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“Yo sé lo que hago, otra cosa es lo que los demás sienten”

Fernando Torres Baena, principal acusado del 'caso Kárate', reitera su inocencia

Las Palmas de Gran Canaria
Torres Baena, el principal acusado del 'caso Kárate', reitera su inocencia. ATLAS

El principal acusado del caso Kárate, Fernando Torres Baena, para quien se piden 303 años de prisión por 36 delitos de abusos sexuales sostenidos en el tiempo y otros 13 por corrupción de menores, dice que las acusaciones contra él se deben a un complot para hurtarle “el monopolio” del kárate en Gran Canaria. Niega haber mantenido relaciones sexuales con los alumnos de su escuela aunque sí con las dos mujeres que le acompañan en el banquillo de los acusados, María José González —su actual esposa— e Yvonne González. Con Yvonne, de “forma esporádica”, ha matizado. “En campeonatos nacionales e internacionales, cuando se gana y se celebra, pasa lo que pasa”, ha explicado. Ambas son antiguas alumnas de Torres Baena.

El excampeón de España de kárate ha sido el primer imputado en declarar. Y desde el primer día, el fiscal lo ha conducido con sus preguntas a uno de los lugares clave. Es una habitación pequeña, con una cama, que había en la tercera planta del gimnasio. En el sumario consta que, según los denunciantes, allí se produjeron penetraciones vaginales y anales, felaciones y masturbaciones, entre otras cosas, en las que se implicó a los menores. Torres Baena lo niega. Según las declaraciones del acusado, se trataba de un cuarto en el que se guardaba “material de entrenamiento”, aunque reconoció que también en él echó “alguna bronca”. Lo hacía en la intimidad, porque cree que es más efectivo que en público, “para no humillar”. Sobre si los alumnos se sentían humillados, dijo: “Yo sé lo que hago, no lo que los demás sienten”. Baena ha reconocido, eso sí, que la entrada a dicho cuarto era restringida. Ha asegurado, además, que desde que se desclasificó el sumario estudia el documento ocho horas al día y no le encuentra “sentido alguno”.

El principal acusado sí conoce a la mayoría de los denunciantes y reconoce que casi todos pasaron fines de semana en el chalet de Vargas, barrio del municipio de Agüimes, a media hora en coche desde Las Palmas de Gran Canaria. Antes de las competiciones, hacía concentraciones en ese chalet, donde los denunciantes han descrito auténticas orgías. El acusado, sin embargo, lo niega. Dice que no se le ocurriría porque “practicar sexo resta fuerza a la hora de competir”. Negó haber dicho a sus alumnos que practicar sexo mejora el rendimiento deportivo y ayuda a ganar campeonatos mundiales. “Eso es absurdo”, aseguró. A la pregunta de si el resto de los acusados tuvieron sexo con los chicos, Torres Baena dijo no tener constancia: “Yo no lo hubiera permitido”. Tampoco “orientó sexualmente” a nadie, ni impartió charlas de contenido moral o sexual, aseguró.

Pedro Jimeno, representante fiscal, le interpeló sobre un menor que tenía 12 años cuando ocurrieron los hechos denunciados: “¿Consumó la penetración anal con el testigo?”. Sobre otra testigo de 14 años preguntó: “¿Le hizo tocamientos en la zona genital tal y como denuncia?”. Uno más, de 16: “¿Hubo felaciones mutuas?”. Todo fue contestado con respuestas negativas. Por último: “¿Por qué cree que dicen esto de usted?”. El acusado, detenido en 2010, piensa que hay un complot para arrebatarle el negocio del kárate en Gran Canaria. Una conspiración en la que implica a la Federación Insular de Kárate. Además, en su declaración ha insinuado que las personas que le han denunciado pueden tener una motivación económica.

En sus intervenciones, Baena ha estado prolijo en las respuestas, dando detalles y añadiendo datos técnicos. En ningún momento ha abierto la botella de agua, que ha permanecido con un vaso de plástico de sombrero. No se ha producido el festival de sonrisas y gestos del primer día. Sus abogados han intentado evitar esa imagen después de que en la anterior sesión hubiese caricias y miradas nostálgicas a varios familiares. El único movimiento que Torres Baena ha hecho hoy, ha sido quitarse y ponerse de forma repetitiva las gafas de pasta que colgaban de un cordón en su cuello.

Se le ha visto cómodo hablando de la pedagogía en las artes marciales y ha reconocido tener una red de captación para atraer a su escuela a los mejores profesionales, ofreciendo detalles de la combinación de altura y peso que debían tener o "la forma del pie, que es fundamental para saber si será un campeón". Lo ha definido como una "captación técnica avanzada" –fruto de su investigación como profesional, ha explicado- para proporcionar un "entrenamiento integral". Y ha admitido haber gestionado la escuela, por la que han podido pasar entre 6.000 y 8.000 alumnos, con licitaciones públicas.

Su declaración no ha terminado hoy. Este jueves le interrogará José María Palomino, que representa a 60 de los 61 denunciantes. Ivonne y María José González, encargadas de captar alumnos para la escuela, también declararán. Para ellas se piden 154 y 146 años de cárcel por abusos sexuales continuados. Para Juan Luis Benítez, único imputado en libertad, se piden 18 años.

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