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Reportaje:

Seres humanos a 1.580 metros bajo el agua

Batiscafos rusos conquistan las profundidades abisales del lago Baikal

Los batiscafos tripulados rusos Mir-1y Mir-2 protagonizaron este martes una nueva hazaña al descender 1.580 metros hasta el fondo del lago siberiano Baikal, el más profundo del mundo. Inicialmente, la expedición científica rusa había afirmado que se trataba de un récord, pero no lograron llegar a la meta de 1.680 metros como se habían propuesto, debido a un fallo técnico en el sistema de navegación.

"Éste es un nuevo récord mundial en inmersión de sumergibles en agua dulce", había asegurado exultante un miembro de la expedición que seguía las evoluciones de los Mir desde un monitor de televisión, citado por las agencias rusas. Pero cuando el equipo regresó a la superficie horas después informaron que sólo habían alcanzado los 1.580 metros.

"No hubo récord, pero continuaremos la exploración", ha afirmado Artur Chilingarov, quien supervisó las operaciones desde un punto de control en la plataforma Metropolia sobre el lago. "Es sabido que el lecho del lago no es plano. Por ello, es probable que se localicen puntos más profundos".

Hasta ahora, la profundidad del lago siberiano, que acoge la quinta parte de las reservas de agua dulce del planeta, se estimaba en 1.637 metros. Nunca antes, científicos rusos o de otros países habían descendido más de 300 metros en aguas del Baikal, que tiene más de 25 millones de años.

En el lecho del lago los Mir colocaron una pirámide de acero inoxidable de un metro de altura con el escudo de Rusia y de la república siberiana de Buriatia, cercana a Mongolia. Cada uno de los batiscafos contaba con una tripulación de tres personas, entre las que se encontraban dos pilotos, el gobernador de la república siberiana de Buriatia, un diputado federal, un científico y uno de los empresarios que financia la expedición. Tras tocar el lecho subacuático, los Mir y sus ocupantes regresaron sanos y salvos a la superficie tras unas seis horas bajo el agua, donde fueron izados por la nave nodriza -una gigantesca barcaza de 62 metros de eslora- y brindaron con champán.

Un lago 'sin fondo'

La expedición, que realizará este año y el próximo más de cien inmersiones en el Baikal, se propone determinar con exactitud su profundidad, detectar posibles fuentes subterráneas de procesos termales, tomar datos tectónicos -el lago experimenta unos dos mil seísmos anuales de baja intensidad- y examinar restos arqueológicos. Según los científicos, el lago podría acoger gases como el metano, que en caso de calentamiento global podrían ser liberados, lo que elevaría peligrosamente la temperatura de nuestro planeta.

De hecho, supuestamente debido al cambio climático, la temperatura del Baikal ya ha subido en 1,21 grados desde 1946, tres veces más que el resto del planeta. También se tratará de verificar las hipótesis de la existencia en ese lago de formas de vida sin oxígeno y, además, los científicos aprovecharán para despejar otra incógnita: las reservas y los recursos energéticos del lago. La expedición y sus resultados serán plasmados en una película documental, cuyo objetivo es concienciar a todo el mundo sobre la necesidad de cuidar la naturaleza.

En el Polo Norte

Los Mir ya hicieron historia el pasado año al clavar la bandera tricolor de Rusia en el fondo del océano glacial ártico, justo debajo del Polo Norte geográfico a 4.261 metros de profundidad. Además, estos batiscafos también participaron en la toma de imágenes de los restos del "Titanic", que fueron utilizadas después en la famosa película dirigida por James Cameron; y en la liquidación de las secuelas radiactivas provocadas por el hundimiento del submarino nuclear Kursk en 2000.

Con una superficie de 31.500 kilómetros cuadrados, 636 kilómetros de largo y 23.400 kilómetros cúbicos de agua, el Baikal supera con creces el volumen conjunto de agua de los cinco Grandes Lagos de Estados Unidos y Canadá. El lago alberga 848 especies de animales que no existen en ninguna otra parte del mundo, como la golomianka, pez vivíparo que habita a 1.000 metros de profundidad, o el diminuto epishura, un cangrejo de apenas uno o dos milímetros de longitud.