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Los clubes para fumar se multiplican

La región tiene 400 centros, la mitad en la capital, con 165.000 miembros

El departamento de Sanidad Catalán estudia limitar la cantidad de marihuana que cada socio puede consumir.
El departamento de Sanidad Catalán estudia limitar la cantidad de marihuana que cada socio puede consumir.

La situación de los clubes de cannabis en Cataluña, especialmente en Barcelona, está tomando un ritmo vertiginoso. Se calcula que hay unos 400 clubes, la mitad en la capital, con más de 165.000 asociados, según la Federación de Asociaciones Cannábicas Autoreguladas de Cataluña (Fedcac). Los números que baraja esta entidad advierten de que hay unos 60.000 socios —los más activos— que gastan entre 50 y 100 euros al mes para comprar cannabis. Según estos cálculos, solo con ellos, estas asociaciones sin ánimo de lucro ingresarían cada mes 4,5 millones de euros, a los que hay que sumar el gasto de los miembros menos activos.

Los socios más activos gastan en maría entre 50 y 100 euros al mes

El abogado penalista Martí Cànaves recuerda que “las entidades sin ánimo de lucro pueden tener ingresos, pero los deben reinvertir en el proyecto”. Los gastos que tienen estos clubes son alquileres, nóminas y algunas actividades culturales, pero como el cultivo no está regularizado (se planta en naves escondidas), hay muy poco control sobre el dinero que gestionan.

Ante la falta de regulación, los clubes se han organizado en dos federaciones y se han autoimpuesto unos compromisos, como el de contratar a un médico para atender y aconsejar a los consumidores, ya sean terapéuticos o de ocio, o el de tener a todos los trabajadores en plantilla. A pesar de ello, saben que este paso es insuficiente y que el descontrol actual supone un gran riesgo para sus intereses: el dinero que generan está atrayendo a traficantes que nada tienen que ver con sus ideales de despenalización del cannabis. “Se nos ha ido de las manos”, reconocen fuentes de la Fedcac, que advierten que el sector “crece exponencialmente y será imparable”.

Ya han tenido hasta 27 reuniones en el Parlamento catalán con responsables de Sanidad de los distintos partidos políticos para reclamar una regulación. A diferencia del País Vasco, en Cataluña es el Gobierno y no la Cámara quien intenta llenar el vacío legal. Todavía no se ha tomado ninguna decisión, pero el Departamento de Salud tiene claro que la no regulación supone un riesgo y apuesta por consensuar un texto de “buenas prácticas”.

El punto de partida parece ser regular tanto las asociaciones como los locales. La propuesta pasa por prohibir las “actividades de promoción” de los clubes, fijar una edad mínima, limitar el número de socios y la cantidad de marihuana que se puede cultivar. Defiende que los establecimientos definan sus horarios y cumplan unas condiciones de salubridad. El departamento de Salud también estudia limitar la cantidad de cannabis que cada socio puede adquirir.