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‘La gata bajo la lluvia’ de Rocío Durcal: la insólita historia del regreso de una canción de amor y sexo

Desde Ana Mena hasta Steve Aoki han hecho suyo el tema con el que Rocío Dúrcal capturó el desamor. Su sensibilidad ha logrado conquistar a las nuevas generaciones y mantener ensimismadas a las anteriores

La actriz Rocío Dúrcal en su casa madrileña en 1969.
La actriz Rocío Dúrcal en su casa madrileña en 1969.Gianni Ferrari

“Esta canción se hizo para ser querida, no para conseguir reproducciones en Spotify”, dice sobre La gata bajo la lluvia, de Rocío Dúrcal, Guille Mostaza, productor musical en Alamo Shock, estudio en el que grabó una versión del tema cantada por Christina Rosenvinge. Hablamos de un hit compuesto por Rafael Pérez-Botija capaz de erigirse como el emblema de la experiencia compartida del desamor, una añoranza que cautivó entonces y que sigue hoy enamorando a las nuevas generaciones. El motivo por el que la mítica canción está más de moda que nunca es que tras haber cantado Naiara, la ganadora de OT 2023, el tema en la octava gala del talent show, Ana Mena ha lanzado por sorpresa la versión de estudio de la canción, que el icono de la Generación Z suele cantar en directo. “Es uno de mis temas favoritos de Rocío, que fue referente para mí cuando yo era pequeña. Es una canción que pongo siempre que estoy melancólica. La sacamos sin ninguna pretensión. La estamos haciendo en la gira, y en diciembre se hizo viral en TikTok. Me animaron a sacar la versión de estudio”, explicó a Los 40 Principales.

Un puente generacional

Pero, ¿cómo un tema de 1981 ha conseguido funcionar como un potente pegamento generacional? “Creo que cuenta con dos componentes que lo hacen apto para diferentes generaciones. El primero es que en su momento, ya era una propuesta arriesgada, intimista y sincera por parte de una mujer hacia un hombre, algo que entonces, no era tan habitual. Lo segundo es que en esa época, lo común era que los temas fueran de una mujer para un hombre, pero ahora hay un cambio de mentalidad generacional según el cual más personas se atreven a decir que se sienten identificadas con un tema así, sin importar el género”, explica a S Moda el violinista y músico profesional Necko Vidal. Guille Mostaza señala que la clave para que una canción una a generaciones radica en su capacidad para conectar con buena parte de la sociedad y que esta, a su vez, la haga suya. “Hay sentimientos que son atemporales y universales, y si una canción los sabe reflejar acompañado de la producción, interpretación y composición idóneas, es garantía de éxito. Creo que La gata bajo la lluvia salió en una época donde no todo era de consumo rápido, como ahora, y eso provocó que se escuchase durante más tiempo en los medios y calase más profundamente. Por otro lado está el nivel musical, compositivo y lírico, que están objetivamente en un lugar superior”, comenta el productor. “La narrativa en primera persona añade un toque de dramatismo, autenticidad y pasión que envuelve al oyente. Escuchar esta canción es como sumergirse en películas como Tal como éramos o Los puentes de Madison, donde las emociones fluyen y las lágrimas son inevitables”, dice por su parte Laura Estudillo, agente de prensa especializada en música. “Antes el desamor y ese sentimiento de rechazo se asociaban a una actitud más renegada, pero ahora hay empoderamiento en el dolor y en ser valiente para expresar sentimientos y para sentirse validado dentro de ellos”, añade Vidal, autor de The Eras Book. Un recorrido por la música de Taylor Swift’.

