“Le amamanté tres días. Hasta que dijeron que había muerto”

Inés Cereceda denuncia el supuesto robo de su hijo en la clínica O’Donnell en 1964 María José Callejo denuncia el supuesto robo de sus dos hermanas, en 1972 y 1977

María José Callejo, en el juzgado donde hoy ha ratificado la denuncia por el supuesto robo de sus dos hermanas, nacidas en 1972 y 1977.
María José Callejo, en el juzgado donde hoy ha ratificado la denuncia por el supuesto robo de sus dos hermanas, nacidas en 1972 y 1977.LUIS SEVILLANO

El 16 de abril de 1964, Inés Cereceda dio a luz en la madrileña clínica O’Donnell a su segundo hijo. “Pesó cinco kilos. Le amamanté cada tres horas durante tres días, hasta que me vendaron el pecho, me durmieron y, de buenas a primeras, me dijeron que había muerto de una cardiopatía”, relató ayer a las puertas de los juzgados de la plaza de Castilla, donde acudió a ratificar su denuncia por una convicción que le acompaña desde entonces: “Me lo quitaron para dárselo a una familia en adopción. Mi hijo está vivo”.

No llegó a ver el cadáver. “Ni a mi marido ni a mi suegra ni a mis hermanas les dejaron verlo. Dijeron que el hospital se encargaba de todo”, relata Cereceda, que insiste en que ella siempre supo que se lo habían quitado y que si no se atrevió a denunciar antes fue porque tenía miedo a que la tomaran por loca y la ingresaran en un psiquiátrico. “Antes no se podía hablar...”.

El primer hijo de Cereceda y su marido había nacido tres años antes en otra clínica. “Nació en San Ramón [una de las clínicas que más denuncias acumula por supuestos robos de bebés] y yo noté cosas raras. Me dio la impresión de que me lo quisieron quitar, por eso, precisamente, en el segundo embarazo cambié de hospital y me fui a O’Donnell”.

Muchas de las mujeres que han acudido a la justicia para denunciar el supuesto robo de sus hijos dieron a luz en esta clínica. Solo en 22 días de enero de 1964, el año en que nació el hijo de Cereceda, murieron en O’Donnell 37 bebés. Ahora, muchas de esas madres piensan que no fallecieron, sino que fueron dados en adopción. Cereceda animó ayer a las familias adoptivas a “colaborar” para que ella y otras como ella puedan decirles a sus hijos que nunca les abandonaron. Cereceda lleva años buscando al suyo. “Me fijo en todas las caras, es una obsesión”. Ayer lamentaba que su marido, fallecido hace 27 años, haya muerto sin saber la verdad.

Ayer también acudió a ratificar su denuncia María José Callejo por el supuesto robo de dos de sus hermanas en el hospital clínico San Carlos de Madrid en julio de 1972 y noviembre de 1977.

“A la primera, mi padre llegó a verla en el nido. Estaba perfectamente, pero luego le dijeron que había fallecido de asistolia [parada del corazón]. Cuando pidió verla, lo llevaron a una sala y le enseñaron un bebé congelado. Tenía escarcha en las pestañas”, declaró. Cinco años después, María Luisa Alonso regresó al hospital para dar a luz. Tras el parto, la durmieron y, cuando despertó, le comunicaron que la niña había nacido muerta. “Dijeron que se había ahogado con el cordón umbilical y que ellos se encargaban de todo”.

Callejo cuenta que sus padres siempre sospecharon, especialmente, del primer parto, pero no fue hasta que se destaparon los casos de bebés robados cuando se convencieron. “Cuando empezaron a salir los casos, mi padre dijo: ‘Eso es lo que me pasó a mí”. La familia decidió entonces acudir al hospital para recabar documentación. “Dijeron que no la tenían. No hay constancia del ingreso de mi madre para dar a luz”. María José y su hermana María Asunción, de 37 y 39 años, ayudan ahora a sus padres a encontrar a sus dos hermanas. Su abogado, Orlando Gutiérrez, confía en que, aunque la familia no tiene documentos, el juez ordene diligencias que permitan tirar del hilo e investigar lo ocurrido.

Sobre la firma

Natalia Junquera

Reportera de la sección de España desde 2006. Los jueves publica una columna en Madrid, Kilómetro cero. Durante la semana comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter y realiza entrevistas para la serie Conversaciones a la contra. Especialista en memoria histórica, ha escrito dos libros, Valientes y Vidas Robadas (Aguilar).

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