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¡Socorro! Viajo con un bebé

O por qué encontrar tronas y cambiadores en carretera es más difícil que ganar una pedrea en la lotería de Navidad.

Victoria Beckham Harper

Los bebés llevan entre el resto de los humanos desde el principio de los tiempos aunque algunos se empeñen en ignorarlos. Como decían en aquella serie de televisión “están ahí fuera”. Y además, se desplazan con sus progenitores y tienen sus pequeñas necesidades. Tampoco son muchas, pero las tienen: cambiar el pañal sucio, comer caliente y, a ser posible, en una postura cómoda que para incómoda y duradera ya está la silla del coche. Hablando en términos de logística esto implica un cambiador, un microondas y una trona. Parece sencillo pero toparse con estos artilugios en una carretera española cualquiera es más difícil que llevarse una pedrea en la lotería de Navidad. 

Cualquier aguerrido progenitor que se atreva a echarse a la carretera sabe que se inicia una aventura en la que cada parada en un área de servicio o bar de carretera será una sorpresa. Por eso, lo habitual es que no salga sin una mochila de supervivencia de tamaño similar a las de los marines americanos en período de maniobras en la que, además de pañales, toallitas y crema anti irritaciones, no pueden faltar abundantes pañuelos o servilletas de papel para limpiar o secar espacios sobre los que apoyar al bebé, bolsas de plástico para meter el pañal sucio y cambiadores plastificados para apoyar en toda suerte de superficies miserables y de higiene cuestionable.

La primera necesidad ineludible es el cambio del pañal, tarea que suele corresponder a la madre, quiera o no, porque, como norma general, los cambiadores se instalan en los aseos de mujeres. Todo lo más en los de minusválidos, que ya son ganas de dejarle a estas personas un aseo lleno de pañales olfativamente tóxicos. Sin contar con que mientras se cambia al bebé no pueden hacer uso del aseo, algo que no sucedería si el cambiador estuviera junto a los lavabos de los aseos tanto de mujeres como de hombres. Difícil saber a priori dónde estará el cambiador y eso en caso de haber. Mathieu Herrero, director comercial y de marketing de Áreas, con 1.267 restaurantes, cafeterías, tiendas, hoteles y gasolineras en España, Estados Unidos y otros siete países más señala que “en algunas de nuestras áreas el cambiador está en el baño de mujeres únicamente, otras lo tienen tanto en el baño de mujeres como en el de hombres, otras tienen una nursery (espacio destinado únicamente al bebé) y otras lo tienen en el baño de minusválidos. Hay variedad de opciones”.

Hay restaurantes de carretera que instalan tablones de madera sin ningún elemento de seguridad. Algunos llegan a ser excesivamente rudimentarios e antihigiénicos.

Pero, por lo general, toparse con cambiadores en el baño de hombres sigue siendo tabú. ¿Es que los padres no tienen derecho a cambiar a sus hijos? ¿Y si viajan solos con su bebé? ¿Y si la madre se ha mareado con el traqueteo del coche o tiene el brazo roto? ¿Tanto gasto implica un cambiador como para no colocar uno en el baño de hombres y otro en el de mujeres? Un cambiador reglamentario, bien anclado a la pared y con cinturón de seguridad para evitar posibles caídas del bebé, viene a costar algo más de 300 euros. ¿Demasiado para un área de servicio por la que, al año, pasan miles de autocares y coches llenos de viajeros dispuestos a pagar media fortuna por un café?

Cuando se trata de la seguridad de un bebé la buena fe no es suficiente. Tampoco lo es aplicar soluciones de bajo coste con algunos conocimientos de bricolaje. Hay restaurantes de carretera que instalan tablones de madera sin ningún elemento de seguridad como rebabas en los laterales o correa de seguridad que acaban siendo utilizados por las usuarias como poyete donde apoyarse mientras esperan su turno para entrar en el retrete con lo que, con el tiempo, se vence hacia abajo haciendo sumamente peligroso el cambio de un bebé sobre él. Al final, como insistía una matrona durante las clases de preparación al parto, “si no sabes dónde apoyar al bebé no lo dudes, déjalo en el suelo. Estará frío o poco salubre pero de ahí no se cae. Esto vale tanto para cambiar el pañal como para cuando lo tienes en brazos en tu propio cuarto de baño y el agua de la bañera está demasiado caliente”. De ahí la necesidad de llevar abundantes pañuelos de papel para limpiar un poco el suelo, un cambiador de plástico para apoyar al bebé y bolsas de plástico para salir triunfante del retrete, con el bebé en los brazos y el pañal perfectamente embolsado para tirar en alguna papelera porque, no, por la ranura de los dispositivos para desechar compresas no cabe un pañal con su carga de alivio intestinal.

