España encabeza la carrera contra la hepatitis C: en 2024 estará eliminada

Un estudio proyecta que será el segundo país del mundo, tras Islandia, en erradicar la enfermedad. Se calcula que unas 60.000 personas ignoran que viven con el virus

Imagen tomada con un microscopio del virus de la hepatitis C.
Imagen tomada con un microscopio del virus de la hepatitis C.BSIP (Getty Images)

España encabeza la lucha mundial para la eliminación de la hepatitis C, un virus asintomático que a largo plazo puede causar dos enfermedades letales: cirrosis y cáncer de hígado. En 2024, será el segundo país del mundo en eliminar la dolencia —por detrás de Islandia, que lo hará en 2023—, según un estudio de Estados Unidos y Alemania de varios centros de investigación sobre enfermedades, que analiza los planes de acción contra el virus de 45 países y hace una proyección matemática de futuro. Mientras, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho el jueves un llamamiento a todos los países para que inviertan en tratamientos para eliminar la enfermedad en 2030. España va adelantada.

“Si seguimos tratando y diagnosticando al mismo número de pacientes al año, es lógico que seamos los líderes, pocos países han hecho un esfuerzo similar al de España”, explica Javier García-Samaniego, jefe de sección de Hepatología del Hospital Universitario La Paz. Desde el lanzamiento del plan nacional contra la hepatitis C, en 2015, en el que se han invertido más de 2.500 millones de euros, 130.000 pacientes han recibido tratamiento y han conseguido eliminar el virus gracias a una pastilla, según datos del Ministerio de Sanidad. Un medicamento con un coste elevado que ha sido una de las grandes apuestas. “El Gobierno priorizó esa lucha y consiguió cerrar un acuerdo ventajoso con las farmacéuticas; logró un menor precio al comprar mayor cantidad de medicamentos”, señala García-Samaniego. Esa negociación le valió a España pasar de los 50.000 euros de tratamiento por paciente en 2015, a los 7.000 que paga hoy. En una primera fase, hasta 2017, se dio prioridad a los pacientes más graves, con mayor riesgo de fallecer. Después, se universalizó y se dio medicación a todos los afectados.

Esther Gonzalo, de 58 años, se enteró de que estaba infectada durante su único embarazo, en 1997. Nunca supo cómo se contagió. “Los médicos me decían que no estaba entre los grupos de riesgo; nunca me drogué, ni me habían hecho transfusiones de sangre”, cuenta por teléfono. Se sometió a varios tratamientos, sin éxito. “La medicación del momento era el interferón, con efectos parecidos a los de la quimioterapia. A mí solo me provocaba insomnio, nada más. Me la retiraron”, recuerda. Desde entonces, cada año se le practicaban análisis hasta 2016, cuando tomó la pastilla y, seis meses después, estaba curada. “Vivía con la angustia de saber que no había solución y me afectó mucho en las relaciones sexuales con mi marido, tomábamos precauciones pero siempre temía contagiarle”, cuenta. Él y su hijo se hacían pruebas periódicamente. “Durante esos años, la mayoría de la gente no sabía lo que era la hepatitis C, por lo que no me generaba muchos más problemas”. 

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Hoy, 1.500 pacientes reciben tratamiento cada mes en España, unas 18.000 personas al año. El fármaco, con una efectividad del 97% y sin efectos adversos graves, se suministra entre dos y seis meses, en los que el paciente toma de una a tres pastillas al día. “Vamos en el buen camino, pero todavía quedan unas 60.000 o 70.000 personas afectadas que no están diagnosticadas, que no saben que portan el virus”, indica Agustín Albillos, miembro del consejo científico del plan nacional español contra la hepatitis C y jefe de servicio de Gastroenterología y Hepatología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Los que desconocen ser portadores del virus son un 0,26% de la población total. De ellos, un 86% son varones entre 50 y 80 años, y el resto mujeres en esas mismas edades. “El 30% de ellos ya podría tener cirrosis”, advierte Albillos.

Transfusión de sangre

La Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas recomienda una prueba diagnóstica a aquellos que se hicieron una transfusión de sangre antes de 1992, a los que hayan consumido drogas por vía intravenosa o nasal, mantenido relaciones sexuales sin preservativo, o a los que se hayan realizado tatuajes o piercings sin esterilización. “Ese es el mayor reto, que las autonomías aumenten las campañas de búsqueda activa de afectados, tanto entre los grupos de riesgo como entre la población general. Hay mucha gente a la que no le funcionaron los antiguos tratamientos y no volvieron al hospital”, añade Albillos.

La hepatitis C crónica afecta a 71 millones de personas en el mundo, según datos de la OMS. De los 194 países del planeta, 124 tienen planes específicos dentro de sus departamentos de Sanidad, pero el 40% de ellos no cuenta con partidas destinadas a la eliminación de la infección. “El 80% de la gente afectada no puede acceder a los servicios de prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad”, indica Tedros Adhanom, director de la OMS. “A largo plazo, los países que no desarrollan planes eficaces incrementan el gasto sanitario en tratamientos contra la cirrosis y el cáncer, generados por una hepatitis C sin diagnosticar”, recalca Marc Bulterys, del equipo de Hepatitis de la OMS. Sobre la previsión de que España acabe con el virus en 2024, Bulterys se muestra esperanzado. “Es uno de los 12 países del mundo que mejor lo está haciendo”.

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