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Alba Galocha: “El de modelo es un trabajo que te acaba quemando porque es muy superficial y la gente a veces es déspota”

Modelo, actriz y también artista, Alba Galocha inaugura hoy en Bate Social Store la exposición ‘Estaba bien ahí, donde estaba, en mi cuerpo’, una muestra comisariada con Martín Mayorga, en la que, mediante piezas de porcelana, reflexiona sobre el papel del cuerpo en el bienestar mental

Alba Galocha
La artista Alba Galocha posa entre sus obras en el BSS BATE SOCIAL STORE en Madrid.Andrea Comas
Raquel Peláez

Con veinte años, Alba Galocha (Santiago de Compostela, 35 años) era una de las modelos más exitosas de España: “Empecé cuando aún estudiaba diseño de moda y al principio me parecía maravilloso, porque ganaba mucho dinero y podía ser independiente”. A los 23, sin embargo, se dio cuenta de que su vida no era exactamente lo que quería y empezó a ir a clases de cerámica en busca de una rutina. Allí encontró una vocación artística que la llevó a comprarse un horno cerámico del que, más de diez años después, salen las piezas que componen ‘Estaba bien ahí, donde estaba, en mi cuerpo’, una fascinante exposición comisariada por Martin Mayorga en la que reflexiona, mediante piezas delicadas y ligeras, sobre la identidad y el cuerpo. “Por ejemplo, la instalación de las telas es como un bosque. Es una representación simbólica de mis paseos por el monte, cuando voy a ver a mi abuela a Galicia, donde desaparezco, porque el cuerpo solo es importante cuando te sientes observada y lo que hay fuera genera juicio”.

Pregunta. Todas las modelos veteranas hablan de lo solas que se sintieron al ser modelos. Y ahora usted que es más joven, también. ¿Qué pasa ahí?

Respuesta. Que la mayor parte de las veces eras un maniquí literal. En la interpretación hay un trabajo artístico y creativo que necesita de una conversación, pero como modelo eres eso, literalmente un maniquí. Llegas a Ámsterdam, trabajas con cuatro fulanos que no conoces de nada, da gracias si hablan inglés o algún idioma que entiendas y te vas a tu casa por la noche. Es un trabajo que te acaba quemando porque es muy superficial y la gente a veces es déspota.

P. En los textos de esta exposición habla mucho de su máscara. ¿Se refiere a la que tenía que ponerse en este trabajo?

R. Sí, y también al hecho de que, claro, al ser tan joven la industria te pone donde quiere ella, Ahora veo clarísimo que nunca encajé en esa idea de lo que se supone que debía ser yo.

P. ¿Cuál era esa idea?

R. Pues una modelo que se maquilla y se pone tacones para ir a todas partes, educada, elegante y silenciosa. No tiene vida social, solo se cuida y come cacahuetes. En París sobre todo, a veces llegaba a las sesiones de fotos y a las francesas hablar de mí como si no estuviera delante.

P. ¿Qué fue lo más indignante que escuchó?

R. Quizá unas que se pusieron a decir que se notaba muchísimo que fumaba por la piel. Ahora lo pienso y me digo… ¡Cómo te va a notar con 22 años que fumas!

P. Ahí estaba la famosa objetificación.

R. Sí. Con los agentes era bestial. Me decían: a ver qué comiste hoy, yo creo que estás un poco hinchada, hay algo que a ti no te sienta bien… Y luego llamaban a mis agentes para decirles que dejara de salir de fiesta. Me negué. Por supuesto que aquella experiencia era única en la vida y no me iba a encerrar en casa.

DVD1255 (26/02/2025) La artista Alba Galocha posa entre sus obras en el BSS BATE SOCIAL STORE en Madrid. ANDREA COMAS
DVD1255 (26/02/2025) La artista Alba Galocha posa entre sus obras en el BSS BATE SOCIAL STORE en Madrid. ANDREA COMASAndrea Comas

P. Y qué es más duro, ¿París o Madrid?

R. París es muy individualista pero es que además la viví en un momento en el que estaba en búsqueda de una identidad. Ahora, con 35 años, soy una persona con la cabeza un poco amueblada, que se conoce y tiene claro lo que le viene bien y lo que no.

P. En los textos del catálogo menciona la amenaza de la continua distracción. ¿Se refiere a las redes?

R. Puede ser. Aunque en general la sociedad está distraída de lo realmente importante. Tanto las redes como el alcoho, por ejemplo, responden al afán de estar siempre fue de uno mismo y no estar plenamenrte atento a algo. Beber tiene que ver con eso: te pides dos vasos de vino nada más llegar a un evento para poder estar, soportarlo. Pero a la vez, el alcohol y las drogas te ponen en una situación de inestabilidad que no te permiten estar pendiente del otro, solo de lo que tú mismo dices. Yo llevo un año sin beber y ahora puedo mantener unas conversaciones mucho más interesantes.

P. Con su obra también habla de la relación con su cuerpo. ¿Qué tal es esa relación?

R. Siempre lo he utilizado como escudo, sin tener en cuenta lo que podía pasar por mi mente. Si había que cambiar, yo era la primera en desnudarme en medio de la calle, como si no fuese conmigo, pero muchas veces eso te deja una huella. En la anterior exposición ya exploraba la idea de que el cuerpo intuye cosas mucho antes que la cabeza y en esta confirmo que efectivamente el cuerpo es sabio y hay que confiar en sus avisos. También hablo sobre aceptar los cambios físicos. Mi cuerpo ha cambiado porque ahora llevo una vida mucho más parecida a la que querían mis agentes cuando tenía 20 años y sé que es lo que me sienta bien, porque estoy mucho más serena y segura de mi misma.

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Sobre la firma

Raquel Peláez
Licenciada en Periodismo por la USC y Master en marketing por el London College of Communication, está especializada en consumo y cultura de masas. Subdirectora de S Moda, fue redactora jefa de la web de Vanity Fair. Comenzó en Diario de León y en La Voz de Galicia. Autora de 'Quiero y no puedo. Una historia de los pijos de España' (Blackie Books).
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