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Generalizar la prueba del VIH reduciría un 30% las infecciones

Los expertos buscan la forma de simplificar los tratamientos para hacerlos más accesibles

La lucha contra el VIH es una carrera de fondo, y no está resuelta ni siquiera en los países, como España, donde hay acceso universal a los antirretrovirales. Por eso el primer congreso del Grupo de Estudio de Sida (Gesida) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc) se centrará en dos de los aspectos que más preocupan en España: la cantidad de personas que tienen el virus y no lo saben (se calcula que un 37% de los 150.000 infectados) y cómo hacer para facilitar el seguimiento del tratamiento a las personas que ya están en un estado de la enfermedad más avanzado.

Precisamente ayer -día mundial de la prueba del VIH- las mayores ONG de afectados (Cesida, Red2002) hicieron públicos datos que calculan que si todas las personas que tienen el VIH estuvieran diagnosticadas, se reduciría la tasa de nuevas infecciones un 30%. Esta cifra es sólo una estimación, y se basa en que se supone que habría un cambio de comportamiento en las personas, que tomarían más precauciones para evitar transmitir el virus (algo que no sucede al 100%) y que, al estar controladas (y, si hace falta, medicadas), la cantidad de virus en su organismo -que determina el riesgo de infección- sería menor.

Relacionado con este aspecto está la necesidad de que los enfermos que ya tienen su sistema inmunológico tan deteriorado como para necesitar fármacos los tomen. Actualmente la terapia estándar consta de tres medicamentos, pero nuevos estudios apuntan a que se podría dejar el tratamiento en uno. Esto sería importante en los países ricos porque simplificaría la vida de los afectados, pero, sobre todo, lo sería para los países pobres, ya que abarataría mucho el coste de los medicamentos (a precio europeo, se podría pasar de los 10.000 euros anuales que cuesta el cóctel de fármacos actual a la mitad).

En la línea de facilitar la prueba, el congreso de Gesida revisará los resultados de las experiencias que está habiendo de hacer pruebas rápidas en lugares de ocio. También se investiga un sistema para usarlas en países pobres en los que la toma de muestras se haría mediante una gota de sangre en un cartón. Con ello se facilitarían mucho los análisis, ya que no habría que estar sacando sangre y manteniéndola en condiciones adecuadas, y el transporte hasta el laboratorio sería más fácil y barato.