Aumentan las mujeres que usan fármacos para la hiperactividad en EE UU

Los expertos lo justifican por los sobrediagnósticos y en que las niñas sufren una forma menos llamativa del trastorno

Adderall, medicamento para tratar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Adderall, medicamento para tratar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad. AP

Desde hace años los expertos llevan alertando en Estados Unidos por la sobremedicación y por el exceso de diagnósticos de trastorno por hiperactividad y déficit de atención entre los menores (TDAH, en sus siglas en español). Un último estudio, realizado por una importante farmacéutica, revela que este problema también es extrapolable a los jóvenes adultos, menores de 35 años.

“De 2008 a 2012 se ha duplicado el número de personas que toma un fármaco para tratar esta patología psiquiátrica en este grupo de edad, como pueden ser los estimulantes Aderall y Concerta.  El crecimiento ha sido muy acusado entre las mujeres. Exactamente ha aumentado un 85%. El consumo en varones, por el contrario, disminuye cuando alcanzan los 18 años de edad”, concluye el estudio.

“Aunque los niños son los principales consumidores de este tipo de medicamentos, el número de adultos que los usan ha aumentado más rápido de lo esperado”, reitera la investigación. En los últimos cinco años, el crecimiento total en la población estadounidense ha sido de un 36%, y casi cinco millones de personas han recibido una receta para tratar el TDAH.

Este trastorno se inicia en la infancia y es el resultado de un desequilibrio en los niveles químicos del cerebro que hace que la persona carezca de control de impulsos, de pautas de atención y que padezca hiperactividad o exceso de movimiento.

“El incremento tan rápido entre los adultos es muy llamativo, especialmente cuando no se cuenta con ningún estudio fiable de cómo estos fármacos afectan a este grupo de edad”, ha dicho el doctor David Muzina, de Express Scripts, empresa responsable de la investigación. “El dato es preocupante y lo debemos estudiar con más profundidad”, ha añadido Muzina. La muestra fue de 400.000 personas de entre cuatro y 64 años a los que se les fue recetado al menos en una ocasión este tipo de medicamento.

Una de las razones que plantean los expertos apunta al incremento de diagnósticos entre los menores estadounidenses. De acuerdo con los datos de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés), un 5% de los menores consume algún fármaco para tratar el TDAH.

El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de EE UU no es tan optimista (CDC, por sus siglas en inglés). Según el CDC, el 11% de los niños menores de 12 años está siendo tratado o ha sido tratado con algún fármaco para tratar este trastorno en su vida. En abril de 2013, los expertos alertaron de que el exceso de nuevos diagnósticos de TDAH en los menores de cuatro a 17 años propició que en los últimos 10 años los supuestos casos aumentaran un 53% en el país. Esto significa que 6,4 millones de menores en EE UU habrían padecido este trastorno alguna vez en su vida.

“Es cierto que estos medicamentos pueden mejorar de forma significativa su calidad de vida si están bien diagnosticados o, por el contrario, pueden ocasionarles episodios de ansiedad, adicción e, incluso, psicosis, si no lo están”, han explicado desde el CDC. "Tenemos que garantizar el equilibrio. Encontrar los medicamentos adecuados para tratar el TDAH, y asegurarnos de que se está tratando a las personas adecuadas. Estas medidas pueden marcar una gran diferencia. Por desgracia, el mal diagnóstico parece estar creciendo a un ritmo alarmante", han añadido.

Otro de los motivos que añaden es que “las niñas suelen presentar un TDAH más enfocado al déficit de atención que mostrar mal comportamiento en el colegio, conducta más propia de los varones, por lo que no saben que lo padecen hasta que consultan ellas mismas con un especialista”, concluyen los autores del estudio.

Sobre la firma

Carolina García

La coordinadora y redactora de Mamas & Papas está especializada en temas de crianza, salud y psicología, y ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Es autora de 'Más amor y menos química' (Aguilar) y 'Sesenta y tantos' (Ediciones CEAC). Es licenciada en Psicología, Máster en Psicooncología y Máster en Periodismo de EL PAÍS.

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