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Esculturas de otra vida

De Julián esculpe figuras de barro cubiertas de porcelana que funde con cenizas de difuntos

Óscar De Julián en su taller el día de la entrevista. Ampliar foto
Óscar De Julián en su taller el día de la entrevista.

Nacer, crecer, morir. Y luego… convertirse en escultura. Esto es lo que ofrece Óscar de Julián, un colombiano nacionalizado español que crea figuras de barro cubiertas de porcelana fundida con cenizas de difuntos.

Todo surgió cuando el hijo del escultor murió el mismo día que nació. En ese momento, este artista de 57 años se encontraba en Bogotá, lejos de su pareja, que vivía en Pereira, al centroeste del país. No llegó hasta tres días después, cuando su bebé ya había sido enterrado. Al visitar la tumba no había nada: habían robado la lápida y no pudo hallar los huesos de su hijo. “Ahí se me ocurrió la idea. Me dije: ‘Si hubiera encontrado los restos, hubiera hecho lo mismo que hacían los chinos en el siglo VII —fundir los huesos de animales con cerámica para blanquear la pasta—, habría preparado una porcelana con las cenizas de mi hijo para conservarlas”, explica.

Un collar pequeño puede costar 600 euros, y una estatua grande, 1.500

Teresa Garrido había oído hablar de las esculturas de De Julián. Cuando murió su madre, hace dos años y medio, decidió convertir sus cenizas en una escultura con dos flores —una azul y una negra—, más seis corazones para sus hijos y sobrinos, unos pendientes y un collar para ella. “Las rosas están en mi salón. Hablo a diario con ellas, es decir, con mi madre. La siento mucho más presente, le consulto”, explica esta madrileña vía telefónica. Los huesos de su padre, por el contrario, fueron enterrados y luego se perdieron por un error burocrático. “Si hubiera sabido de las figuras entonces, habría encargado una para mi padre. Es una manera digna y bonita de conservar lo último de un ser amado”, subraya.

“Nací en una tierra de escultores, ahí todo el mundo talla la madera maravillosamente”, relata De Julián. Graduado en dibujo técnico y en escultura figurativa, entró más tarde en la Asociación Química Colombiana, donde estudió la composición de la porcelana. Desde la muerte de su hijo había estado investigando el proceso químico para fundir materiales óseos con la porcelana cuando, en 1989, conoció a un hombre con un problema: su madre y su hermano, enterrados en un cementerio, iban a ser trasladados a una fosa común por falta de pago. De estas dos personas nació la primera escultura memorial o neoescultura, como las ha denominado De Julián. Asegura ser “el único en el mundo que hace esto”. Tiempo después estudió prótesis dental, carrera que finalizó cuando llegó a España hace 17 años.

Es una forma digna y bonita de guardar a un ser amado” dice una cliente

El proceso no es sencillo ni barato. De Julián lava químicamente las cenizas para descontaminar los huesos, que llegan con restos de metal. “Luego hago un cálculo estequiométrico para saber qué porcentaje de hueso debo combinar con otros minerales con los que se obtiene la porcelana. Los detalles técnicos no los puedo decir para que no me imiten. Aunque si me pagan, lo enseño en alguna universidad”, confiesa el colombiano. Elabora una base de barro para la escultura, después vierte la porcelana que lleva las cenizas en moldes de escayola y la hornea unos tres días.

Una pieza grande puede costar 15.000 euros, y un broche pequeño, 600. La escultura que está en la fotografía se asemeja a El Beso, de Auguste Rodin. De Julián pone en ella su mano artística para darle su interpretación y para no tener problemas por derechos de autor. Ésta fue un encargo de una familia que perdió a su padre un día y a su madre al siguiente.

Hoy, además de sus originales neoesculturas, De Julián realiza piezas para películas como en El Reino de los Cielos o Tirante el Blanco, donde colaboró con la figurinista de vestuario Yvonne Blake realizando las joyas y coronas de los personajes. “Son experiencias que te llenan”, se enorgullece el artista, al tiempo que muestra el primer borrador de sus memorias, que ya está terminando de escribir.

Todos los que solicitan una escultura memorial pueden estar presentes durante el proceso para asegurarse de que son las cenizas de su familiar, amigo o animal las que están en el resultado final, dice De Julián. “Mis piezas no tiene una finalidad decorativa, son una forma de no perder a tu ser amado. Lo conviertes en un ángel o en una flor, y se vuelve eterno”.