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El ‘Porky’s’ femenino asalta la gran pantalla

¿Se pueden intercambiar los códigos de género sobre el desparrame y las juergas universitarias? Sí, se puede y todas estas películas lo demuestran.

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Lucía Lijtmaer

Despertarse con resaca infernal, tres bolsas de ganchitos, un cuerpo caliente e inconsciente al otro lado de la cama, sábanas apestosas y un barril de cerveza vacío a los pies. Esta es la premisa de muchas comedias americanas en la historia reciente. Pero, ¡sorpresa!, ahora la que va en busca de bicarbonato, su memoria y probablemente alguna píldora anticonceptiva del día después es una mujer. Y para muestra, un botón.

https://youtu.be/-PHy50Dsv24

Este es el trailer de Buenos vecinos 2, la segunda parte de Neighbors, protagonizada por Seth Rogen, Zac Efron y Chloë Grace Moretz. La premisa no deja nada en el tintero: los nuevos vecinos de una pareja de treintañeros son una pandilla de chavalas que acaban de crear una fraternidad de chicas juerguistas que no deja títere con cabeza: chupitos, pipas de marihuana, desnudos por doquier y fiestas de espuma. ¿Chicas, borrachas y poco gráciles? Sí, y eso es solamente el principio.

Bienvenidos a una nueva etapa de la clásica película de fraternidades estadounidenses: el jolgorio y el despiporre que hicieron de Porky’s una saga mítica a principios de los ochenta vuelve, pero esta vez con un hackeo de género más que reseñable. Si antes la juerga era patrimonio de todos pero estaba únicamente protagonizada por hombres –no porque no hubiera chicas, aunque generalmente sus personajes tenían la profundidad de un busto parlante al que únicamente se le veían las tetas–, ahora la juerga es femenina. A lo bestia. Sin cesar.

La cosa ya apuntaba maneras: en los últimos años, hemos tenido La boda de mi mejor amiga, en la que Kristen Wiig se pasaba con las pastillas en un avión, Melissa MacCarthy se cagaba en una boutique para novias y Ellie Kemper cumplía la fantasía lésbica por excelencia. Poco después, llegó Despedida de soltera, que iba un poco más allá: ¿qué hacer cuando tu amiga-enemiga del alma os restriega a todas las demás que es feliz, se casa y además os coloca en el papel de damas de honor? Nada como pillarse un buen ciego de farlopa, destrozarle el vestido de novia y liarla con un grupo de machotes en el hotel el día antes del enlance.

¿Por qué se plasma tanto descontrol en el cine mainstream estadounidense? ¿Acaso hay un nuevo público para este tipo de película? Probablemente sí, y las razones son de corte sociológico: según las últimas estadísticas demográficas, la cifra de solteros en Estados Unidos alcanzó máximos históricos: ya son 42 millones de personas., una cifra que ha aumentado un 30 % en los últimos treinta años. Si a ello le sumamos que las mujeres en edad fértil retrasan la maternidad (o directamente renuncian ella) en las cifras más altas registradas hasta la fecha, encontramos un caldo de cultivo para la comedia dirigida a la soltera yanqui, que, por qué no, busca más despiporre y menos príncipe azul.

En esta tesitura está el último estreno mundial de Mejor… solteras, dirigida a un amplio espectro, que vuelve, una vez más, a una narrativa que ya es prácticamente un arquetipo en sí mismo: la jovencita llega a la capital de todas las capitales –Nueva York, la meca de los zapatos de Sarah Jessica Parker en este tipo de cuento– y debe ponerse las pilas sexualmente para no quedar como una mojigata. La película está protagonizada por Dakota Johnson –que puede acabar encasillándose en el papel de virginal cordero al que le dan lo suyo– y Rebel Wilson (ya presente en Despedida de soltera). Entre las anécdotas más reseñables: curas para la resaca que incluyen batidos infantiles, el número de chupitos necesarios para acostarte con un amigo, y dos maneras de pagar las copas: o paga él o enseñas las tetas. Próximamente en sus pantallas, también Hermanísimas, dónde Amy Poehler y Tina Fey destrozan la casa de sus padres en una juerga monumental. Ha nacido un subgénero en toda regla.

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Sobre la firma

Lucía Lijtmaer
Escritora y crítica cultural. Es autora de la crónica híbrida 'Casi nada que ponerte'; el ensayo 'Ofendiditos. Sobre la criminalización de la protesta' y la novela 'Cauterio', traducida al inglés, francés, alemán e italiano. Codirige junto con Isa Calderón el podcast cultural 'Deforme Semanal', merecedor de dos Premios Ondas.

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