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“El arzobispo de Oviedo me dijo que era mi palabra contra la suya”

Una víctima de abusos sexuales por un sacerdote relata la pasividad de la Iglesia cuando denunció su caso

V. C., una víctima asturiana de 36 años, calló hasta 2015, cuando al fin se sintió preparada para denunciar al sacerdote que había abusado sexualmente de ella desde los seis hasta los 13 años en Villaviciosa (Asturias). De su puño y letra escribió una carta al arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, donde le narraba los hechos y las terribles secuelas que le habían provocado. Cuando se reunió con él en la diócesis asturiana, Sanz, con la misiva en la mano, le comentó que no se podía hacer nada. “Me dijo que era mi palabra contra la suya, que le habían apartado unos años antes de mi denuncia por otros asuntos y que estaba bajo vigilancia”, relata ella. El obispo no la “invitó” a que lo denunciase ante la justicia, como marca desde 2010 el protocolo contra los abusos de la Conferencia Episcopal Española, y tampoco abrió un proceso eclesiástico contra dicho sacerdote.

“Cuando salí de allí me enfadé tanto que miré asociaciones de violencia contra la mujer, contacté con una y finalmente denuncié en 2016”, explica la víctima. El clérigo E. S. F., según cuenta, fue a la citación con un abogado de la diócesis y lo negó todo. “La Audiencia Provincial de Asturias, sección 8, rechazó la denuncia porque, según el juez, el delito había prescrito, y estamos reclamando”, explica. Su abogada dice que están recopilando pruebas de que ese caso ya se denunció en su día y que están a la espera.

No es la primera vez que el párroco es acusado por estos delitos. Cuando sucedieron los abusos, la víctima vivía con su madre divorciada y con el sacerdote en una comunidad cristiana que él lideraba. Algunos familiares descubrieron los abusos y los denunciaron, pero los hechos no pudieron ser probados. “Todo fue en un contexto cerrado, en una comunidad cristiana aprobada por el obispado. Recuerdo que a veces venía a vernos el obispo”, relata la joven.

La Archidiócesis de Oviedo ha confirmado que este caso se archivó en 1997 y que, tras la nueva denuncia, los delitos han prescrito. No ha comentado nada sobre si se realizó en su día, o recientemente, un proceso eclesiástico. En 2012, el actual arzobispo de Oviedo decidió, sin dar explicaciones, retirar de la parroquia donde se encontraba al sacerdote. Los vecinos salieron a la calle con pancartas para protestar contra la decisión de la diócesis. En 2018, el obispado anunció su traslado a la unidad pastoral de Pola de Siero, a unos 35 kilómetros de Villaviciosa.

Cuando V. C. comenzó a estudiar Biología, los recuerdos se volvieron más intensos. “Tuve una depresión y empecé a ir a una psicóloga. Le conté todo y mejoré, pero años después volví a recaer cuando me fui al extranjero. Volví a ver a una psicóloga y me animó a que hiciera algo”, cuenta. Fue entonces cuando escribió al arzobispo. “Con 14 años ya tenía crisis de ansiedad. Mientras mis primos jugaban, yo pensaba en todo lo que estaba pasando. Me robaron la niñez. ¿Cómo puedo inventarme eso?”.

Le enfada que los delitos prescriban (en España, a los 15 años contados a partir de que la víctima cumple 18). Fue muy complicado, dice, lanzarse a hacer algo. Ahora que lo ha hecho no tiene pruebas suficientes para demostrarlo: “No tengo nada más que lo que le conté a la psicóloga. No tengo moratones. No sé quién decidió que tú tendrías que asimilar los hechos en x tiempo. Me parece muy arbitrario”.

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