Bella Freud: El gran poder del poder blando
Bella Freud es consciente de que en la suavidad y en los silencios es en donde se concentra un poder inesperado que la gente dura y expeditiva tiende a infravalorar.

Bella Freud comprende el poder de la moda como hilo narrativo de la historia, de la política y de la vida cotidiana. No en vano con diez años se miró al espejo y no se reconoció en la niña de blusa con cuellos redondos que el reflejo le devolvió. Bella Freud viste habitualmente con traje de chaqueta, utiliza corbatas y nunca luce muy maquillada ni peinada. Su aspecto, de estrella del rock sutil, no llama especialmente la atención y eso le ha permitido estar en todos los sitios que importan sin que muchos se den cuenta. Cuando en 2024 decidió invitar a sus ilustres amigos y conocidos a tumbarse en un sofá de su casa, a modo de diván, y grabar las conversaciones como si fuera la consulta de un psicólogo, no sabía que su proyecto acabaría convirtiéndose en un programa icónico dentro de la industria de la moda. Por allí han pasado personajes como Zadie Smith, David Cronenberg, Rosalía, Debbie Harry y Eric Cantona. Todos comienzan hablando de ropa, pero una cosa lleva a la otra y acaban hablando de todo lo demás. Por eso fue la elegida para entrevistar a Jonathan Anderson en el vídeo previo a su desfile en París que distribuyó la casa Dior para todo el que quisiera conectarse. Esto, que puede parecer algo muy nicho tiene más trascendencia que la mera anécdota. La firma Christian Dior, propiedad del grupo LVMH, mueve cerca de 9.000 millones de euros y tiene 47 millones de seguidores en Instagram. La exposición es brutal.
El título de su podcast, Fashion Neurosis, hace referencia a su bisabueo, Sigmund Freud, que construyó parte de su teoría del psicoanálisis alrededor de esas neurosis infantiles de las que probablemente ella misma t unas cuantas. En la tarde que pasaron en su casa de Londres la diseñadora contó a Raquel Peláez que de niña vivió unos meses en Marruecos con una familia que apenas conocía mientras su madre las abandonó a ella y a su hermana para recorrer mundo. También le habló de la relación con su padre, el pintor Lucien Freud, con quien estrechó lazos ya mayor y para el que posó siempre que se lo pidió.
Bella Freud es consciente de que en la suavidad y en los silencios es en donde se concentra un poder inesperado que la gente dura y expeditiva tiende a infravalorar. Es posible que su bisabuelo haya influido en el desarrollo del ser humano más que políticos de los que aún nos sabemos frases o que ciertos conflictos bélicos. Es posible que ningún mandatario haya logrado mantener sentada en la misma postura a la reina Isabel II por el tiempo que lo logró Lucien Freud. Durante 19 meses y en 76 sesiones, la monarca se sentó ante el minúsculo lienzo que el pintor escogió para retratarla y que mide 23.5 por 15.2 centímetros. Curioso como una obra tan pequeña generó tan enorme polémica en Reino Unido.
Leo en un periódico internacional que China comienza a ganar la guerra del soft power, el poder blando, ese que llega a través de la cultura y el entretenimiento. Su gran triunfo ha sido el Labubu, considerado un juguete estúpido por quienes aún creen que la geopolítica la determinan únicamente los políticos y la bolsa. Se equivocan. LVMH, el grupo propietario de Dior, factura 80.800 millones de euros vendiendo ropa; su presidente, Bernard Arnault, es uno de los hombres más ricos del mundo. Y Bella Freud, desde su diván, ha sabido colarse con suavidad en ese universo.
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