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Uno de cada ocho hombres cree que podría ganar al tenis a Serena Williams

El resultado, que corresponde a una encuesta publicada en YouGov, es una prueba más de cómo el machismo y la desigualdad son tónicas arraigadas cuando hablamos de deporte femenino.

Serena Williams durante la final individual femenina de Wimbledon 2019. Londres, 13 de julio.
Serena Williams durante la final individual femenina de Wimbledon 2019. Londres, 13 de julio.Getty Images

Serena Williams, 23 títulos individuales de torneos Grand Slam (por encima del récord masculino, de 20, que ostenta Federer), cuatro oros olímpicos y primer puesto como mejor jugadora en el ranking WTA durante 300 semanas. Y, sin embargo, el 12% de los hombres de Gran Bretaña (frente al 3% de mujeres) cree que podría arrebatarle un punto en la pista. Así lo confirman los datos extraídos de una muestra representativa de 1.732 adultos británicos que han participado en una encuesta publicada por YouGov. El sondeo coincide con la participación de la estadounidense en Wimbledon, que se jugaba el trofeo en la final frente a la rumana Simona Halep, quien arrasó en la pista londinense con doble 6-2. Pero, ¿de verdad hay aficionados que creen que serían capaces de ganar a una deportista de élite mundial como Serena? La sola afirmación levantaría carcajadas si el motivo tras esta creencia no tuviera que ver con el estigma sexista y la desigualdad que soportan las deportistas.

Desacreditar el triunfo y la valía femenina en cuestión de deporte “es bastante habitual”, reconoce a S Moda Pilar Calvo, secretaria general de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP). Un ejemplo que, según explica Calvo, lo hizo evidente fue “cuando Federer ganó su 19º título Grand Slam individual y se le hicieron fiestas y homenajes, algo que no ocurre en el caso de Serena, que tiene 23 –más que ninguno de los deportistas masculinos o femeninos en activo–. El homenaje se le hizo a él como si fuera más relevante”.

No es la primera vez que Serena se enfrenta a comentarios que atacan su valía menospreciándola en comparación con la de tenistas hombres. En 2017, la estadounidense salía a defenderse airosa frente a John McEnroe cuando este, que entonces promocionaba sus memorias (But Seriously), buscaba la atención mediática con unas declaraciones en las que aseguraba que «si [Serena] jugara en el circuito de hombres sería como la 700 del mundo». La tenista recurrió con más clase a Twitter para contestarle: «Querido John, te aprecio y te respeto, pero por favor, déjame fuera de unas afirmaciones que no están respaldadas por hechos. Ni he jugado contra nadie con ese ránking ni tengo tiempo. Respétame a mí y mi privacidad mientras trato de tener un hijo». Se sumaba también a esta batalla de sexos no solicitada Dmitry Tursunov, que entonces ocupaba la posición 701 del ranking masculino, para añadir más leña contra Serena con un comentario machista: «Nunca he oído a McEnroe decir ninguna estupidez. El tenis es muy físico, por lo que sería difícil para una mujer jugar contra hombres. Creo que la ganaría”.

Los hechos coincidían además con el estreno de la película La batalla de los sexos, que narra la historia de mismo corte que, en 1973, padeció (y ganó) la tenista Billie Jean King, cuando otra vieja gloria del tenis masculino, Bobby Riggs, la retaba con un duelo sobre la pista en el que ella vencía (6-4, 6-3, 6-3). Una fórmula que, según McEnroe, Donald Trump habría querido repetir pero para la que no habría ofrecido la cantidad suficiente.

No hay más que recurrir a otros datos para entender cómo el talento femenino en el deporte se valora, de manera literal, en menor medida: de entre los 100 deportistas mejor pagados del año que recopilaba Forbes en su lista anual el pasado junio, es precisamente el de Serena el único nombre femenino presente. Williams, que ahora mismo es la número 11 del tenis femenino en la WTA, sigue manteniendo su estatus de superestrella en cuestión de ingresos. En el listado de Forbes, la estadounidense ocupa el puesto 63 con unas ganancias anuales de 29,2 millones de dólares, de los cuales 4,2 se corresponden a su salario –Rafa Nadal, por ejemplo, los dobla con 8 millones–. Por publicidad obtiene 25, marcando precedente y excepción en un gremio en el que solo el 0,4% del dinero destinado a patrocinios es para las mujeres deportistas. 

En palabras de Pilar Calvó, de AMDP, incluso el término brecha salarial resulta insuficiente cuando se habla de lo que gana el grueso las mujeres deportistas profesionales. “Esta no existe porque no hay salarios para la mayoría de ellas. Se tacha al deporte femenino de tener menos mérito, de ser menos espectacular. Pero este tiene el mismo valor, o incluso más, porque para los hombres es más fácil dedicarse a eso exclusivamente y las mujeres tienen que compaginarlo simultáneamente con otros trabajos para competir en la mayoría de las ocasiones. Nadal dijo que tiene que ganar más quien más expectación genera, yo estoy de acuerdo en eso, pero para eso es necesario que las mujeres compitan en condiciones igualitarias en el deporte. Por ejemplo, en Baloncesto el aro está colocado en las canchas según la medida de los hombres, que lo pongan igual. No se puede poner al mismo nivel cosas que no lo están”.

Después de jugar en Wimbledon, quedándose a las puertas por tercera vez de batir el récord histórico de 24 títulos Grand Slam individuales que ostenta Margaret Court, Serena ha recordado por enésima vez por qué la reivindicación de la igualdad en el deporte sigue (y seguirá) siendo necesaria. En plena rueda de prensa, una periodista banalizaba esta lucha reduciéndola a una distracción que merma su carrera. ¿Su respuesta? “El día que deje de luchar por la igualdad y por las personas que se parecen a ti y a mi será el día que esté en la tumba”.

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