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La cultura da trabajo

Con la contratación pública ausente, los yacimientos de empleo se trasladan al sector privado y a nuevas labores como la gestión

Taller de encuadernación en la editorial Yvorypress Ampliar foto
Taller de encuadernación en la editorial Yvorypress

Vive en la gran ciudad y suele ser un hombre, cuenta con una formación académica superior a la media, ocupa un cargo cualificado y trabaja —muchas veces en régimen autónomo— en una microempresa con no más de cinco compañeros a su lado.

Este es un retrato que, en su mayoría, comparten 457.600 personas en España. Aquellas que trabajan en el mundo de la cultura. Es una cifra de 2012 (la más actualizada que maneja la Administración), y tomada de manera aislada cuenta poco, pero en conjunto revela que desde 2008 se han perdido 104.400 empleos en esta actividad. Cada vez hay menos trabajo en las páginas de los libros o en las plateas de los teatros. Pese a todo, algunos expertos citan a Aristóteles cuando aseguran que las industrias culturales tienen “potencia”. Es la bellota que puede ser encina. Además, el sector ha sido capaz de crear puestos estables, que son los que resisten mejor la crisis. El faro en la tormenta.

El sector ha sido capaz de crear puestos estables, que resisten la crisis

Estos días, si se quiere trabajar en esta industria, hay que buscar en yacimientos privados, porque el caladero público está esquilmado. Quien llame a la puerta de una gran institución, como el Museo del Prado o el Reina Sofía, y busque trabajo, hallará las mismas palabras. “La contratación casi no existe, ni siquiera se cubren las bajas o las jubilaciones”. Es una consecuencia directa de que el Estado gaste sólo el 0,55% de la riqueza del país en este sector. Por eso, la única vía abierta al empleo en este tipo de organismos es través de becas. La última propuesta del Museo Reina Sofía, en enero pasado, traza una buena pista. Se convocaron siete becas de investigación, con una cuantía de 106.000 euros. ¿Perfiles? Licenciados en Historia del Arte, y otras Humanidades, con excelente currículo académico.

El Estado gasta sólo el 0,55% de la riqueza del país en el área cultural

Esto ocurre en Madrid. El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) tiene un relato propio. “Las posiciones que hemos buscado hace poco, para cubrir vacantes temporales, han sido en prensa, marketing, asistencia en proyectos de programas públicos, coordinación del archivo histórico y apoyo administrativo”, detalla la institución. Como era de esperar, los puestos administrativos requieren estudios secundarios y los técnicos, superiores.

¿Entonces? En el arte hay que buscar el nicho dentro del nicho. Y, sobre todo, el autoempleo. Existen 3.625 negocios a su alrededor. “En los últimos años se han creado empresas, la mayoría pequeñas, que gestionan iniciativas para instituciones culturales públicas y privadas”, apunta Mercedes Basso, directora general de la Fundación Arte y Mecenazgo. Se refiere a externalizar proyectos y servicios. ¿Cuáles? Visitas guiadas (museos y centros culturales), atención al visitante, consultoría o comunicación. Ahí existe trabajo. Aleyda Domínguez y Cristina Ruiz, dos jóvenes periodistas, lo encontraron al crear Acerca Comunicación, especializada en comunicar arte. Procedentes del gabinete de prensa de Arco han construido un equipo de periodistas, diseñadores y especialistas en bloghunting y marketing online. “Es un sector en el que se puede potenciar mucho la comunicación, ya que gran parte de las galerías, museos e instituciones tienen carencias”, observa Aleyda.

La única vía laboral en las grandes instituciones es a través de las becas

La fórmula de hallar empleo aprovechando las flaquezas funciona, porque “no existe crisis en la creación, lo que hace falta es saber cómo vivir de ella; cómo llevarla al mercado”, repite José María Álvarez de Lara, profesor de ESADE. Y en ese retorno a la realidad hallamos la reivindicación de la formación en Humanidades. Desde hace varios años se oferta este grado en la universidad española y tiene salida laboral. “Nuestros titulados en Humanidades encuentran una rápida inserción profesional en el mundo de la cultura”, afirma Nacho Gil, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. Y lo precisa. Según su experiencia, hay trabajo, entre otros lugares, en archivos (Historia, Documentación), fundaciones (Historia, Humanidades y formación adicional en Gestión del Patrimonio, Gestión Cultural, Arqueología o Restauración), editoriales (Filología, Humanidades) y productoras audiovisuales (Comunicación Audiovisual, Historia y Filología). Hacerse con el puesto resulta difícil, pero los chicos que dominen varios idiomas y se hayan especializado en gestión cultural tendrán más posibilidades.

De eso, de posibilidades y de gestión, habla Alberto Anaut, uno de los principales dinamizadores de la cultura del país a través de La Fábrica. Este experto reclama un perfil profesional que hace 15 años no existía: el gestor cultural. Cuando pase la tormenta económica, el crecimiento de esta posición será fuerte. “La sociedad española va a demandar cada vez más cultura y estará en manos de gestores profesionales y no de funcionarios o cargos políticos”, vaticina Anaut. Fiel a este presagio su centro ofrece un curso de Director de proyectos culturales (250 horas y 5.500 euros) que encaja con su particular mirada. “La demanda en la formación se dirige a resolver problemas y no a acumular conocimientos”, resume el director de La Fábrica.

En el arte hay que buscar el nicho dentro del nicho y el autoempleo

En este escenario diferente, las empresas de gestión cultural ocupan un espacio propio. Por eso, encontrarán negocio dando servicios a grandes compañías que, por aquello de reducir costes, cada vez externalizarán más actividades. Incluso la crisis abre veredas nuevas. “Existe un terreno de oportunidad en el desarrollo de iniciativas culturales vinculadas a personas en riesgo de exclusión y discapacitadas”, indica Ignasi Miró, director del área de Cultura de la Fundació la Caixa. Otra opción para hallar esos yacimientos “reside en crear productos de formación híbridos combinando disciplinas innovadoras”, argumenta Antonio Lacasa, experto en marketing deportivo de ESIC. “Por ejemplo, uniendo el deporte con otras propuestas culturales y de entretenimiento”.
Y si hay un ocio por excelencia estos días es el cine.

El Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) ha localizado un oficio que es una veta de empleo. “Todos los trabajos alrededor de la producción y realización para televisión”, revela un portavoz del organismo. En su caso esta propuesta se envuelve dentro de sus estudios de Comunicación Audiovisual (240 créditos y cuatro años). A ellos acceden los chicos a través del bachillerato de Humanidades.

Pero la cultura pide la voz y también la palabra. En la editorial Ivorypress, fundada por Elena Foster, manda lo artesanal. Pequeñas tiradas, encuadernación manual, papel trenzado a mano... Es la apuesta por un mercado minoritario, que exige “una combinación de excelentes profesionales del libro artesano: desde diseñadores gráficos hasta encuadernadores”, conceden Valerie Maasburg, directora de la librería, y Marta Amigo, responsable de diseño de Ivorypress. A su lado, claro, conviven los medios digitales, y “los trabajadores más necesarios tendrán que ver con diseño web, periodismo y edición digital”, resumen. Palabras que leeremos en una página de papel o en la pantalla electrónica.