculo con Ada "no era el de madre-hija", pues mediaron los servicios sociales, mientras que sí tenía sintonía con Kiara: "La defendía de los insultos de mi madre, que la atacaba por su peso". Ada se había sometido a una operación para perder kilos porque padecía obesidad mórbida. La acusada almacenaba "una auténtica farmacia", describe Valeriano, para paliar los dolores que sufría. También consumía antidepresivos, algo que confirma el informe de la Ertzaintza, que muestra un sinfín de fármacos en la vivienda. El servicio vasco de Farmacia proporcionó más de 200 medicamentos a la acusada durante 2018 y 45 a sus dos hijas.

Los servicios sociales colaboraron en el entierro de la niña, en febrero, con Josune de la Torre y Tamara Pérez, actual pareja del padre de Josune, a pesar de las trabas de la familia materna, afirma Pérez. Valeriano ha solicitado que se le reconozca la paternidad para darle sepultura a Kiara con sus antepasados. Tendrá que esperar siete años para moverla de sitio. Josune, que vio viva por última vez a su hermana esa tarde, "adormilada" en la cama de su madre, quiere justicia. El pediatra ha detectado trastornos del sueño en su bebé. Lo achaca a las escenas de pánico que sintió junto a su madre. Josune se sigue despertando entre pesadillas que repiten lo que vio aquella noche de enero.

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