Los padres y madres de bebés desarrollan un agudo sexto sentido para localizar microondas donde calentar el biberón o el potito y, a ser posible, una trona. Por supuesto, se puede dar el potito con el bebé sentado en el regazo pero después de decenas de kilómetros enclaustrados en un coche toda la familia agradece una posición más cómoda. El Grupo Abades, con ocho áreas de servicio en Andalucía, Murcia y Extremadura, ofrece abundantes tronas, fácilmente localizables y listas para ser colocadas en cualquier mesa en sus áreas de Bailén y Puerta de Andalucía en la A4. Nada más ver a un padre merodeando alrededor de una trona alguien del personal Abades se le acerca y le dice “puede desplazarla sin problemas hasta la mesa que desee”. Abertis Autopistas y Áreas inauguraban en marzo de este año el área de servicio La Selva (Girona) en la AP-7 con un Burger King para despreocuparse de la comida de los niños mayores, por lo general más reacios al bocadillo de queso manchego que a la hamburguesa inundada de ketchup, y tronas para sentar a los bebés.

El área de servicio La Selva en la AP-7 con un Burger King.

Cada vez son más los padres que reconocen que planean la ruta en función de las comidas de los niños y las paradas según las dotaciones de las áreas de servicio. En Internet ya hay foros donde los padres comparten información sobre instalaciones en áreas de servicio, vitales sobre todo en caso de mellizos. En esta batalla los grandes perdedores son los establecimientos familiares de toda la vida, los típicos bares de carretera de encomiable bocadillo de lomo con queso, deliciosos Miguelitos de la Roda y rica ración de oreja. Bares con una sabrosa muestra de gastronomía local, tienda de productos típicos – desde cecina o quesos a cerámica o aceite – que dinamiza la economía de la región pero que no disponen de esos artilugios. En ocasiones porque nunca se lo han planteado, en otras porque no cuentan con personal capaz de controlar que entre un aluvión de clientes no haya amigos de lo ajeno que se lleven las tronas. En cuanto a los microondas se descartan para que los clientes no lleven sus propias comidas, las calienten y no consuman. Es la versión actualizada del “no se admiten meriendas”. Frente a ellos, las grandes cadenas de áreas de servicio como Autogrill, Áreas o Abades abren enormes áreas de descanso con amplia oferta gastronómica para todos los públicos donde el mítico bocadillo de producto local coexiste con las hamburguesas, la pizza o el perrito caliente y ponen a disposición de sus clientes cambiadores, varias tronas y microondas fácilmente accesibles sin tener que pedir al camarero, desbordado en pleno frenesí de autocares llenos de viajeros que han de ser servidos en apenas diez minutos, que te caliente el potito. Nadie vigila si se calienta un potito para el bebé o unas croquetas de la abuela para los padres. Los grandes saben que unos padres que calientan el potito de su hijo sin problemas y pueden sentarlo en una trona sin tener que desbaratar el maletero para sacar su propia silla de paseo aplastada por varias bolsas de viaje acabarán consumiendo en su establecimiento. Sobre todo si, además, hay comida fácil para otros hijos de más edad. “En nuestras marcas Medas y Ars”, comenta Herrero, “incorporamos microondas para calentar cualquier tipo de comida, incluidos biberones y purés para niños. Siempre de forma gratuita. Procuramos detectar las áreas de servicio que tienen una mayor presencia de familias con niños pequeños e introducimos en ellas mejoras para ofrecer un servicio más adaptado. Creamos espacios donde los padres se sientan cómodos”. Y eso, cuando una familia se enfrenta a cientos de kilómetros de carretera con su prole no tiene precio.

Abertis Autopistas y Áreas inauguraban en marzo de este año el área de servicio La Selva (Girona) en la AP-7 con un Burger King para despreocuparse de la comida de los niños mayores.

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