En tiempos en los que la venganza musical ha hecho que el loud breakup triunfe de la mano de intérpretes como Olivia Rodrigo (se habló de su álbum Sour como de “un disco de la venganza”) y la revenge queen, Shakira, siguiendo el devenir de pullas líricas del ayer como las de Carly Simon con You’re So Vain o You Oughta Know, de Alanis Morissette, parece que la paz ha llegado a los pentagramas al imponerse ahora las canciones que no pretenden vengarse de las exparejas, como demuestra Ariana Grande con su nuevo álbum, Eternal Sunshine. No es casualidad que sea en este marco en el que el tema de Dúrcal brille, pues en su lírica la venganza y el resentimiento no tienen cabida.

Rocio Durcal en su casa de Madrid en 1969.
Rocio Durcal en su casa de Madrid en 1969.Gianni Ferrari (Cover/Getty Images)

La BSO televisiva que no falla

Juan Sánchez, creador del proyecto artístico Orojondo, considera que la verdadera conexión de la canción con las nuevas generaciones la encontramos en el triunfo mediático, en la presencia de la cultura queer y en el empoderamiento femenino. “En España en concreto, esta canción se situaba más o menos sin pena ni gloria en el imaginario colectivo de mileniales y zetas, pero resurgió de manera inesperada tras ser el tema del lip sync de la final de la primera edición de Drag Race España”, asegura.

Comenta que la finalidad de la elección de hit por parte del programa fue establecer una conexión cultural con el público internacional hispanohablante, logrando que la conexión emocional estuviera asegurada entre buena parte del público extranjero. Para acercar también el tema a un público más heteronormativo, explica, llegó el revival de Steve Aoki con Ángela Aguilar. Una versión que se llama Invitame a un café que no ha convencido a la hija de Rocío Dúrcal, Shaila. “Hubiera quedado mejor si lo hubiera hecho yo, creo. Ahora voy a hablar con Guetta, a ver qué onda”, dijo a los reporteros entre risas. “Es bonito sin embargo seguir fomentando la creatividad y llegar al público joven, influenciándole. Es importante seguir contagiando con la música regional mexicana”, añadió.

De la mano de shows como Operación Triunfo y Dúos increíbles, el programa de TVE en el que Ana Belén y Agoney cantaron la canción, la televisión demuestra ser consciente de la fuerza de un tema que no sólo enamoró (y enamora) por su letra, sino especialmente, por cómo la interpretaba Rocío Dúrcal. “Ella hacía lo que le daba la gana. Su forma de cantar era ad libitum: la música se adaptaba a ella, y no al revés. Se encargaba de que su voz fuera la protagonista, y la música seguía a ese lamento. La clave para que la gente versione la canción con éxito está en que sea tan valiente como lo fue ella en su día y se atreva a plasmar su vulnerabilidad y dolor. Hay mucho purismo en la música, pero para mí, las versiones son una forma de traducir una canción poderosa a más idiomas para que así, más gente la pueda comprender. En géneros no hay nada escrito”, dice Necko Vidal.

“Rocío Dúrcal conquistó el corazón del público mexicano con un éxito arrollador, y este triunfo ha sido fundamental para que su canción insignia continúe siendo relevante a lo largo de los años. Este tema es venerado por la comunidad hispanohablante, generando numerosas versiones y siendo utilizado en telenovelas, lo que demuestra su arraigo cultural. Me intriga saber cuántas veces habrá resonado en karaokes alrededor del mundo. Además, es emocionante observar cómo una nueva generación está redescubriendo su encanto, influenciada por acontecimientos recientes como los que comentamos, así como gracias al precioso cover en clave postpunk de la banda mexicana Friolento”, asegura Estudillo, que cree que el motivo por el que el tema se ha convertido en un himno para los concursos de talento es que requiere una voz potente y una interpretación escénica convincente, dos cualidades altamente valoradas en este tipo de shows.

“Si Ana Mena, la nueva diva gay nacional, acaba de lanzar una versión del tema, habiendo podido elegir entre tantas otras canciones de tantas divas y folclóricas… ¿Será fruto de la casualidad? ¡No lo creo!”, dice para finalizar el creador de Orojondo.

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