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CIENCIA

La madre de todos los ‘rover’

La ingeniera Donna Shirley desarrolló el mítico robot todoterreno 'Sojourner' que exploró Marte en 1997

La ingeniera Donna Shirley con una maqueta a tamaño natural del primer todoterreno de Marte Sojourner, en 1997.
La ingeniera Donna Shirley con una maqueta a tamaño natural del primer todoterreno de Marte Sojourner, en 1997.

Un caniche que se acerca a un mastín es lo que evocan las famosas imágenes del rover Sojourner catando con uno de sus instrumentos a Yogi, una roca marciana. El primer vehículo robótico de exploración que llegó a Marte en 1997 era muy pequeño, pero listo y capaz, y tenía madre, más que padre. La ingeniera Donna Shirley (Oklahoma, 1941) fue la persona que más hizo para conseguir que llegara al planeta rojo, desde los distintos puestos que ocupó en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA. Su historia personal es la de tantas otras a las que la sociedad ponía límites en los años cincuenta del siglo pasado. “Me dijeron que las mujeres no podían ser ingenieras, y contesté que yo sí”, recordaba en una entrevista.

Shirley entró en 1966 en el JPL, en el que llegó a ser directora del Departamento de Automática y Robótica, desde donde impulsó el desarrollo de los vehículos autónomos todoterreno, conocidos como rovers. Sobre la base de este trabajo le encargaron uno grande para Marte que pudiera tomar muestras y mandarlas de vuelta a la Tierra. Era un proyecto tan ambicioso y caro que nunca se hizo, pero contribuyó al conocimiento acumulado que se aprovechó para la modesta y barata misión Pathfinder con el pequeño rover Sojourner, de poco más de 10 kilogramos, a bordo.

El robot 'Sojourner' ante la piedra bautizada Yogi, en Marte, fotografiado desde el módulo de descenso de la misión Mars Pathfinder, en 1997.
El robot 'Sojourner' ante la piedra bautizada Yogi, en Marte, fotografiado desde el módulo de descenso de la misión Mars Pathfinder, en 1997.

Cuenta Shirley, luego directora del Programa de Exploración de Marte del JPL, que fue una carrera de fondo, marcada siempre por los altibajos presupuestarios y por la falta de comunicación entre los departamentos de tecnología y de ciencia en la NASA. Tras interminables negociaciones, ya que Pathfinder se consideraba una misión de demostración tecnológica, Shirley y sus compañeros consiguieron incluir el rover, con objetivos básicamente científicos. Fue inestimable la ayuda de los alemanes, que donaron un avanzado espectrómetro para analizar el terreno, algo que nunca se había conseguido hacer en las misiones anteriores Viking.

Pathfinder aterrizó en la región de Ares Vallis en Marte el 4 de julio de 1997, con la ayuda de airbags. El rover de seis ruedas salió dos días después y estuvo explorando y mandando datos hasta el 27 de septiembre, cuando un fallo en las comunicaciones del módulo de descenso con la Tierra hizo que terminase la misión, bastante más larga de lo previsto, que era un mes.

Y además fue un proyecto barato. Su director científico, Matt Golenbach, ha comentado: “Fue más barato que la película “Titanic” y terminó mejor”. Shirley reconoce además que el interés de los medios de comunicación por el pequeño vehículo les ayudó a mantener viva la misión cada vez que surgían problemas de financiación o de política interna. Y además, ese interés se tradujo en un hito en la historia de Internet. La avidez del público por la información sobre la llegada de Pathfinder a Marte se tradujo en una nueva marca mundial de visitas a una página web, la de la misión, a la que se podía acceder a través de distintos sitios espejo establecidos por empresas de informática de forma gratuita.

Shirley, que dejó la NASA pocos meses después, no sin quejarse de cómo se hizo la reorganización que la prejubiló, guarda un recuerdo muy cariñoso de aquel pequeño vehículo, el más pequeño de sus “hijos”, y de la gran emoción que acompañó su aventura. Reconoce que fue la miniaturización de la electrónica en los 20 años precedentes lo que permitió su éxito, que demostró que pequeñas máquinas pueden hacer grandes cosas.

El Sojourner no fue el primer vehículo que intentó recorrer la superficie marciana, pero sí el primero que lo hizo, y además con abundantes frutos. El concepto era antiguo y, como en tantos otros temas espaciales, fueron los soviéticos los primeros que lograron llevar a Marte un todoterreno. Sus fracasos fueron, y siguen siendo, ahora con Rusia, casi continuos cuando de Marte se trata. Es un planeta que se les resiste.

En 1971 la Unión Soviética lanzó dos misiones gemelas, Mars 2 y Mars 3, con pocos días de diferencia. Ambas consistían en un orbitador y un módulo de descenso que contenía un pequeño vehículo para recorrer la superficie conectado con un cable al módulo, al que enviaría datos. El módulo de descenso de Mars 2 se estrelló, mientras que el de Mars 3 consiguió, con sus paracaídas y retrocohetes, convertirse en la primera estación en llegar entera a la superficie del planeta vecino. Sin embargo, a los 15 segundos y tras enviar parte de lo que parece una imagen del terreno, la transmisión se interrumpió para siempre. El rover, que iba sobre esquíes y tenía un sistema rudimentario para rodear obstáculos, ni siquiera pudo intentarlo.