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Reportaje:

Las sociedades científicas proponen adelgazar los contenidos escolares para enseñar mejor sus disciplinas

La COSCE presenta un informe sobre las ciencias en la escuela española

Los científicos, los especialistas en didáctica de las ciencias y los profesores de estas materias en colegios e institutos siempre han parecido mirarse con recelo y, eso, cuando se han mirado. Pero ahora las cosas han cambiado, pues, conscientes del reto y de la imperiosa necesidad que supone mejorar la enseñanza de las ciencias en las escuela, la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) se ha unido a los expertos en didáctica en el proyecto ENCIENDE para analizar cómo se enseñan las ciencias en las escuelas y lanzar una serie de recomendaciones para mejorarla. Ahora solo falta que sus ideas alcancen la tercera pata: los profesores de las escuelas.

Una de esas propuestas no depende de ellos, sino de la Administración, aunque les afecta directamente: habría que adelgazar los contenidos de estas asignaturas (Conocimiento del medio en primaria; Ciencias naturales, Física, Química, Biología y Geología, en secundaria), para enseñarlos mejor, una idea que vienen defendiendo desde hace años multitud de especialistas, pero que ahora tiene el apoyo y el empuje de los principales representantes de la ciencia y la investigación, reunidos en la COSCE.

En su informe de situación, ENCIENDE señala que las ciencias apenas ocupan el 7% del currículo de primaria y el 18% del de secundaria. En esta etapa, el tiempo de clase se ha reducido en los últimos años, sin embargo, eso "no ha ido acompañado de una revisión de la extensión de los contenidos a impartir". Esto quiere decir que es imposible o, al menos, muy difícil, que los profesores, si quieren dar todo el currículo en el tiempo que tienen, puedan usar otro método que no sea "esencialmente factual y reproductivo", con "pocos espacios para la exploración de los fenómenos y la indagación". Y resulta que esos otros espacios, muchos más activos para el alumno, son los que señalan los expertos como la profesora de la Universidad de Oslo Doris Jorde como imprescindibles para la mejora. Durante el simposio ENCIENDE, el pasado miércoles en el Caixa Forum de Madrid, Jorde habló de la necesidad de enseñar ciencias cuanto antes -mientras se aprende a leer y a escribir, por ejemplo-, de hacerlo despertando la curiosidad de los niños, con más práctica, más preguntas y respuestas, de enseñar cómo funciona la ciencia además de su historia y sus descubrimientos. Pero, eso "es mucho más difícil", sobre todo, con currículos atestados y profesores a los que les falta formación científica, aseguró la profesora.

Jorde dibujaba la situación en Europa, pero su diagnóstico vale para España. En las carreras de Magisterio, para ser profesor de infantil y primaria, se da en torno a un 6% de contenidos de ciencias. "En el mejor de los casos, cuando hay mención [especialización] en ciencias, se llega al 12% o 15%", se queja Digna Couso, catedrática de Didáctica de la Universidad Autónoma de Barcelona y secretaria ejecutiva de ENCIENDE. Así, la formación inicial, el sistema de acceso -en las de secundaria, se piden unas presentaciones teóricas "muy por encima de lo que van a hacer nunca en clase y no hay ninguna práctica real", dice Couso- y la formación continua necesitan mejorarse, asegura. "No pretendemos que todos los niños sean científicos", pero todos tienen que entender como funciona la ciencia, añade.

José Miguel Rodríguez Espinosa, del Instituto de Astrofísica de Canarias y uno de los responsables del Gran Telescopio Canarias, está de acuerdo. Su intención, comenta, va más allá de atraer a más jóvenes hacia las ciencias -en los últimos 10 años, el número de universitarios que estudian esta rama del saber ha descendido un 46%, el doble de lo que ha descendido el alumnado en general-, sino de transmitir a todos los jóvenes de una cultura básica imprescindible para comprender el mundo. "Hoy día no te escapas, en algún momento, tendrás que decidir, por ejemplo, si vacunar a tu hija contra el virus del papiloma", dice Couso.

Es decir, que se trata de transmitir una forma científica de enfrentarse a los problemas y tomar decisiones fundamentadas y autónomas. Sobre todo, según advirtió durante el simposio el premio Nobel de Química Harold Kroto, en un momento en el que la superstición y las verdades absolutas ganan fuerza, dijo en referencia a que en varios Estados de EEUU se enseña el creacionismo en las escuelas. "Son gente peligrosa", dijo. Pero frente a ellos, esa otra forma de ver el mundo: "Los científicos no creen, averiguan".