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Los músicos callejeros de Madrid "protestan" tocando

El alcalde niega que la nueva ordenanza contra el ruido vaya a penalizar las actuaciones en la vía pública

Una enérgica versión de Yes Sir se abre paso sobre el asfalto de la plaza del Ángel de Madrid. Luego suena You Shook Me y ya es difícil no detenerse frente a ese adictivo blues, aunque eso implique llegar un poco tarde al trabajo. Es la Asociación de Músicos de Madrid (AMM) y esta, su forma de decir al Ayuntamiento que son artistas, no delincuentes. No saben si podrán seguir o no en las calles, pero al menos hoy disfrutan en la acera y responden con música. Los músicos han rechazado esta mañana, en una rueda de prensa, la nueva ordenanza municipal contra el ruido que pretende sancionar las actuaciones en la vía pública con multas de hasta 750 euros.

Consideran la medida un"disparate", "barbaridad", "horror", "ridículo"... Dicen que la normativa equipara un instrumento con un arma, ya que permite su incautación. Se preguntan qué hubiese sido de músicos como Louis Armstrong, Edith Piaf o, ya en España, Camarón de la Isla. Más que una vitrina o una fuente de ingresos, en las calles encontraron formación, seguidores, escuela. El artículo 41 de la ordenanza del ruido, que todavía está en fase de tramitación, dice: "No se permitirán en la vía pública actuaciones en las que se empleen instrumentos musicales, elementos de percusión, amplificación o de reproducción sonora". Y sigue: "Los instrumentos podrán ser intervenidos por los agentes de la autoridad para su depósito en dependencias municipales".

"La música no es ruido. La música no contamina"

El alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, calmó ayer los ánimos y aseguró: "Hay pocas cosas que me gusten más, en esta y en cualquier ciudad, que oír música en la calle". "El sentido común, y en el 99% de los casos el buen gusto, lo que invita es a que no haya ningún tipo de penalización sobre los músicos callejeros", dijo. Fuentes del Ayuntamiento aseguraron ayer que la norma se va a cambiar en el periodo de tramitación y que los músicos no van a ser sancionados por tocar en la calle. Pese al anuncio del regidor, los músicos se han organizado para protestar contra la posible medida. "La música no es ruido. La música no contamina. La música es cultura. Ya existen normativas, pero no las hacen cumplir. Hacer respetar lo que ya existe es mejor que mil amenazas", defiende la cantante Pía Tedesco en el Café Central y cerca de ella se lee -con ironía- en un cartel: ¡Atención! ¡Peligro! La música es criminal.

Nacho Mastretta, músico, compositor y productor, cree que esto es parte de la "política nefasta" contra la actividad cultural. Para la AMM, la música y la convivencia vecinal son perfectamente compatibles. Rechazan la "prohibición en bloque" de todo tipo de música en la calle y piden, más bien, una regulación "sencilla", basada en la libertad y no en la restricción, pues piensan que las autorizaciones, estudios previos o cástings favorecen el "amiguismo", la burocracia y las mafias.

La organización no plantea una propuesta concreta, pues cree que las regulaciones deben surgir de un consenso más amplio. "El sistema se sigue basando en la premisa de prohibir y luego conceder ciertos espacios de mayor libertad. Debe ser al revés. Se debe partir de la libertad y la restricción debe ser la excepción, no la regla", opina Scott Singer, del colectivo Desvariétés Orquestina. "Mapa de la música" no, serían "jaulas de la música", dice el grupo en alusión a la propuesta de Ana Botella sobre fijar puntos fijos para los artistas. "¿Qué hace un músico tocando para los pájaros de un parque y no para la gente? Eso es lo que pretenden hacer", añade Singer.

Se desmarcan, eso sí, de las "redes de mendicidad", como califican a quienes se "disfrazan" de músicos. ¿Pero cómo establecer la diferencia? Dicen que el verdadero músico no acosa a su público. Es el público quien se acerca a escucharlo. El otro no: suele tocar la misma canción todo el día sin respetar ni la siesta y ni siquiera termina una pieza y ya está pidiendo dinero. Otra forma de identificarlos es por la agresividad que muestran cuando otro músico intenta tocar cerca de su zona. Han convocado, para las seis de la tarde del 23 de febrero próximo (dos días antes de la discusión de la ordenanza), una concentración de músicos en la plaza de la Red de San Luis, el espacio abierto más cercano a la Concejalía de las Artes. Asistirán con sus instrumentos, pero "en silencio", ninguno tocará para mostrar lo que ocasionaría la normativa.